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Climagate
en Copenhage
Por: Antonio
Elio Brailovsky
Universidad de Buenos Aires
Argentina
Queridos amigos:
En estos días se reúne en Copenhague la XV Conferencia Internacional
sobre el Cambio Climático. La meta es preparar futuros objetivos
para reemplazar los del Protocolo de Kioto, que termina en 2012. Por
detrás de lo que se ve, hay una lucha de intereses que intentan
evitar que se llegue a acuerdos que reduzcan la contaminación.
En los últimos días asistimos a un operativo en el que era fácil
reconocer la mano de algún servicio de inteligencia. Un "hacker
ruso" no identificado anunció haber espiado los correos electrónicos
de algunos científicos británicos que conspiraban para falsificar
los resultados de sus investigaciones sobre el cambio climático.
Se produjo un gran escándalo internacional y varias agencias
noticiosas usaron la expresión "climagate", por alusión al hotel
Watergate, donde Richard Nixon hizo espiar a sus adversarios del
Partido Demócrata norteamericano.
Sabemos que en todos los grupos humanos hay gente que actúa de mala
fe y sin duda que tienen que existir científicos que adulteren datos
para forzar las conclusiones de sus trabajos. Lo sorprendente es que
investigadores de primer nivel internacional sean tan incompetentes
como para dejar el engaño por escrito, y aún para usar un medio tan
vulnerable al espionaje como es el correo electrónico. ¿Por qué los
supuestos falsificadores no discutieron personalmente cómo hacer le
fraude? ¿Por qué, en un tema tan sensible política y económicamente,
dejaron tantas pruebas al alcance del primer espía que se acercara a
sus computadoras?
La historia de la ciencia tiene muchos fraudes famosos, pero ninguno
de ellos con tantas pruebas cuidadosamente preparadas para quien
quisiera encontrarlas.
Se me ocurre una explicación alternativa. Hace unos años, en una
elección celebrada en Argentina, otro espía denunció que uno de los
candidatos se había enriquecido ilegalmente y tenía grandes
cantidades de dinero en cuentas en el exterior. La denuncia era
previsiblemente falsa, pero eso se descubrió pocos días después,
cuando el candidato hubo perdido las elecciones y la verdad ya era
inútil.
Por eso, no hay motivos para que el "climagate" dure mucho tiempo,
ya que su función es servir de soporte mediático a quienes intentan
evitar que se asuman compromisos serios para reducir la
contaminación.
Al respecto, es sugestiva la conducta de algunos medios de prensa,
que simulan "mostrar los distintos puntos de vista" y equiparan así
a centenares de investigaciones científicas realizadas a lo largo de
décadas, con una operación de servicios de inteligencia, atribuida a
un misterioso "hacker ruso", como si ambos tuvieran la misma
validez.
Aquí, la preocupación no es por el origen del operativo, sino por la
cantidad de gente de buena fe que les creyó. Esto refleja que la
protección de nuestro soporte natural no es aún una prioridad de
nuestra sociedad, tema que debería ser independiente de si creemos
que alguien falsificó un dato o si no lo hizo. ¿Todavía estamos
dudando si aceptamos o rechazamos la contaminación?
Por eso nuestra insistencia en reforzar nuestros sentimientos de
pertenencia a la única Tierra que tenemos. Y una forma es el
continuo recordatorio de los ritmos de la naturaleza.