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Los amores imposibles
Por: Doria Constanza
Lizcano
Departamento de Gramática

Foto: Juliette Lewis (May) in Fool For Love at the
Apollo Theatre, London
Photo: Tristram Kenton Cortesía:
http://www.thestage.co.uk/
¿Por qué nos enamoramos de una persona cuando sabemos
que nunca podremos alcanzar su amor? Los expertos analizan
esta problemática de los jóvenes de hoy.
La historia que escribiera el poeta alemán Goethe sobre el
amor infeliz de Werther por la bella Charlotte, provocó en
el mundo una verdadera ola trágica de suicidios entre los
jóvenes enamorados y excesivamente impresionables de su
época.
Más afortunado fue Jorge VIII, quien renunció al trono de
Inglaterra en 1936 para casarse con la divorciada señora
Simpson. Su amor resistió el embate de las presiones; sin
embargo, generalmente, los “amores imposibles” no son tan
duraderos ni tienen final de telenovela rosa.
A muchos les ha ocurrido en diferentes momentos de su vida:
enamorarse de una persona con la que, por ciertas
circunstancias, no se puede concretar el amor. Un
ejemplo clásico es el de la alumna que se enamora
perdidamente de su profesor. Otras veces, el amor imposible
no se presenta de una manera tan patente, sino que surge
cuando un joven siempre se enamora de mujeres que están
comprometidas, o cuando una mujer tiene una aventura con un
hombre con el que sabe que nunca va a llegar a nada.
Según la opinión de Iris Pugliese, psicóloga y co-directora
del Centro Psicoanalítico Argentino, los amores imposibles
remiten al complejo de Edipo: “cada chico se enamora del
progenitor del sexo opuesto en un amor imposible. Todos los
amores imposibles remiten a esa vieja situación edípica
donde el chico sabe que no va a concretar nada; no obstante,
no lo puede evitar”.
En tal sentido, los expertos han identificado cuatro tipos
de amores imposibles. El primero se resume con una frase
célebre de Sigmund Freud: “uno siempre se enamora de un
fantasma”. Consiste en idealizar el ser amado,
adjudicándole rasgos, características o valores similares a
los que uno siempre ha soñado. Se le conoce como amor
anaclítico, porque el individuo escoge un compañero con las
mismas características de las personas que satisfacían sus
necesidades de cuando era niño.
“En estos casos, dice el psicólogo Ricardo Burgos, de la
universidad Nacional de Colombia, sólo identificamos lo
virtuoso de ese ser humano y desechamos sus defectos. Cuando
por alguna circunstancia nos damos cuenta de que nuestro
amado también es mortal, viene el desencanto y la
desilusión. Desde esta visión psicoanalítica, todos los
amores son imposibles, pues nunca se logran consumar como
tal, porque siempre serán amores insatisfechos, que nunca se
llenan”.
Otro tipo de amor imposible es el llamado amor
narcisístico, cuando la persona busca a alguien que sea
igual a ella, o a la imagen de la persona que le gustaría
ser. “Es un amor basado en el egocentrismo llevado al
extremo, agrega Burgos, porque las personas se enamoran
tanto de sí mismas que nunca llegan a enamorarse de otra;
son personas insatisfechas amorosamente, porque jamás
encuentran a alguien como ellos mismos. Siempre están en una
búsqueda del ser amado ideal”.
También existe el caso de los “amores delirantes”,
que tienen un componente psicopatológico profundo. En esta
categoría caben los amores platónicos, en los que personas
comunes y corrientes establecen fantasías con personajes del
cine, con figuras de la historia o con personajes públicos.
“Si la persona no establece desde un principio que su amor
es imaginario e imposible puede llegar a perder el sentido
de las proporciones y de la realidad: puede pensar, en medio
de su obsesión y delirio, que las letras de la canciones del
cantante y que su ropa o sus declaraciones a la prensa están
dedicadas a él. Es el caso de las personas que han acosado a
artistas tales como Jodie Foster o Michael Jackson. Cuando
se llega a este extremo, la persona necesita tratamiento
profesional”, acota Burgos.
Por último, están los llamados simplemente “amores
difíciles”. Casos como el de un estudiante que se
enamora de un profesor, un feligrés de un sacerdote, un
hombre de una mujer casada o de alguien con una diferencia
de edad abultada, de otra religión, raza, etc. “Estos amores
son fugaces”, “Son amores, de alguna manera, transitorios, productos de
un situación coyuntural o de una atracción física o sexual
momentánea”.
Sin embargo, a pesar de los dificultades emocionales que
conlleva el obsesionarse con un amor imposible”, esta
situación puede revertirse o superarse. “Hay que hacer un
duelo, como si fuera la pérdida de un trabajo o el
fallecimiento de un ser cercano”, “ En este
proceso, generalmente, hay primero un sentimiento de
negación, luego uno de aceptación paulatina y, finalmente,
la integración propiamente del duelo, es decir, ya se acepta
de hecho la ruptura o la imposibilidad de consumar ese
amor”.
Aunque expertos como Burgos aseguran que no hay fórmulas
para contrarrestar las secuelas emocionales de un amor
imposible, sí hay algunas tácticas o alternativas que
funcionan en ciertos casos. “Hay personas que borran todos
los recuerdos de esa relación, como romper fotos, cartas o
regalos. También hay quienes escriben un diario, porque
escribir sobre la propia desgracia tiene un efecto
terapéutico y marca una distancia con los hechos. Otros
creen que rezando o buscando una experiencia religiosa
pueden superar el trauma. Unos más se vuelven adictos al
trabajo y al estudio y otro tanto se aboca a poner en
práctica el dicho popular de que ‘un clavo saca otro clavo’.
“hay que dejar decantar los hechos,
para poder analizarlos mejor. Porque el tiempo cura más que
los psicólogos. Pero en cualquier caso siempre hay que
recordar que el fin de una relación no es el fin del mundo.
No hay que encerrarse ni aislarse de los demás, es un
error. Y cuando no se es capaz de encontrar una solución al
conflicto lo mejor es acudir a un especialista que, de
seguro, puede poner en práctica terapias para subir la
autoestima, para identificar las cualidades propias y no
dejarse llevar por el derrotismo”.
Sea como fuere, quizás lo mejor sea preguntarnos por qué
nos sentimos atraídos por personas inalcanzables, o con
quienes sabemos que no nos interesa llegar a nada serio, y
tratar de buscar el amor donde sabemos que podemos encontrar
algo real: un compañero o una compañera con quien podremos
compartir los momentos de nuestra vida.
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Los expertos han identificado cuatro tipos de amores imposibles. El
primero se resume con una frase célebre de Sigmund Freud: “uno siempre
se enamora de un fantasma”. Consiste en idealizar el ser amado,
adjudicándole rasgos, características o valores similares a los que uno
siempre ha soñado. Se le conoce como amor anaclítico, porque el
individuo escoge un compañero con las mismas características de las
personas que satisfacían sus necesidades de cuando era niño.
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