
Castro tiene razón
Daniel Benavides
Escuela de Empresa
Que
los universitarios gringos relacionen a Beethoven con un perro y
a Miguel Ángel con un virus del PC, son cosas que me hacen
sentir orgulloso de vivir en el tercer mundo. Y poco me importa
que el precio de mi mofa sea una curiosa requisa en el recto y
una caminata en medias por el aeropuerto de Miami.
Lo de los gringos brutos
–creo- el mundo entero lo ha tenido en cuenta con anterioridad,
y si piensa que no, sólo haga el ejercicio de prender un domingo
su TV, ver MTV y disfrutar del circense catalogo de “realities”
que se ofrece. Sin embargo, el hecho de que esto sea puesto en
la palestra por Fidel, es totalmente novedoso.
Cuba no será el paradigma del buen gobierno, pero
es un país donde por lo menos, al igual que Colombia, una
inmensa mayoría conoce quién es Beethoven. Y si. Esto un
fenómeno extraño, más cuando en la cultura yankee ven a Bogotá
como si fuera Honda, e ignoran la buena práctica medicinal que
se enseña en las tierras del camarada Sudadera Adidas Castro.
Pero ¿Por qué sucede esto? ¿Por qué carajos los
gringos, con la Nasa y Sea World al lado, insisten en ser menos
capaces que nosotros los tercermundistas, que tenemos crueles
dictadores, sicarios y a Jaime Bayly? ¿Acaso los gringos se
están reproduciendo entre hermanos y generando una nueva casta
de taras?
Creo que hay una sencilla teoría para explicar
este extraño suceso, y la digo tal cual se postula en la
filosofía de mi abuelo: “La buena vida cansa y la mala amansa”.
Contextualizando: los yankees, en su mayoría, ya no tienen por
qué y cómo pensar. Y los tercermundistas que la pasan mal, se
desvelan haciéndolo.
Entonces, ¿Es justo qué el precio de saber quién
es Miguel Ángel sea vivir en esta república bananera?
Sinceramente, creo que sí. Porque si no fuera por los tres
platos de bosta que la realidad tercermundista nos sirve
diariamente, Gabo no se hubiera arrimado al Nobel y Noemí sería
presidente y Jaider (el protagonista de novela) hubiera
triunfado.
¡Que viva el tercer mundo!