|
|

El largo viaje de la
mariposa
Por Antonio Elio Brailovsky [i]
Universidad de Buenos Aires
Foto:
©
Paul Lemke |
Dreamstime.com
Uno
de los fenómenos más sorprendentes de la naturaleza es el de las
aves migratorias. Todos los años, al llegar los primeros fríos,
se agrupan, juntan los pichones que han nacido esa temporada y
levantan vuelo. Las hemos visto a menudo cruzando los campos en
un vuelo regular. La bandada tiene siempre la misma forma, que
varía un poco según las especies: una enorme "V", con los guías
al frente, los más fuertes a los lados, para proteger a los más
débiles, que van al medio.
No van a cualquier parte: todos los años siguen el mismo camino.
¿Cómo se orientan a través del océano? ¿Cómo saben encontrar un
tejado o un árbol, a miles de kilómetros de distancia? Es
conocido el caso de las cigüeñas, que vuelven todos los años a
anidar en el mismo país, en la misma provincia, en la misma
ciudad y en el mismo techo.
Durante siglos fueron la admiración de los marinos. En sus
largas exploraciones, los descubridores portugueses las seguían
en el océano, para tratar de encontrar las islas. Así fue que
ocuparon el archipiélago de Sao Tomé, en el Golfo de Guinea, su
base estratégica del comercio esclavista durante siglos. Las
aves migratorias parecían saber orientarse por el sol y las
estrellas, desde mucho antes que lo hicieran los fenicios. Pero
además, también volaban en días nublados.
¿Tal vez se orientaran por los vientos?
Pero en distintas condiciones climáticas, se volvían a ver esas
bandadas en forma de "V'.
Quizá recordaran su camino dijeron otros. Pero hay años en que
las tierras
están resecas y años en que están inundadas, sin que eso parezca
afectarlas. También el hombre cambia demasiado los paisajes. Las
selvas se convierten en campos de cultivo, los campos a menudo
en desiertos, y las bandadas siguen reconociendo su camino. .
Un día, a un científico se le ocurrió una hipótesis absurda:
—Tienen una brújula—, dijo.
Y para comprobarlo, capturó unas cuantas aves migratorias, les
ató unos imanes y las soltó. Los pobres pájaros no pudieron
encontrar su ruta. Así se comprobó que, además del sol y los
vientos, la memoria y las estrellas, las aves migratorias
también se orientan por el magnetismo terrestre. Millones de año
antes que Colón, la primera bandada de pájaros cruzó el océano,
orientándose con una brújula natural, un sentido interno que les
permite percibir la diferencia entre el norte y el sur.
Y cuando todavía nos cuesta creer en esta maravilla de las aves
migratorias, encontramos otra historia aún más increíble, que es
la de las mariposas migratorias. Hace apenas unas pocas décadas,
la ciencia descubrió que una mariposa amarilla -—parecida a las
que vemos en nuestros jardines— hace un increíble viaje desde
Canadá hasta México. La mariposa se llama monarca y el viaje
inverosímil que realiza justifica un nombre tan sonoro. Estas
mariposas eran conocidas desde hace tiempo por los campesinos
mexicanos, quienes sabían de sus hábitos migratorios. Los
científicos tardaron tanto tiempo en descubrirlas porque en la
ciencia también existen los prejuicios: nadie creía que su
existencia fuese posible. Inclusive, es probable que alguien
haya tenido pruebas de su existencia y simplemente no haya
creído en ellas, hasta que la realidad se impuso.
La migración de las monarca es estacional, al igual que la de
los pájaros. Vuelan en grandes bandadas y, como los pájaros,
tienen un vuelo distinto cuando andan revoloteando por ahí, que
cuando emprenden el camino, a gran altura, en línea recta y a
velocidad constante. Es decir, que su técnica de vuelo es tan
compleja como la de las aves.
¿Cómo es que un insecto tan diminuto encontró una solución
adaptativa tan compleja? ¿Acaso la monarca desciende de otras
mariposas que hacían migraciones más breves y fue aprendiendo a
volar lejos en incontables generaciones? ¿O incidieron fenómenos
de otra índole, quizás las grandes glaciaciones que afectaron a
nuestro planeta? Pero además, ¿es ésta la única mariposa
migratoria, o hay otros insectos que atraviesan continentes sin
que los sepamos?
La mayor parte de estos interrogantes no tienen aún una
respuesta que vaya más allá del nivel de las hipótesis. Las
monarca están siendo estudiadas, y si sobreviven, podremos
aprender mucho sobre ellas y sobre el complejo fenómeno que es
la vida sobre la Tierra. Porque las monarca están en peligro de
extinción por la progresiva destrucción de sus hábitats. Después
del largo viaje, su parada son unos pocos lugares boscosos en
México y en el sur de los Estados Unidos. Estos sitios van
siendo sitiados por el avance del hacha y la motosierra. Cada
árbol que cae es un habitat menos y no puede esperarse que las
mariposas (cuyos hábitos están indisolublemente marcados por el
instinto) aprendan a elegir otro destino.
Siguen yendo al mismo lugar que sus antecesores, sólo que el
avance de los cultivos ha ido raleando esos bosques cada vez
más. Así, se las ve arracimarse en los árboles sobrevivientes,
tan juntas que el observador pensaría que el árbol tiene ya las
hojas amarillas. Pero no, aún es verano y son miles y miles de
mariposas de ese color, apretadas unas junto a otras. En esa
situación, son fácil presa de los animales insectívoros, que
acuden en gran cantidad a alimentarse de ellas.
En los últimos años, México y los Estados Unidos han declarado
áreas de reserva natural a algunos puntos de arribo de estas
mariposas, pero nadie sabe si son suficientes como para permitir
la supervivencia de la especie. Si consideramos que vale la
pena hacer el esfuerzo de salvar un prodigio que todavía no
somos capaces de entender, se requiere una acción internacional
y coordinada en ese sentido. Quizás sea necesario descubrir
otros hábitats que merezcan ser preservados, antes que las
hachas y los insecticidas lleguen hasta ellos. En esta
situación, no se podrá contar con los propietarios de los
campos, quienes preferirán fumigar las mariposas, antes que
ver a parte de sus campos convertidos en parque nacional.
Las monarca de Argentina también migran y lo hacen con trayectos
del orden de los mil kilómetros. No son una especie protegida y
todo indica que serán una víctima más de las fumigaciones para
cultivar soja.
Ante este caso, como ante otros tantos, nos volvemos a formular
la misma pregunta: ¿seremos capaces de conservar la enorme
diversidad de lo viviente? ¿O destruiremos el mundo natural, aun
antes de conocerlo?
--------------------------------------------------------------------------------
[i] Publicado inicialmente en Diario de
Río Negro
|
|
su opinión sobre este artículo |
|
|
Hace apenas unas pocas décadas, la
ciencia descubrió que una mariposa amarilla -—parecida a las
que vemos en nuestros jardines— hace un increíble viaje
desde Canadá hasta México. La mariposa se llama monarca y el
viaje inverosímil que realiza justifica un nombre tan
sonoro.
 |