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Año 6 No 2
Junio 2011
ISSN: 2216-005

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Altos de Cazucá, refugio de victimas
“En boca cerrada no entran moscas"
Por:  María Fernanda Malaver Castaño
Comunicación sSocial y Periodismo
Universidad Sergio Arboleda
 

Gina Escheback vive en carne propia lo que significa escoger entre la verdad o la vida, es periodista y conoce el valor del silencio en una comuna sin orden social

En el municipio “Barón del sol” o Soacha, como la conocemos todos en Bogotá, el derecho a la información es una utopía más. El silencio es el símbolo de vida de cada habitante en esta comunidad. La corporación Anne Frank es una de las tantas entidades dedicadas a la defensa de los derechos humanos que, debido a la violencia, se vio obligada a cerrar sus puertas.

“En mi caso mi labor quedó a medias. Como siempre la violencia mutila”, afirma  Gina Escheback, como se hace llamar por seguridad la presidenta de la corporación Anne Frank. Lo asegura vía internet, desde un lugar desconocido. Ella había llegado a Bogotá en el 2007 con la firme intención de aportar su granito de arena a esta sociedad que tanto lo necesita. Años atrás ya había sido desplazada y, tal vez, esta condición la lleva a sentirse identificada con las personas que ayuda. Vivía en La Gabarra, Norte de Santander, de donde fue expulsada por grupos paramilitares, arrebatándosele sus derechos humanos esenciales (derecho a la vida, derecho a vivir dentro o fuera del lugar de origen). “Desde ese momento tomé la decisión de ayudar a todo aquel a quien se le vulneraran sus derechos fundamentales, y así lo sigo haciendo”, agrega con una firme convicción y fortaleza.

Después de su primer desalojo forzoso pasó una larga temporada en Venezuela, pero decidió volver a Colombia y dar inicio a su labor, donde nuevamente se encontró frente a frente con la intimidación que utilizan como herramienta los actores armados en contra de la población civil.

Su corporación se dedica a defender los derechos humanos de personas vulnerables, especialmente desplazadas y víctimas de la violencia en Colombia. Altos de Cazucá era epicentro de su actividad. Allí con un equipo periodístico y otro de talleristas y capacitadores ayudaban a esta comunidad. Durante cuatro años Gina y su grupo fueron el soporte para las personas que hacían parte del proyecto. Para enero de 2011 paradójicamente la violencia tocó a la puerta de Anne Frank: una serie de panfletos que amenazaban la vida de sus líderes terminó definitivamente con la labor que venían desarrollando.

No es fácil percibir los límites entre el área urbana de Bogotá y Altos de Cazucá, a lo que se conoce como proceso de conurbación. Ciudadela Sucre unida a Altos de Cazucá integran la comuna 4 del municipio de Soacha. “La Loma”, como también le dicen sus habitantes, está constituida por asentamientos sin titulación de tierras. Según algunos líderes comunitarios del sector existen entre 40 a 44 barrios no legalizados y el nivel de marginación es máximo.
Según el último censo realizado por el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), Soacha tiene 397.489 habitantes, de los cuales el 4.9%, es decir 19.477, son desplazados. Altos de Cazucá tiene 69.325 habitantes, lo que corresponde al 17.44% del total de la población del municipio; además, el último anuario realizado por la Gobernación de Cundinamarca registró que al departamento llegaron 5.426 personas desplazadas, de las cuales el 51% se asentaron en Soacha.

Estos datos nos llevan a analizar que, para personas que cuentan con unas condiciones sociales y económicas de extrema vulnerabilidad, demostrada por los bajos indicadores sobre seguridad alimentaria, educación, salud, vivienda y recreación, labores sociales como la de Gina Escheback y su corporación son importantes y significan un gran aporte en el desarrollo de los sectores como “La Loma”.

“No puedo salir de mi casa y ni pensar en arrimarme por Cazucá, soy consciente de que mi vida corre peligro, pero me duele que nuestra labor se vio truncada por personas sin escrúpulos”. Son las palabras que acompañan a Sergio Cabezas, defensor de derechos humanos de la corporación, quien manifiesta la preocupación que lo agobia al pensar en que todo el proceso que ya habían logrado en esta comunidad se fue al piso por la violencia que ataca diariamente a este país.

“El 13 de enero de 2011 recibimos el primer panfleto: elijan vida o muerte por su voluntad, nos decían, y aun así decidimos continuar nuestra labor. Sin embargo, para el mismo mes llegaron las siguientes dos amenazas en las que quedó claro que no eran un juego. Con groserías, que hasta yo desconocía, y mala ortografía, las amenazas fueron directas. En ese momento tuvimos que abandonar Cazucá y por ende a su comunidad, nuestra familia”. Afirmó Cabezas.

El periodismo en Colombia es una profesión de riesgo. Según la Fundación para la Libertad de Prensa (FLIP) para el año 2010 se contabilizó un total de 125 ataques a comunicadores sociales, entre los cuales existen 2 homicidios, 49 amenazas y 35 actos que corresponden al patrón de tratos crueles, inhumanos o degradantes.

En cierta forma las amenazas y asesinatos de periodistas en el país se han reducido en los últimos años. Empero, el cubrimiento de estos casos, aun vigentes en muchos sectores del país, también ha menguado bruscamente. Un claro ejemplo de esto es Gina Escheback y los integrantes de su corporación, quienes se sienten excluidos por parte de los medios de comunicación debido a que su historia no fue dada a conocer a la sociedad. La única intervención periodística que obtuvieron fue un artículo presentado por El Espectador, y otro publicado en el portal soyperiosdita.com, donde casualmente Gina es colaboradora.

Aun así, el caso de la corporación Anne Frank no es el único registrado en lo que va corrido del año 2011. El 17 de febrero, a través del portal reportero sin fronteras se anunció que cinco periodistas y miembros de varias ONG, entre ellas la Federación Colombiana de Periodistas (Fecolper), han sido objetivo de intimidaciones a través de un mensaje que circula por correo electrónico. El origen del panfleto es la cuenta de gmail “Águilas Fénix” y está firmado por la “División Central de las Águilas Negras" (Eagles Negro), un temible grupo de paramilitares responsable de campañas de terror contra los medios de comunicación en el pasado. Es el mismo grupo que junto con la organización paramilitar Los Rastrojos firma las amenazas en contra de Anne Frank.

¿Por qué amenazar a un grupo de periodistas que ayudan a la comunidad?

Las continuas publicaciones que realiza Gina Escheback en el portal Soyperiodista.com, donde denuncia una y otra vez a los autores del desplazamiento en Colombia, podrían ser una de las principales piezas que unen este rompecabezas. Sin embargo, el portal continúa activo y la amenaza fue directa en contra de la corporación Anne Frank. Entonces ¿cuál podría ser el motivo para amenazar a personas que dedican su tiempo y conocimiento a una comunidad de desplazados?

Existen muchas explicaciones que rondan en la cabeza de Gina y sus compañeros: “Ayudar a desplazados siempre es una labor complicada, entre estas personas hay de todo, y sobre todo en Cazucá, desmovilizados y ex integrantes de bandas criminales, desplazados, mujeres cabeza de hogar, sin ningún apoyo, y muchas personas a las cuales nosotros nunca les preguntamos ni juzgamos sus condiciones. Simplemente Anne Frank abre sus puertas a todo aquel que lo necesite, sin distinciones raciales o ideológicas”, cuenta Cabezas al responder la pregunta sobre si tenía alguna pista sobre el motivo de estas amenazas.

Entonces está claro que en Colombia defender los derechos humanos significa un amenaza para los intereses de quienes se dedican a propagar sus ideales por la fuerza, y la violencia termina siempre por ser su método de acción.

“Embarrada lo que les hicieron a Gina y su entidad, ellos de verdad nos estaban ayudando, al menos mi mamá era una de esas mujeres que se estaba beneficiando con esa micro empresa que estaban formando”. Comentó tímido y preocupado por su seguridad un joven integrante de la comuna, quien se negó a revelar su identidad. ¿Casualidad o un ejemplo más de que el silencio es símbolo de vida en este sector de la ciudad?

Entre las múltiples labores de apoyo que realizaba la corporación había un proyecto textil, donde se les dictaban cursos de costura y artesanía a las mujeres cabeza de hogar. Dentro del proyecto había aproximadamente 120 mujeres participando, las cuales se dividían por grupos, según sus habilidades, para llevar a cabo la micro empresa: Unas se capacitaban en mano de obra, otras en la parte administrativa, otras en la distribución, y las demás en ventas. De esta forma, cada una de estas mujeres, víctimas de la violencia y con niveles extremos de baja autoestima, se sentían parte de un grupo útil para la sociedad y así mejoraban sus condiciones de vida, tanto económicas como psicológicas.

La corporación, además de apoyar con este proyecto a las madres cabeza de familia, realizaba actividades con los niños y jóvenes, poblaciones mas vulnerada del sector, y con esto buscaba un cambio en la mentalidad y en la forma como ellos perciben la vida, para así proyectar un futuro mejor.

Gina Escheback, Sergio Cabezas, Alberto Gutiérrez, Gloria Jiménez, Fernando Amaya, Ximena Angulo y demás representantes y colaboradores de Anne Frank, llegaron a Cazucá por simple coincidencia. Su corporación busca ayudar a víctimas del conflicto. Cuando quisieron darle inicio a su labor, “La Loma” figuraba como el sector de Bogotá con los índices mas altos de desplazados y violencia.

Altos de Cazucá, al igual que muchas comunidades que pertenecen a la periferia en el sur de Bogotá, aun continúan conviviendo con esta realidad. A pesar de que una gran cantidad de corporaciones y ONG`s tienen la intención de colaborar, su presencia actual en estos sectores es mínima, y no por voluntad sino porque existen otros tantos a quienes por intereses individuales no les conviene generar un cambio en la mentalidad de quienes allí habitan. Se puede decir que la ley del más fuerte aquí ataca, poniendo “al más fuerte” en términos del más armado, y no precisamente de ideales.

 


 

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 El periodismo en Colombia es una profesión de riesgo. Según la Fundación para la Libertad de Prensa (FLIP) para el año 2010 se contabilizó un total de 125 ataques a comunicadores sociales, entre los cuales existen 2 homicidios, 49 amenazas y 35 actos que corresponden al patrón de tratos crueles, inhumanos o degradantes.

 


 

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