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Telesur, ¿la perla mediática latinoamericana?
Juliana González R.
Reportera Sala de Redacción


La nueva Cadena de Televisión del Sur, Telesur, comenzó sus transmisiones el pasado 24 de julio. Unos, entre ellos el congresista norteamericano Connie Mack, la descubren como el “panfleto propagandístico” del presidente venezolano, Hugo Chávez, para difundir en el continente su revolución bolivariana. Otros, como los directivos del canal, hablan de ella como el “proyecto constructor de integración latinoamericana, para fortalecer la identidad de sus pueblos transmitir una imagen veraz de América latina en un nuevo orden mundial de la comunicación”.

Sin importar cómo perciban el canal sus defensores o detractores, el proyecto, en teoría, posee un carácter ideal. Representa el sueño de autonomía regional de muchos periodistas, la plataforma soñada por políticos con miras a la integración de América Latina y el comienzo de un camino de independencia y credibilidad emprendido por comunicadores como el colombiano Jorge Botero y Aram Aharoniam, directivos del canal.

También constituye el sueño de intelectuales y analistas de medios como Ignacio Ramonet, Adolfo Pérez Esquivel, Walter Salles, Silvio Rodríguez, Eduardo Galeano, Tariq Alí y Javier Concuera, algunos de los cuales integran el comité asesor de Telesur. Ante esta realidad, Ramonet ha calificado a Telesur como “la primera tentativa seria de liberación audiovisual y de descolonización mediática”. El peruano Concuera, por su parte, afirmó que “el canal constituirá el Al Jazeera de este lado del mundo”.

El proyecto parece prometedor. Andrés Izarra, presidente del canal, en el discurso de lanzamiento, lo defendió como una televisión independiente, plural y de alta calidad, pero, en la práctica, su programación, luego de un mes al aire, dista mucho de convertirse en el Al Jazeera latinoamericano.

La cadena conocida como la perla mediática del oriente, Al Jazeera, lleva nueve años informando al mundo la otra cara de las noticias del Este. Con transmisión exclusiva desde Afganistán e Irak, entre otros países, esta agencia de noticias, cuyos fondos provienen del gobierno de Qatar, ha marcado la diferencia con cadenas como CNN y BBC de Londres y ha permitido mostrar las dos caras de la guerra y los protagonistas de lado y lado.

Los directivos de Telesur han manifestado tener propósitos similares. La pluralidad, independencia y objetividad y sus propuestas de contenido temático parecen interesantes, entre ellas el seguimiento de la expansión de bases norteamericanas en América Latina, la deuda externa, la guerra del agua en la Amazonía y los movimientos sociales suramericanos.

Pero Telesur, con lo que ha difundido hasta ahora en su programación de cuatro horas diarias, no parece un canal plural.

El Canal ha mostrado una América Latina suspendida en la época de la revolución guevarista. Con indígenas presentadores de programas dentro de las franjas, sus propagandas dejan ver protestas contra el ALCA en Colombia e imágenes de Manuel Marulanda. Los dibujos animados, cuenta la periodista caraqueña Yamila Rodríguez, son de origen cubano y muestran caricaturas de campesinos en una playa cubana explicándole a los niños cómo derrotaron a los ‘malos’, vestidos con uniforme de marines estadounidenses.

Los contenidos generan poca identificación. América Latina no representa un espacio donde las ideas revolucionarias del Che sean acogidas por las mayorías, como tampoco lo es el sentimiento antinorteamericano. Mostrar población indígena en le Canal no le expone al mundo nuestra realidad.

Como decía la columnista venezolana, “el aburrimiento es el peor enemigo para un canal que pretende la identificación de sus espectadores”. Los formatos, hasta hoy tan tediosos, obligarán a los espectadores a cambiar de canal.

Pero, si bien los contenidos tienen un tinte antinorteamericano e izquierdista, esto no es excusa para coartar la libertad de expresión. No hay explicación para lo ordenado por la Comisión Nacional de Televisión de Colombia, que parece haber bloqueado a Canal Capital el acceso al satélite que transmite Telesur.

La empresa bogotana había firmado con dicha cadena un compromiso para retransmitir sus contenidos en Colombia. Los colombianos sólo podrán acceder a la programación de Telesur a través de la televisión satelital.

Tampoco puede justificarse la decisión de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos que aprobó una enmienda para bloquear la señal satelital de Telesur cuando éste emita contenidos en contra de ese país. Este hecho revive lo intentado en Cuba desde el principio de la revolución castrista, a través de Radio Martí.

Parece difícil que Telesur logre, para los latinoamericanos, lo que ha alcanzado Al Jazeera para Oriente y Europa. Aun cuando esa cadena, con sede en Afganistán, se financia con fondos del gobierno qatarí, el emir de dicho país no interviene en sus contenidos. Ojalá Hugo Chávez aprenda de esta actuación y no utilice su poder en el canal para ponerlo al servicio de su revolución bolivariana. El rey de Qatar, aún siendo monarca absoluto, no ha dejado de promover la tolerancia, la libertad y la modernización. Al venezolano le iría bien imitar esta actitud.

También está en duda que Telesur alcance sus objetivos de pluralidad, libertad e independencia. Sus dueños, asesores y directivos pertenecen a la misma corriente ideológica y eso ya dice bastante.

A favor de un proyecto de integración latinoamericana no hay que perder toda la fe en el canal. Esperemos de él un camino desde la teoría idealista hacia la práctica y su evolución hacia un ente vinculante, exponente de una cara acorde con América Latina y donde se sienta la trayectoria de credibilidad de periodistas como Jorge Botero.

El mundo no necesita más canales falsificadores de la verdad a su favor. Siempre será momento para construir un proyecto con miras idealistas en materia de comunicación. No hay lugar al pesimismo, menos ahora que Telesur apenas comienza.

 



 

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