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Un análisis de la crítica de cine en Colombia

Pájaros y Escopetas
Camilo Palacios Obregón
Universidad Nacional

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“El cine colombiano arrastra una leyenda negra de desaciertos y fracasos a lo largo de su historia”

Quise partir de esta frase, escuchada en alguna de mis clases de cine, para denotar algunos elementos presupuestos que podrían ser fácilmente relegados en cualquier análisis del cine, pero que son fundamentales para entender mi objeto de análisis en este escrito: el papel de la crítica en el cine colombiano.

“El cine colombiano”
Si bien es cierto que la “patria” o preferiría decir, el país en el que nacimos o fuimos criados, es un elemento fundamental en el desarrollo personal del ser humano, a mi manera de ver las cosas es un elemento de simple casualidad que no debería implantar en nuestras vidas ese sentimiento de nacionalismo que nos es inculcado durante toda nuestra crianza en tan múltiples formas. Soy consciente de que es un prejuicio necesario para la organización mundial que con el desarrollo de la historia universal se ha establecido, pero a nivel personal tan sólo reprime las posibilidades de elección cerrando las puertas a numerosas opciones a todo nivel que por ejemplo el arte, está en capacidad de ofrecer.

Entrar en el mundo del arte con una carga que tantas veces generan los críticos, como la de representar a una nación, es perder valiosas oportunidades. Solo la consecución de los intereses personales es los que debe llevar a una posible “crítica” o preferiría llamar análisis, de las diferentes índoles que competen el diario vivir.

Hablar del “cine colombiano” es entrar en generalizaciones que pueden conllevar a cerrar más la pluralidad de concepciones que hacen grandioso al arte. Para Nietzsche lo sublime del arte está en su capacidad de desarrollar la voluntad de poder intrínseca del hombre una vez se ha liberado éste, de todos los prejuicios que la moral, la ciencia, la religión, la metafísica y en fin, todos los ámbitos nos imponen. Estoy seguro de que Nietzsche incluiría el nacionalismo en este grupo al igual que Borges quien, en una actitud bastante radical, decía que el nacionalismo es una enfermedad propia de los primates.

Carlos Álvarez en el prólogo a su libro “Sobre cine colombiano y latinoamericano” plantea:

“Y debería existir más y mejor crítica en periódicos, revistas generales o especializadas. Porque el cine en un país como Colombia es un conjunto que debe retroalimentarse en el proyecto de construir una cultura auténtica, nacional y que refleje los valores de nuestra sociedad, vertiginosamente cambiantes, y no siempre hacía estadios mas elevados”

Es una opción. Tal vez si se lograra eso, solo tal vez, la crítica internacional y el público (nacional al menos) recibirían mejor al cine colombiano. Al menos el fin comercial podría ser alcanzado. Pero es una opción entre miles. Porque esa que oprime tanto las posibilidades del arte ?? “Que refleje los valores de nuestra sociedad”, y a continuación, “vertiginosamente cambiantes”. Una generalización de los valores de nuestra sociedad como él mismo lo anota, no produce un resultado muy plausible. No nos podemos quedar en esos misticismos que solo nos cierran las puertas a un avance cultural. Francisco Norden apunta: “los cines nacionales existen, no en función de sus elementos artísticos, sino en función de sus capacidades de mercadeo”. Un lugar común de juego, eso es el cine colombiano, no introduzcamos compromisos temáticos ni de ningún otro tipo.

“Desaciertos y fracasos”
Se ha dicho muchas veces que la única ley del arte es que no hay leyes. Cada individuo puede anhelar los objetivos que lo hagan sentir mejor y solo a través de los logros personales de estos, podrá hacerse una crítica o análisis de cada obra. Así pues, el éxito económico, la aceptación de los medios, la acogida en algún sector o simplemente la satisfacción personal son fines tan válidos como cualquier otro que se pueda pensar. Alguien que haya logrado dirigir una sola película en su vida, como suele suceder con tantos cineastas colombianos a través del siglo XX, puede sentirse realizado o frustrado dependiendo de su propia estructura personal.

Por dar un ejemplo extremo si alguien logró engañar a sus productores para conseguir el dinero para una película haciéndoles creer que iba a ser un éxito comercial y sólo hizo esa obra de arte que tan solo él entiende, habrá cumplido su cometido, bravo por él. Logró sus propios fines, expresó lo que quiso expresar, a quien lo quiso expresar, así los críticos lo destruyan, el público lo desprecie y sus productores lo asesinen. Pero bueno, definitivamente este es un planteamiento extremo, que generaría una discusión ética mucho más profunda. A lo que voy es que la crítica en especial es un controlador totalmente subjetivo fundamentado en cánones que ni siquiera se basan en el pensamiento de las mayorías (que tampoco sería la opción correcta pero apuntaría mas directamente al fin mas común del cine que es el éxito comercial), sino en predeterminaciones formales leídas de otros autores con mayor prestigio y rememoración.

Se debe tener en cuenta, en todo caso que al hablar de cine, la cosa se complica aún más al intentar descubrir en este un arte industrial o un arte cuyo fin más directo es la explotación comercial. Una inmensa mayoría de los realizadores o aspirantes a serlo, deseamos, me incluyo de una vez, que nuestras películas sean aclamadas por el público. Eso es claro. El asunto a mirar, es que muchos de los críticos colombianos se han encargado también de ahuyentar las posibilidades de que se generen películas cuyo fin fundamental es el comercial, que por supuesto es un fin totalmente válido, inclusive en el arte.

Veamos el caso de Gustavo Nieto Roa, quién con muy bajos presupuestos y sirviéndose de ganchos llamativos por medio de estrellas de televisión y con fórmulas preestablecidas a la escritura del guión de reconocida eficacia taquillera (que no generen mayor actividad cerebral por parte del espectador), logró recuperar el capital invertido y así continuar produciendo películas durante las décadas del setenta y del ochenta.

Mauricio Laurens escribiría sobre estas películas en el periódico El Tiempo cosas como:

“sigue cayendo en múltiples descuidos escenográficos, acusando un mal gusto no pocas veces ofensivo que subvalora imágenes exentas de composición o sin colores delimitados”

ó

“Contra viento y marea, nuestra industria fílmica deberá soportar no pocos bodrios artísticos para capturar un público fijo que alimente determinadas iniciativas”

Debo aclarar que desde mi subjetividad no disfruto demasiado películas como “El Taxista Millonario”, que aunque me llegan a parecer entretenidas por momentos a causa de algunos elementos como la actuación del “Gordo” Benjumea o una que otra situación, no me satisfacen ni me aportan demasiado. Pero mal haría yo en despotricar de una película como esta cuyo grupo de producción logró exitosamente el fin que se habían propuesto. La “crítica” debería darle un 10 por lograr sus objetivos. Los “descuidos escenográficos que acusan un mal gusto” son sólo notados por una élite seguidora de esos presupuestos de los grandes teóricos del cine entre profesores, estudiantes, realizadores y cinéfilos intelectualoides. Debo reiterar que yo me vendría incluyendo en este grupo y que mi idea no es recomendar este tipo de cine que Nieto Roa planteaba, sino que incluir nuestras subjetividades en la crítica pública sólo puede disminuir las posibilidades de una masificación del cine en Colombia. Algo similar está sucediendo en la actualidad con las películas de Dago García como “La Pena Máxima”, “La esquina” o “Te Busco”. Ojalá este director no intente “reivindicarse” con la crítica pues podría suponerse que no se darían buenos resultados a ningún nivel (ni en este ni en el comercial) dado el afianzamiento que ha logrado Dago con la estrategia lucrativa utilizada hasta el momento y las dificultades que conllevaría replantear su actitud hacia el cine.

El problema de la crítica se fundamenta en imponer las subjetividades de unos pocos al gusto de la gran mayoría. Por ejemplo, el sistema que en la actualidad se utiliza en un periódico como El Tiempo de tan alta circulación nacional de calificar las películas mediante un sistema de una a cinco estrellas tan sólo logra alejar al público, al menos en un porcentaje, de una película que posiblemente sea del agrado de muchos de estos espectadores. Recuerdo que a “Te Busco”, el crítico cinematográfico de momento del periódico, le puso dos estrellas, equivalente, según la tabla adyacente a la tipificación de “floja”. Una película que, a mi parecer, puede llegar a ser del gusto de un gran porcentaje del público, con un calificativo como este puede haber ahuyentado a más de uno de las salas en que se proyectaba este filme.

Como nos señala Hernando Martínez en su Historia del Cine colombiano, desde los comienzos del cine nacional se buscaba ya una delimitación en la funcionalidad del cine. Allí nos muestra como ya en 1914, Tulio Hermil planteaba que la misión del cinematógrafo era esencialmente civilizadora. “Hacer obra de verdad, obra de belleza, hacer obra de progreso: he ahí su fin”. Se descartaba de una vez, por nombrar uno, el objetivo lúdico del cine. Las censuras comenzarían con un punto de vista como este desarrollándose de “lo civilizador”, a postulados como “lo nacional”, “lo artístico” o “lo comprometido”. Siempre intentando reducir los caminos posibles del cine. Y no estamos hablando de los obvios problemas “morales” que en una sociedad ultra-conservadora como la colombiana de las primeras décadas del siglo en Colombia se desataron. Aparte de la obvia censura a cualquier acercamiento ligeramente sexual, vemos casos como el de “El Drama del 15 de Octubre”, la cual fue tildada de “inmoral” por representar la muerte y entierro del General Uribe. Esto le acarrearía grandes complicaciones con respecto a su exhibición y abriría el paso para que los críticos de todas las épocas plasmaran sus subjetividades siempre en detrimento del desarrollo del cine.

Con el paso de la historia se planteó en muchas ocasiones que una de las causas para que no se hubiera estabilizado la producción del país durante esta época teniendo en cuenta que se comenzó a producir desde principios de siglo, era la desvinculación del cine con la realidad del país. El problema de la identidad siempre presente.

Martínez plantea que lo discutible está en exigirle al arte la obligación de tomar sus temas de lo que está sucediendo en la realidad, de tomar referencia directa de los acontecimientos nacionales, tildándolo de injusto y absurdo al no ser esta la función del arte. El problema básico para que no se generara una industria, plantea este autor, es que hasta 1926 faltó una reflexión de la crítica, sobre el cine como lenguaje y sobre la relación del cine con el público que no tuviera un enfoque moral, ya fuera por la ingenuidad de literatos convertidos en comentaristas o por la competencia entre compañías productoras y exhibidores cuyas revistas elogiaban las películas de su conveniencia y desprestigiaban las de sus competidores. Otra perspectiva de la subjetividad suprema de los jueces de la cinematografía que tan sólo propugnan los filmes auto-gratificantes, ya sea intelectual o económicamente.

Con las películas de los 40´s el tono moralista disminuyó un poco y la importancia del éxito comercial se hizo evidente en los comentarios de la crítica. Fue Camilo Correa quién vislumbró la mejicanización de nuestro cine como un elemento negativo al no tomarse como ejemplo para copiar sino como un ideal frustradamente llevado a cabo, entre otras por las deficiencias técnicas notorias inclusive para el espectador común.

Copiar modelos tampoco es una opción incorrecta, es totalmente válido sobre todo cuando el fin necesario claro es el éxito financiero para la preservación de la industria. Es un ejemplo de objetivos personales frustrados el que acontece en esta época, un caso cuyo análisis sí debería ser un objeto de estudio por parte de los críticos de todas las épocas. En todo caso un crítico destructor como Camilo Correa pudo haber plasmado una actitud menos comparativa y más pro-activa sobre la forma en como se estaban desenvolviendo las cosas a nivel comercial, fin primordial de las casas productoras del momento como la Ducrane y Colombia Films. Su influencia sobre el público debió ser enorme desde su columna crítica en la que desbarataba por completo los esforzados filmes colombianos.

Otro ejemplo de cómo las películas pueden ser subjetivizadas la vemos en “Pasado el meridiano” de José María Arzuaga, rodada en 1965 y que sólo hasta los setentas pudo ser divulgada por censuras irrisorias. Una película que de por sí da para múltiples visualizaciones y que ha sido discutida por numerosos críticos desde sus diferentes perspectivas. Al respecto Hernando Martínez hace una fuerte crítica en su libro:

“Lo que parecía un análisis del hombre ubicado socialmente se convierte en una lección de moral contra el burgués que trata mal a los pobres…….Era necesario tomarse el trabajo de analizar el caos de “Pasado el meridiano” para comprobar cómo una película no es “crítica” por el solo hecho de que aparezcan burgueses haciendo publicidad y organizando orgías o engañando pobres.”

Cuando la ví por primera vez no creí que ese era el fin de la película, aunque posiblemente fuera una de sus búsquedas. A mi me pareció una película agradable sobre un personaje solitario y risible en situaciones extremas. Y estas son sólo dos de las percepciones que se pueden tomar. Carlos Álvarez ve plasmada en la película la relación del hombre como ser social, como persona que necesita comunicación, calor, amistad. El enfoque de Martínez así como el de Álvarez y por supuesto el mío, son sólo perspectivas individuales que pueden ser rebatidas desde la interioridad de cada espectador de muchas maneras. Es por esto que al lanzar tal aseveración está prejuzgando la actitud del realizador y predeterminando la actitud de un espectador virgen de dos maneras: primero afirmando que la crítica a la burguesía era el tema básico de la película y segundo que esta crítica estaba mal fundamentada. Muy posiblemente un espectador cualquiera sí sienta adecuadamente la crítica a esta burguesía, si toma desde este punto de vista el tema del film. Las subjetividades son infinitas y un analista de cine debe tomar conciencia de esto. El arte tiene esa ventaja, cada espectador lo entiende según como sus antecedentes personales lo definan y puede sacar de cada obra lo que le interese, sea diversión, conocimiento o cualquier otro tipo de interés.

Es por esto que también se hacen inútiles las discusiones como las surgidas a raíz del sobreprecio en los setentas en las que se polarizaban dos visiones: cine marginal que demandaba el contenido político en las obras libre de los condicionamientos comerciales y cine de sobreprecio que afirmaba la prioridad del capital como condición ineludible para hacer cine. Cada grupo defendía la necesidad de la implantación única de su perspectiva en el cine colombiano como si los espectadores fueran tan sólo unos títeres que podían ser manejados ya fuera comercial o revolucionariamente, si se adoptaban sus esquemas. Otra vez la búsqueda por restringir los caminos del arte. Así como cuando se busca que los personajes se desarrollen a través de la película o que el film tenga un planteamiento un desarrollo y un desenlace. Sí, funciona para muchos fines, pero el arte no se debe estancar. No se desarrolló la pintura de un pensamiento en que la perspectiva era fundamental a cuadros con franjas totalmente planas de colores? El cine ya ha evolucionado mucho, no podemos quedarnos en subjetividades. Si su fin es comercial, el público tendrá la palabra, si es el prestigio fundamentado en la crítica pues sea muy cuidadoso, nunca se sabe quién será el encargado de turno.

Para terminar quisiera acotar dos frases en las que dos críticos de cine: Andrés Caicedo y Jorge Nieto, vislumbran perfectamente el meollo en el que están inmersos al dedicarse al oficio de la crítica.


“La crítica es para mí un intento de desarmar, por medio de la razón (no importa cuán disparatada sea), la magia que supone la proyección. Ante la oscuridad de la sala el espectador se halla tan indefenso como en la silla del dentista….Siempre de la crítica me ha gustado lo insólito, lo audaz, lo irreverente, lo maleducado. Para esto sería bueno encontrar un método que universalice lo personal. Cada gusto es una aberración”
ANDRÉS CAICEDO

“Definir la crítica de cine es tan azaroso como tratar de definir la felicidad, porque solo pueden ser precisadas por carencia o reducción al absurdo y en todos los casos según la perspectiva particular de quien defina, pero vamos a pretender lo inalcanzable para seguir manteniendo la ilusión del orden y la metáfora del movimiento”
JORGE NIETO

 

 



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