
“La discapacidad está en el cuerpo, no en la mente”
Por: Ana María Cuartas
Peña.
Escuela de Comunicación Social y Periodismo

Una hazaña planeada
con un año de anterioridad, 12 horas de intenso recorrido
bajo temperaturas de menos tres grados centígrados,
patrocinio de la empresa privada por más de 50 millones de
pesos, despliegue de montañistas, médicos, psicólogos,
fisioterapeutas y guías. El 28 de diciembre de 2006, sería la
primera vez, en la que un grupo de amputados del
Ejército Nacional de Colombia conformado por el coronel
Cardona, el cabo Loaiza, el soldado Cardona y el teniente Mora,
alcanzara los 5.380 metros del Ritacuba Blanco, el pico
más alto del Parque Nacional El Cocuy, ubicado en la Cordillera
Oriental colombiana.
Para el coronel Gabriel Cardona Galvis, la subida al Nevado del
Cocuy fue un logro grandísimo, él al igual que los otros tres
deportistas es amputado. Jamás había visto la nieve en su vida y
no había hecho montañismo antes de sufrir el accidente que lo
dejaría discapacitado. Se siente muy orgulloso, pues recuerda
que durante los entrenamientos previos cuando subían
semanalmente a Monserrate, alguien le dijo “Usted que va a
poder, desista de esa idea loca”. “La travesía duró poco, las
condiciones climáticas no se prestaron para quedarnos allá por
mucho tiempo, hacía sol y la nieve se derretía”, admite. Así que
sólo se abrazó con sus deportistas, se tomó algunas fotografías
y le gritó a ese alguien que alguna vez le dijo que no podría
alcanzar su sueño. “míreme aquí estoy”. Esta aventura tuvo el
patrocinio del programa “El mundo según Pirry”, Merrell,
Montaña, Capillas de la Fe y el Ejército Nacional.
Gabriel Cardona perdió su pierna izquierda en el año 2000,
cuando un grupo de subversivos lanzaron seis cilindros bomba en
la Brigada 18; una base militar araucana, donde estaba
festejando con las familias de los oficiales la navidad. En la
época más dura contra el narcoterrorismo de Pablo Escobar,
Cardona fue uno de los creadores del grupo Marte, para evitar
que esa clase de artefactos le hicieran daño a la población
civil. “Pensé, éstas son las ironías de la vida, perder miembro
es como perder un hijo, yo no quería levantar la cabeza porque
asumía que ya todo estaba acabado”, reconoce.
Fue entonces cuando su matrimonio de más de 14 años se derrumbó,
perdió su trabajo, se sumió en el alcoholismo, “toqué fondo”,
admite melancólico. Pero una nueva luz iluminó su vida. Poco a
poco se fue recuperando gracias a asistencia de los médicos del
Hospital Militar y la rehabilitación que la fisioterapeuta Laura
Rodríguez, su actual esposa, hizo en torno al deporte. Ella le
demostró que el mundo no se había acabado, le enseñó a caminar
de nuevo, a ver la vida con otros ojos. Dos años después del
incidente en Arauca se dio a la tarea de fundar la Liga
Deportiva Militar de Discapacitados, el primero de octubre de
2002, bajo el reconocimiento deportivo otorgado por la
Federación Colombiana Deportiva Militar.
Tras varios meses de arduo trabajo y dedicación se organizó el
grupo que asistiría a la primera competencia internacional.
Cuatro soldados, un teniente y el coronel Cardona, viajaron a
Estados Unidos para correr la Maratón de Nueva York 2003, en las
categorías de silla de ruedas convencional y atlética, caminante
con prótesis y handcycle (bicicleta con pedales manuales). El
Coronel fue el primer colombiano amputado en correr con
prótesis, la suya vale más de 100 millones de pesos y es
patrocinada por Otto Bock, una compañía alemana que le vende al
Ejército Nacional de Colombia. “Son las mejores piernas del
mundo, su tecnología es muy buena, son eternas y se asemejan en
un 80% el pie de un humano”, comenta.
Después vinieron más propuestas, Bogotá con la Media Maratón,
así mismo Medellín, Cali y Villavicencio. Además del atletismo
ha hecho parapente, paracaídas, natación, buceo en Santa Marta,
ciclismo y montañismo entre otras disciplinas deportivas.
Actualmente Cardona, encabeza y promueve todas las misiones de
la Liga. Ésta inició con cuatro soldados y ya el número
sobrepasa los 50 deportistas. “No todo es color de rosa, pues a
veces amanecen con él ánimo abajo, deprimidos porque no tienen
manos o porque no tienen piernas. Es difícil manejar una persona
con discapacidad por todos sus bajones”, afirma. Sin embargo, en
este momento el número de deportistas oscila entre 60 y 70
hombres.
Según María del Pilar Murcia, fisioterapeuta de la Liga, la
labor realizada es conjunta con los médicos, fisioterapeutas y
psicólogos para logar la recuperación física y psicológica de
los militares que caen en discapacidad. “Primero se realiza una
rehabilitación médica, después en el Batallón se le da al
discapacitado la opción de recuperarse a través del deporte, se
hace la terapia acompañada de los entrenamientos y finalmente se
llevan los militares a competir para medir sus habilidades”,
comenta. Para ella es lamentable saber que así la guerra termine
hoy mismo, cientos de personas van a seguir llegando como
consecuencia de las minas antipersona.
“Yo soy el papá de todos”, dice sonriéndose el Coronel. La Liga
les proporciona a los jóvenes desde la pantaloneta hasta las
inscripciones en competencias internacionales. También les
brinda la oportunidad de acceder a la educación. Hoy por hoy, 27
jóvenes discapacitados estudian. Algunos hacen el bachillerato
con el apoyo de FUNDASEG, entidad vinculada a la Federación de
Aseguradores Colombianos FASECOLDA cuyo propósito es reducir los
índices de analfabetismo, mediante la implementación de un
proceso educativo durante la rehabilitación en el Batallón de
Sanidad, sede de la Liga de Discapacitados. Otros militares
empiezan carreras tecnológicas en el SENA y otro grupo más
reducido carreras profesionales a través de becas solicitadas en
las universidades.
“El trabajo que el coronel Cardona realiza en la Liga es
excelente; es un líder que con buen humor y riéndose de su
propia tragedia, ayuda a otros a superar sus limitaciones
físicas”, aseguró el coronel José Antonio Ortiz, presidente de
la Federación Colombiana Deportiva Militar FECODEMIL.
Como un padre quiere a sus hijos, el coronel Cardona apoya a sus
deportistas. Para él, el sargento Pedraza es una ficha clave
para llevarle el mensaje de la Liga, a los militares mutilados
que diariamente llegan al Batallón de Sanidad, buscando una luz
al final del túnel.
La vida de Francisco Pedraza dio un giro inesperado la mañana
del dos de septiembre de 2004, en un campo minado por las FARC:
estaba haciendo unas operaciones de registro para sacar un
soldado que tenía herido y unos guerrilleros que habían matado
en la Unión Peneya (Caquetá). Llevaba una hora y media de
recorrido cuando el puntero (el militar que lleva la delantera)
hizo un alto en el camino, lo mandó a llamar, y cuando giró,
activó instantáneamente el campo minado.
Después de un silencio sepulcral, como si se tratara de una
película de terror vio sus hombres mutilados; un soldado sin el
maxilar inferior, otro sin la pierna derecha, el cabo tenía
perforación en los pulmones, esquirlas en todo el cuerpo y él no
sentía sus piernas. “La mina me había desaparecido la pierna
derecha y herido gravemente la izquierda. Más tarde en Florencia
(Caquetá) los médicos me amputaron lo que me quedaba de la otra.
Aún inconsciente me trasladaron al Hospital Militar en Bogotá,
donde desperté a los 14 días después”, cuenta Pedraza.
Al principio se sintió desfallecer pero después de la
rehabilitación a través del deporte, se dio cuenta que la vida
aún no había terminado. Sus dos mellizos Francisco Alejandro y
Julián Genaro, eran su fuerza. Ellos le dicen “mañana le compo
pienas”, mientras le empujan la silla de ruedas que actualmente
le hace ostentar el título de campeón nacional de 100 y 200
metros en pista. Su sueño, es poder ir a los Paralímpicos de
Pekín en el 2008. Participó dos veces en la Maratón de Bogotá,
dos maratones en Cali, dos maratones en Medellín, cuatro
Interligas en la modalidad de pista y el Miami Tropical Marathon
en enero de 2006, gracias a la gestión de la Fundación Querido
Soldado.
“Nuestras sillas no se comparan con las de los gringos, pues
llevamos nueve libras de pesos de más, al principio pensamos que
nos iban a dejar botados, pero gracias a Dios, nos fue muy bien.
Fuimos tres competidores colombianos y quedamos segundo, quinto
y sexto. De 40 competidores nos metimos entre los diez primeros
puestos”, asegura riéndose. Antes de viajar a Estados Unidos,
Pedraza alistó su banderita. Tal como lo había planeado con su
compañero Octavio Lurdeño, sintiéndosen halados por el tricolor
nacional que se ondeaba en la meta, tomaron sus puntas bajo la
mirada nostálgica de cientos colombianos que presenciaban la
carrera en Miami. El hecho los hizo merecedores del artículo “El
Maratón de Miami, una fiesta del deporte” en el “El Nuevo Herald”.
El soldado Aldemar Franco soñó alguna vez con viajar al Sinaí,
pero sus expectativas se vieron cegadas cuando se encontraba en
una operación en Caquetá. Fue emboscado por milicianos de las
FARC y recibió dos impactos en su brazo izquierdo. El sueño se
desmoronó como un castillo de arena. Los médicos fueron
realistas, tenían que amputarle el brazo. Duró un año con el
brazo completamente muerto. No se lo dejaría cortar, era una
decisión muy difícil de tomar. “Mis compañeros me apoyaban y me
decían que tomara pronto la decisión antes que la infección
avanzara más”, comentó entre lágrimas. Fue así como el 17 de
diciembre de 2005 le amputaron el brazo después de llegar de la
Maratón de Washington. Después fue a Venezuela, corrió la Media
Maratón de Bogotá, los 10 kilómetros San Cristóbal, las medias
maratones de COFANDI, Medellín, Cali, Bucaramanga, Cartagena,
Girardot, Neiva y Pitalito (Huila).
La mayor figuración de éste joven deportista fue en Estados
Unidos. Entre 52.000 atletas en la milla 20 iba de segundo de
los 42 kilómetros de recorrido. A pesar de no esta preparado tal
kilometraje, logró el puesto 80 y fue el único discapacitado en
entrar en las elites. “El Vicepresidente de los Estados Unidos
me felicitó y me regaló un equipo de sonido como agradecimiento
por haber ido a participar”, dice orgulloso.
Según el presidente de la Federación Colombiana Deportiva
Militar, el presupuesto destinado a la Liga Deportiva Militar de
Discapacitados es entre nueve y doce millones anuales
directamente. Igualmente, este año recibieron 25 millones de
pesos por parte del Ministerio de Defensa Nacional.
La Liga tiene dentro de sus metas: la formación de la primera
Escuela Deportiva de Discapacidad como semillero del deporte
paralímpico, lograr un cupo para los Paranamericanos 2007 y
otro para los Paralímpicos de Pekín en el 2008. Conjuntamente,
quedar registrados en el libro de los Guiness Records cuando un
grupo de deportistas de la Liga alcance el pico más alto de
América, pues sería la primera vez en el mundo en la que un
grupo de amputados lograra la cumbre de Monte Aconcagua con 6960
metros de altura.
El reto está programado para el 14 de enero del 2008, su
objetivo: demostrarles a los colombianos que para las “personas
discapacitadas” no existe ninguna barrera. También, un acto
honorífico por los militares mutilados y caídos en combate. Este
nuevo desafío tendrá como patrocinio a Discovery Channel,
Merrell, una compañía americana fabricante de ropa de montaña,
Otto Bock y la Aerolínea Avianca.
Para el coronel Cardona está demostrado que la discapacidad está
en el cuerpo y no en la mente, conoce personas que no tienen
ninguna discapacidad y no pueden igualar todas las proezas que
hacen sus militares “discapacitados”. Los deportistas de la Liga
Militar de Discapacitados son sinónimos de valentía, superación
y ejemplo de vida. Ellos demuestran con cada una de sus hazañas
que no hay imposibles cuando los sueños viven.