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Cuando el
amor llega a los 17
Por:
Natalia Correa
Parra
Escuela de Comunicación y Periodismo
Ser joven no implica ser irresponsable e inmaduro. Al
contrario, parejas como la de Maria Elisa y Jorge son las que
aportan lecciones de vida y dejan claro que en cuestiones de
amor, el dinero y la edad son lo de menos.

¿Casarse a los 17? "No", sería lo que muchas jóvenes dirían,
pero este no es el caso de María Elisa. A sus 24 años ya tiene
una hija y es casada hace siete. Cuando conoció a Jorge él tenía
28 años y ya era profesional, mientras que ella tenía 16 y
estaba en el colegio.
En 1999 un amigo en común los presentó, salieron a rumbear con
otras personas pero, según cuenta, no sintió nada en especial
porque en ese momento le gustaba otra persona. Jorge salió unas
veces con su prima, Sol Angie, pero luego dejaron de hablarse.
Él trató de buscarla otra vez y en el 2000 llamó a la casa de
Rosa María, su abuela. María Elisa contestó. “Me acuerdo que le
conté que Sol ya se había casado y comenzamos a tener una charla
amena. Fue un diálogo como de amigos ¿qué más, qué hay de tu
vida?” comenta. En medio de la conversación la invitó a que se
tomaran un café y siguieran hablando.
Desde entonces continuaron viéndose. Iban a cine, a comer, a
rumbear, convirtiéndose así en muy buenos amigos. En ese momento
María Elisa tenía novio, y Jorge la convenció de con él. Le
decía:"vas a ser mi esposa”. Tras compartir mucho tiempo juntos,
empezaron a enamorarse y en noviembre de ese mismo año se
hicieron novios. Tuvieron un noviazgo de siete meses, durante el
cual descubrieron que querían vivir en pareja, que debían estar
unidos toda la vida. Finalmente, el siete de mayo del 2001, se
casaron por lo civil y siete meses después Catherine quedó
embarazada.
Los primeros dos años de matrimonio se fueron a vivir a la casa
de sus los padres de Jorge. María Elisa se sentía bien, pero
extrañaba un poco a su familia. A pesar de ello, lograron
acoplarse juntos a esa nueva vida. El 26 de julio del 2002 nació
su hija Isabella. María Elisa recibió un gran apoyo por parte de
sus suegros y de su familia. A pesar de que doña Marina, su
suegra, era muy estricta con el aseo y la limpieza del hogar, le
tomó un cariño muy especial al darse cuenta de la forma en que
María Elisa asumió su responsabilidad de madre, y la madurez con
que llevaba su matrimonio. “Le tocó bastante pesado. Imagínese,
con esa barriga, tener que estudiar y atender al marido”. Lo
único que Jorge asevera al respecto es que se siente “enamorado”
y que su esposa es muy buena madre. “La mejor mamá del mundo
para mi hija”.
Cuando ya estaba terminado el apartamento que habían comprado,
doña Marina y don Alfredo, sus suegros, les ayudaron
regalándoles algunos enseres y electrodomésticos, “Poco a poco
hemos ido decorando el apartamento y cada cosa que tenemos ha
sido comprada con especial cuidado”, afirma María Elisa. Y no es
para menos, viven en un lugar amplio y acogedor.
En los primeros años de casada ella salió unas dos veces con las
amigas y Jorge no tenía problema en quedarse con la niña, pero
su mamá le aconsejó que no saliera sola, pues él se
acostumbraría a estar solo y eso podía afectar su relación.
Cuando llevaban tres años de casados tuvieron una pelea fuerte,
ya se iban a separar. “Son cosas que pasan en todas las parejas.
Convivir con otra persona no se logra de un día para otro, pero
uno tiene que aprender a conocerla y aceptarla”, señala Jorge
con cierta reserva. Fue un tiempo malo en la relación, pero su
mejor amiga, Verónica, la invitó a la consejería de la iglesia
cristiana Rhema Internacional. La persona con la que habló,
Catalina Melo, le dijo que tenía que practicar el perdón, ser
más tranquila y tolerante. Siguió yendo a ese lugar porque puso
en práctica lo que le habían aconsejado, y le sirvió para
mejorar su estabilidad sentimental. De ese problema, actualmente
no queda ni el rastro. Son muy felices y tratan de ayudarse
mutuamente con el trabajo, el estudio y la niña.
El apoyo de la familia, tanto de Jorge como de María Elisa, ha
sido importante para que hoy en día tengan una relación estable.
Además, con la mamá del esposo a favor no hay por qué
preocuparse. Como la misma doña Marina dice “Creo que hemos
tenido una buena relación (risas), ella es la que le tiene que
contar. Dicen que las suegras somos malas y que ni de azúcar
hay”, sin embargo se considera una buena suegra y comenta que
las mamás tienen celos, pero ella procura no sentirlos porque ve
natural el hecho de que los hijos se casen y se vayan del lado
de los padres.
Como fruto de este gran amor está Isabella, su pequeña de 5
años, quien es una “terremoto” apodada Chabis. Ella, con su
dulzura e inocencia, ennoblece el corazón de sus padres,
haciendo que en muchas ocasiones no la castiguen y se conmuevan
ante sus “pucheros”. Ellos están conscientes de lo que significa
ser padres y tener un hogar con buenos cimientos y bases
espirituales, por eso día a día trabajan en la formación de su
hija, haciendo que tenga una buena educación moral, espiritual y
académica.
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