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El maquillaje de los muertos
Por: Claudia Berrío C.
Politécnico Grancolombiano

Como en una sala de belleza, los cadáveres antes de pasar a las salas de velación se bañan, se arreglan, se visten, se pintan y se peinan.

Son las 8:00 a.m. y estoy sentada en la recepción de la Funeraria Capillas de la Fe esperando a que autoricen mi entrada al laboratorio. Pasan los segundos lentamente, ya completo dos horas y media. Mis piernas están temblando, mis manos sudan y los latidos de mi corazón se aceleran cada vez más. ¿Será que se olvidaron de mí?, ¡imposible!, ¡no puede ser!
La recepcionista recibe una llamada, “Claudia ya está confirmada su entrada, siga por favor”.

“Llegó la hora mi niña, ponte este gorro y el tapabocas para evitar las infecciones que trae el difunto. Tranquilízate, tenle miedo a los vivos y no a los muertos”, me dice Alexander Quiñónez, tanato práctico de la funeraria, mientras ríe.

Entro al laboratorio y siento un olor fuerte que revuelve todo mi estómago, tengo náuseas y algo de mareo. Al fondo está ella, no me atrevo a preguntar su nombre, sólo puedo decir que es una mujer delgada y con un rostro muy bonito, su edad puede oscilar entre los 37 y 42 años, joven para morir de un cáncer de seno.

Comienza el proceso de maquillaje, son las 10:55 a.m., el cadáver está totalmente amarillo, ahora debe quedar como si estuviera vivo, sólo falta eso porque ya está vestido, “esto es como si estuvieras pintando un lienzo, primero hay que arreglarlo para poder pintarlo”, asegura Alexander.

Para evitar la resequedad que causa el formol, se le aplica una crema hidratante hasta que su rostro queda totalmente suave. Al terminar, los tanato prácticos la levantan. No sé qué pasa ¿por qué se la llevan?, “la pasamos a otra camilla un poco más dura que nos permite tenerla en una posición más cómoda para empezar con el proceso de maquillaje. Es como si estuviéramos arreglando a un vivo para una fiesta”, me explica Wilmar Ríos, ayudante de Alexander.

Ella era vanidosa, su ropa interior y sus cejas delgadas lo dicen todo. Wilmar y Alexander se dan a la tarea de depilarla antes de aplicar la base natural y el polvo compacto para darle la tonalidad apropiada.

El temor se aleja un poco de mí, creo que era cuestión de entrar en confianza pero confieso que no deja de inquietarme la idea que en algún momento abra sus ojos o se mueva. Aquí compruebo que lo que muchos dicen no es cierto, un muerto no se mueve ni abre sus ojos después de 2 ó 3 horas de haber fallecido, “esos son puros cuentos de la gente, nadie sabe lo que pasa con el muerto si no presencia el proceso”, dice Alexander mientras le maquilla las cejas.

Ahora a pintar los ojos y la boca, teniendo en cuenta el color de la ropa que lleva puesta. En este caso tiene una sudadera blanca y por eso el color de sombras y labial deben ser muy suaves.

Por último, la pestañina. Tal vez este sea el trabajo más complicado pues tiene los ojos pegados. Con mucho cuidado para no manchar su piel, trata de darle un color más vivo pintándolas una y otra vez hasta lograr un negro que resalta su rostro. ¡Ahora sí parece viva!

Pero un momento, ¿no han terminado todavía? Le están cepillando el pelo y además pintan sus uñas, nunca imaginé que los muertos también pasarán por este proceso.

Ahora sí parece que todo ha concluido…

No todo es tan sencillo…

Cuando pensé que ya lo había visto todo, un grito me transportó a la cruda realidad, “¡una camilla, una camilla!”, se escucha en la recepción.

Es la 1:00 p.m. y acaba de llegar otra difunta envuelta en un plástico transparente. Con cuidado Alexander y Wilmar la ponen en la camilla para bañarla y quitarle la ropa que lleva puesta. Al destaparla un olor fuerte se concentra en el laboratorio, ¡el cuerpo está descompuesto!

Es una anciana, su piel es de color amarillo, su edad podría estar entre los 85 y 90 años; la causa de su muerte, dos tumores en la garganta (uno a cada lado).

Esta mujer fue traslada desde un pueblito a Bogotá, pues allí las funerarias no cuentan con los recursos suficientes para poder arreglar el cadáver. Maquillarlo, cepillarlo, hacerle manicure y lo más importante, descomponer su cuerpo, es una tarea ardua para quienes dedican su tiempo a esta profesión, se necesita de mucha dedicación, profesionalismo y, lo más importante, contar con un excelente material de trabajo.

Tratar de darle un buen aspecto al difunto no es tarea fácil y eso lo saben los especialistas en la materia, es por eso que hoy esta anciana se encuentra atendida por los mejores tanato prácticos de la ciudad, hombres dedicados y enamorados totalmente de su profesión.

Alexander comienza a bañarla para desinfectarla: le aplica shampoo, jabón, la lava y le limpia cada parte del cuerpo, desde la cabeza hasta la punta de los pies.

Con un bisturí abre un hueco en el cuello y en la pierna derecha para sacar la sangre y poder aplicar el formol. Después tapona con algodón y cose con un cordón blanco de lado a lado para que los líquidos no se empiecen a salir.
Al lado del ombligo abre otro hueco inmenso y con una manguera elimina la sangre del estómago, “esto es como si le estuviera haciendo la liposucción, el maltrato es el mismo, la diferencia es que ella nunca lo va a sentir. Es como si tú estuvieras aspirando tu cuarto, debes pasarla una y otra vez hasta que quede totalmente limpio”, explica Alexander.

Después de haber cosido el estómago, los dos expertos deben cerrarle la boca, “para nadie es agradable ver a un muerto que muestre los dientes, por eso debemos cerrarle la boca”, anota Wilmar. Entre las encías de arriba y las de abajo se atraviesa el hilo con mucho cuidado para que no se note el proceso. Después de haber taponado los oídos, la nariz y el estómago, se procede a hacer lo mismo con la vagina y el recto para evitar que los gases sigan saliendo.

Ahora a vestirla y acomodarla en una posición que permita mayor comodidad; su cuerpo está rígido y pesado así que con la ayuda de tres personas se traslada a una camilla más grande.

“Este proceso es común y corriente, no tiene nada de raro. Haz de cuenta que estás vistiendo a un vivo, la diferencia es que al levantarlo él no se puede ayudar”, dice Wilmar.

Lista para el maquillaje, empieza un nuevo y diferente proceso pues cada cadáver es especial y la táctica cambia dependiendo de cómo haya fallecido.

Ya son las 3:00 p.m. y ahora ella, está lista para pasar a la sala de velación.

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AGRADECIMIENTO ESPECIAL: FUNERARIA CAPILLAS DE LA FE, DR. NICOLÁS JIMÉNEZ, SR. WILMAR RÍOS, SR. ALEXANDER QUIÑÓNEZ Y SR. FERNANDO MATAMOROS.

                  


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