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Altos de Cazucá, refugio de victimas
“En boca cerrada no
entran moscas"
Por: María Fernanda Malaver
Castaño
Comunicación sSocial y Periodismo
Universidad Sergio Arboleda
Gina Escheback vive en carne propia lo que significa
escoger entre la verdad o la vida, es periodista y conoce el
valor del silencio en una comuna sin orden social
En
el municipio “Barón del sol” o Soacha, como la conocemos todos
en Bogotá, el derecho a la información es una utopía más. El
silencio es el símbolo de vida de cada habitante en esta
comunidad. La corporación Anne Frank es una de las tantas
entidades dedicadas a la defensa de los derechos humanos que,
debido a la violencia, se vio obligada a cerrar sus puertas.
“En mi caso mi labor quedó a medias. Como siempre la violencia
mutila”, afirma Gina Escheback, como se hace
llamar por seguridad la presidenta de la corporación Anne Frank.
Lo asegura vía internet, desde un lugar desconocido. Ella había
llegado a Bogotá en el 2007 con la firme intención de aportar su
granito de arena a esta sociedad que tanto lo necesita. Años
atrás ya había sido desplazada y, tal vez, esta condición la
lleva a sentirse identificada con las personas que ayuda. Vivía
en La Gabarra, Norte de Santander, de donde fue expulsada por
grupos paramilitares, arrebatándosele sus derechos humanos
esenciales (derecho a la vida, derecho a vivir dentro o fuera
del lugar de origen). “Desde ese momento tomé la decisión de
ayudar a todo aquel a quien se le vulneraran sus derechos
fundamentales, y así lo sigo haciendo”, agrega con una firme
convicción y fortaleza.
Después de su primer desalojo forzoso pasó una larga temporada
en Venezuela, pero decidió volver a Colombia y dar inicio a su
labor, donde nuevamente se encontró frente a frente con la
intimidación que utilizan como herramienta los actores armados
en contra de la población civil.
Su
corporación se dedica a defender los derechos humanos de
personas vulnerables, especialmente desplazadas y víctimas de la
violencia en Colombia. Altos de Cazucá era epicentro de su
actividad. Allí con un equipo periodístico y otro de talleristas
y capacitadores ayudaban a esta comunidad. Durante cuatro años
Gina y su grupo fueron el soporte para las personas que hacían
parte del proyecto. Para enero de 2011 paradójicamente la
violencia tocó a la puerta de Anne Frank: una serie de panfletos
que amenazaban la vida de sus líderes terminó definitivamente
con la labor que venían desarrollando.
No es fácil percibir los límites entre el área urbana de Bogotá
y Altos de Cazucá, a lo que se conoce como proceso de
conurbación. Ciudadela Sucre unida a Altos de Cazucá integran la
comuna 4 del municipio de Soacha. “La Loma”, como también le
dicen sus habitantes, está constituida por asentamientos sin
titulación de tierras. Según algunos líderes comunitarios del
sector existen entre 40 a 44 barrios no legalizados y el nivel
de marginación es máximo.
Según el último censo realizado por el Departamento
Administrativo Nacional de Estadística (DANE), Soacha tiene
397.489 habitantes, de los cuales el 4.9%, es decir 19.477, son
desplazados. Altos de Cazucá tiene 69.325 habitantes, lo que
corresponde al 17.44% del total de la población del municipio;
además, el último anuario realizado por la Gobernación de
Cundinamarca registró que al departamento llegaron 5.426
personas desplazadas, de las cuales el 51% se asentaron en
Soacha.
Estos datos nos llevan a analizar que, para personas que cuentan
con unas condiciones sociales y económicas de extrema
vulnerabilidad, demostrada por los bajos indicadores sobre
seguridad alimentaria, educación, salud, vivienda y recreación,
labores sociales como la de Gina Escheback y su corporación son
importantes y significan un gran aporte en el desarrollo de los
sectores como “La Loma”.
“No puedo salir de mi casa y ni pensar en arrimarme por Cazucá,
soy consciente de que mi vida corre peligro, pero me duele que
nuestra labor se vio truncada por personas sin escrúpulos”. Son
las palabras que acompañan a Sergio Cabezas, defensor de
derechos humanos de la corporación, quien manifiesta la
preocupación que lo agobia al pensar en que todo el proceso que
ya habían logrado en esta comunidad se fue al piso por la
violencia que ataca diariamente a este país.
“El 13 de enero de 2011 recibimos el primer panfleto: elijan
vida o muerte por su voluntad, nos decían, y aun así decidimos
continuar nuestra labor. Sin embargo, para el mismo mes llegaron
las siguientes dos amenazas en las que quedó claro que no eran
un juego. Con groserías, que hasta yo desconocía, y mala
ortografía, las amenazas fueron directas. En ese momento tuvimos
que abandonar Cazucá y por ende a su comunidad, nuestra
familia”. Afirmó Cabezas.
El periodismo en Colombia es una profesión de riesgo. Según la
Fundación para la Libertad de Prensa (FLIP) para el año 2010 se
contabilizó un total de 125 ataques a comunicadores sociales,
entre los cuales existen 2 homicidios, 49 amenazas y 35 actos
que corresponden al patrón de tratos crueles, inhumanos o
degradantes.
En
cierta forma las amenazas y asesinatos de periodistas en el país
se han reducido en los últimos años. Empero, el cubrimiento de
estos casos, aun vigentes en muchos sectores del país, también
ha menguado bruscamente. Un claro ejemplo de esto es Gina
Escheback y los integrantes de su corporación, quienes se
sienten excluidos por parte de los medios de comunicación debido
a que su historia no fue dada a conocer a la sociedad. La única
intervención periodística que obtuvieron fue un artículo
presentado por El Espectador, y otro publicado en el portal
soyperiosdita.com, donde casualmente Gina es colaboradora.
Aun así, el caso de la corporación Anne Frank no es el único
registrado en lo que va corrido del año 2011. El 17 de febrero,
a través del portal reportero sin fronteras se anunció que cinco
periodistas y miembros de varias ONG, entre ellas la Federación
Colombiana de Periodistas (Fecolper), han sido objetivo de
intimidaciones a través de un mensaje que circula por correo
electrónico. El origen del panfleto es la cuenta de gmail
“Águilas Fénix” y está firmado por la “División Central de las
Águilas Negras" (Eagles Negro), un temible grupo de
paramilitares responsable de campañas de terror contra los
medios de comunicación en el pasado. Es el mismo grupo que junto
con la organización paramilitar Los Rastrojos firma las amenazas
en contra de Anne Frank.
¿Por qué amenazar a un grupo de periodistas que ayudan a la
comunidad?
Las continuas publicaciones que realiza Gina Escheback en el
portal Soyperiodista.com, donde denuncia una y otra vez a los
autores del desplazamiento en Colombia, podrían ser una de las
principales piezas que unen este rompecabezas. Sin embargo, el
portal continúa activo y la amenaza fue directa en contra de la
corporación Anne Frank. Entonces ¿cuál podría ser el motivo para
amenazar a personas que dedican su tiempo y conocimiento a una
comunidad de desplazados?
Existen muchas explicaciones que rondan en la cabeza de Gina y
sus compañeros: “Ayudar a desplazados siempre es una labor
complicada, entre estas personas hay de todo, y sobre todo en
Cazucá, desmovilizados y ex integrantes de bandas criminales,
desplazados, mujeres cabeza de hogar, sin ningún apoyo, y muchas
personas a las cuales nosotros nunca les preguntamos ni juzgamos
sus condiciones. Simplemente Anne Frank abre sus puertas a todo
aquel que lo necesite, sin distinciones raciales o ideológicas”,
cuenta Cabezas al responder la pregunta sobre si tenía alguna
pista sobre el motivo de estas amenazas.
Entonces
está claro que en Colombia defender los derechos humanos
significa un amenaza para los intereses de quienes se dedican a
propagar sus ideales por la fuerza, y la violencia termina
siempre por ser su método de acción.
“Embarrada lo que les hicieron a Gina y su entidad, ellos de
verdad nos estaban ayudando, al menos mi mamá era una de esas
mujeres que se estaba beneficiando con esa micro empresa que
estaban formando”. Comentó tímido y preocupado por su seguridad
un joven integrante de la comuna, quien se negó a revelar su
identidad. ¿Casualidad o un ejemplo más de que el silencio es
símbolo de vida en este sector de la ciudad?
Entre las múltiples labores de apoyo que realizaba la
corporación había un proyecto textil, donde se les dictaban
cursos de costura y artesanía a las mujeres cabeza de hogar.
Dentro del proyecto había aproximadamente 120 mujeres
participando, las cuales se dividían por grupos, según sus
habilidades, para llevar a cabo la micro empresa: Unas se
capacitaban en mano de obra, otras en la parte administrativa,
otras en la distribución, y las demás en ventas. De esta forma,
cada una de estas mujeres, víctimas de la violencia y con
niveles extremos de baja autoestima, se sentían parte de un
grupo útil para la sociedad y así mejoraban sus condiciones de
vida, tanto económicas como psicológicas.
La corporación, además de apoyar con este proyecto a las madres
cabeza de familia, realizaba actividades con los niños y
jóvenes, poblaciones mas vulnerada del sector, y con esto
buscaba un cambio en la mentalidad y en la forma como ellos
perciben la vida, para así proyectar un futuro mejor.
Gina Escheback,
Sergio Cabezas, Alberto Gutiérrez, Gloria Jiménez, Fernando
Amaya, Ximena Angulo y demás representantes y colaboradores de
Anne Frank, llegaron a Cazucá por simple coincidencia. Su
corporación busca ayudar a víctimas del conflicto. Cuando
quisieron darle inicio a su labor, “La Loma” figuraba como el
sector de Bogotá con los índices mas altos de desplazados y
violencia.
Altos de Cazucá, al igual que muchas comunidades que pertenecen
a la periferia en el sur de Bogotá, aun continúan conviviendo
con esta realidad. A pesar de que una gran cantidad de
corporaciones y ONG`s tienen la intención de colaborar, su
presencia actual en estos sectores es mínima, y no por voluntad
sino porque existen otros tantos a quienes por intereses
individuales no les conviene generar un cambio en la mentalidad
de quienes allí habitan. Se puede decir que la ley del más
fuerte aquí ataca, poniendo “al más fuerte” en términos del más
armado, y no precisamente de ideales.
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Colombia es una profesión de riesgo. Según la Fundación
para la Libertad de Prensa (FLIP) para el año 2010 se
contabilizó un total de 125 ataques a comunicadores
sociales, entre los cuales existen 2 homicidios, 49
amenazas y 35 actos que corresponden al patrón de tratos
crueles, inhumanos o degradantes.
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