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Ambula la igualdad postmodernista
Por: Jessika Angarita
Escuela de Comunicación Social y Periodismo
(Foto:
http://univerciudad.redbogota.com/ )

Definitivamente cuando uno busca no encuentra, lo comprobé mientras caminaba desde la 74 con 15 hasta el parque de Lourdes tratando de tropezarme con un buen testimonio para relatar.

Rodeada de una multitud de personas que no se percataban de su entorno, continué mi camino rozando miradas, hombros y distribuyendo distancias entre estudiantes, ejecutivos y demás personas del común que en muchas ocasiones actúan por inercia. Pero como lo constante y típico no es atractivo en ninguna de sus presentaciones, por eso decidí rastrear algún habitante de la calle, aquellos que aparecen súbitamente en cualquier rincón de esta monótona ciudad. Vale aclarar que aunque a diario vemos estos personajes, generalmente son ignorados o en su defecto, seres humanos con una esencia invisible ante los ojos de los que carecen de tiempo o compasión.

La variedad de celebridades callejeras es casi infinita, entre los que me encontré, rescato el positivismo de un robusto moreno ofreciendo y publicitando con un moderno amplificador “el filtro mágico universal” que tan solo era un procesador de frutas, sin embargo, debo reconocer que empecé hacer un rápido barrido visual, lo que generó que atrajera mi atención muchos individuos como los ya conocidos mercaderes de “la gafa”, del “libro de moda” o de “la carcasa para el celular”, los loteros que aseguran tener el número ganador, aquellos rehabilitados que hacen rifas o venden diminutas casitas en ladrillo o las mujeres cabezas de familia que venden “golosinas” y que generalmente dibujan en su rostro una sonrisa de esperanza o tal vez paciencia. Sin olvidar, por obvias razones, a los hombres o mujeres que en realidad duermen en la calle, los ancianos, los desplazados, los drogadictos o el mal llamado indigente.

Los rayos del sol eran más penetrantes y aún no había decidido sobre quién escribir, antes de pasar la calle 72 sobre la carrera 15, le pregunté a un señor acerca de la significación del lema -aclarando que sin intencionalidad alguna acerca del propósito mencionado- que tenía el espaldar de la chaqueta que portaba de color amarillo intenso, que decía “Bogotá sin indiferencia”. Con una cortesía inexplicable empezó a persuadirme con una pequeña cátedra de civismo urbano, dónde lo importante –cosa que casi nunca sucede- de la campaña creada desde hace 9 años por el ex alcalde Antanas Mockus, consiste en generar en los ciudadanos ambientes de convivencia e igualdad, así mismo aseguró que su labor social también residía en orientar y dar seguridad a la ciudadanía. Mientras nos daba unas stickers en forma de cebra que tenían una insignia jovial “todos somos peatones, todos somos importantes o V.I.P (va importante peatón)” aclaraba que para poder llegar a cumplir el objetivo de la campaña era necesario ser optimistas, tener carisma y sobre todo regalar sonrisas, cuando señaló estas características recordé a aquella mujer que mientras vendía chiclets y cigarros, tarareaba una canción y se reía. Continué escuchando su testimonio y al finalizar, en un principio creí en la efectividad del proyecto, pero caminé una cuadra más encontrándome con las mismas personas insensibles, incluyéndome, para volver a respirar un aire de pesimismo en cuanto a la igualdad, ya que según la historia mundial, continúa siendo un planteamiento utópico.

Aceleré el paso para llegar al parque de Lourdes, no sin antes contar que por cuestiones de casualidad o coincidencia me encontré con una persona que me “acercó” (según el léxico coloquial) hasta el destino que me llevaría a escribir esto.

Lo primero que encontré fue una feria de artesanos, una diversidad de productos manufacturados junto a un contraste etnológico e ideológico de los vendedores, donde pude vislumbrar unas pequeñas ínfulas de convivencia. “Hola chicas, ¿como están?”, “Mona, ¿qué le gustó?” preguntaban cuando me acercaba a mirar las artesanías en fracciones de segundos, me aburrí de ver lo mismo y me acerqué a la estatua de Antonio José de Sucre e identifiqué aún más el vandalismo ciudadano -en contraposición con la campaña cívica- cuando vi que se habían robado la espada del caudillo militar, quedando sólo con la vaina ¡Ojalá, Sucre pudiera denunciar semejante ingratitud ciudadana!

En el centro de la plazoleta del parque había varios grupos de personas en forma circular visualizando los diferentes espectáculos callejeros, otros leían y otros jugaban o les daban de comer a las palomas, provocando una simbiosis momentánea, ya que como dije anteriormente lo continuo, cansa. Miré hacia mi izquierda y allí estaba una mujer rubia, corpulenta junto a un tablero acrílico, dictando una especie de clase a una mujer que la escuchaba. Tímidamente me acerqué, ya que sobra advertir que muchas veces le cobran a uno hasta por mirar. Sólo una mujer le estaba prestando atención y ella hablaba elocuentemente y con propiedad acerca del “sexo por el sexo” y que el hombre debía evitar caer en el hedonismo, doctrina ética que se caracteriza por identificar el bien como placer sensorial, así mismo, argumentaba que los anticonceptivos degeneraban a la sociedad. Imaginé que era una pedagogía improvisada, es decir, que lo que estaba negando lo estaban haciendo: “enseñar por enseñar”, por eso di la espalda a semejante planteamiento, hasta que mire hacía atrás y llegó lo que no buscaba.

Se me acercó un joven de estatura media alta, trigueño y con aspecto bohemio que llevaba consigo un tablero portátil, un marcador rojo y un práctico borrador, que era una esponjilla verde y con un tono contundente me dijo “¿Quieres conocerte a ti misma?” y mi mente recordó la respuesta inmediata que siempre doy ante cualquier problema o una carencia de saber: “¡esa pregunta es tan difícil como saber quién soy!”, de inmediato me pregunté ¿cómo un desconocido va a decirte el proceso para conocerte?. Del mismo modo, recordé que el hombre toda la vida ha buscado esta respuesta, así que decidí escuchar su teoría, la misma que estaba explicando la mujer que le di la espalda, no sin antes preguntar, como lo hacen mayoría de colombianos: “y esa información ¿cuánto cuesta?” y él en un tono amable dijo: “es gratuita”.

Como si estuviéramos en un ágora de la antigua Grecia, el reflexivo joven empezó su cátedra afirmando que para poder vivir mejor era necesario el conocimiento de sí mismo; “por algo lo diría Sócrates”, pensé. Pero que una de las principales fuerzas que impedían este tipo de conocimiento era la no identificación, es decir, que para poder encajar en una sociedad debes aparentar o imitar un modelo socio-cultural. Pero entonces pregunté que si para vivir mejor era necesario ser un antisocial y él argumentó que debía haber un equilibrio entre la madre emoción y el padre razón y cuando el individuo logre esto se llega a la madurez, por ende a la felicidad. En consecuencia de esto agregó que existen cuatro pasos pera lograr el equilibrio. El primero es educar la mente, el elemento psicológico, según él, hace referencia a sintetizar el conocimiento, es decir, poner en equilibrio el amor y la razón. Además identificó rápidamente que la mente se nutre del entorno y trabaja como si fuera un archivo, que la conciencia está encarcelada por el ego así que debía ser liberada; por esta razón era necesario auto observarse y eliminar ese egocentrismo del que estamos cargados, que según él, equivale al 97 % de la mente. Es por esto que los seres humanos reaccionamos de manera inmediata, generalmente son pensamientos no inteligentes de los cuales nos vamos a arrepentir. Concluyendo así que la primera tarea consiste en volver sabia a la conciencia y madurar a partir de las experiencias.

El segundo paso es experimentar o comprobar a partir de la ciencia, si es que se puede llamar así, ya que es necesario aclarar que no es la que conocemos, sino una esotérica, que habla acerca del desdoblamiento astral e interior y la dimensión de los sueños. Afirmando que la quinta dimensión es la quimérica, donde la mente puede pasar a otra frecuencia o realidad y poder acceder al mundo astral, esto se podría lograr gracias a la meditación. “Si repites la palabra faraón muchas veces, sin quedar dormido podrás desdoblarte, cuando esto sucede el ser mental es unido con el ser astral a través de un cordón de plata”, aseguró. En conclusión, la esencia de vivir consiste en fusionarse con el ser astral y mental, ser sensible ante las cosas y no caer en la no identificación.

El tercer acceso para llegar al auto conocimiento es el arte, entendido como aprender a manejar el sexo. Camilo, el joven profesor de 23 años argumentó esta proposición indicando que el placer no deja ver el amor y que el denominado proceso orgánico -entendiéndose como las energías magnéticas que genera el óvulo y el esperma- produce la atracción provocando un engaño orgánico o caprichoso, es decir, que las células progenitoras se activan para que el individuo satisfaga sus necesidades y descontrole su energía sexual. Por esta razón, el problema humano consiste en confundir el amor con la atracción orgánica, ya que estas también pueden producir sensaciones. Lo cierto es que la mente debe aprender a manejar el deseo, ya que este lleva al egoísmo, al engaño y a la frustración. Finalmente identifica puntualmente que cuando se hace “bien” el amor, el orgasmo trasciende y canaliza la energía en el interior.

Por último, el cuarto punto se centra en el aprender a servir; ser funcionales en la sociedad, controlar la voluntad de manera sabia, verdadera y útil. Por otra lado, se debe practicar la ley del amor recíproco, “si tu das, se te devuelve; si tu siembras, recoges; lo importantes es que hay que saber dar y cosechar, para recibir una recompensa ya sea inmediata o a largo plazo, así sea en una futura vida”, afirmaba Camilo y luego hizo la pregunta que repitió en toda la mini conferencia “¿me hago entender?”. Esa pregunta la remito a la mente del lector.

En resumen, el joven post modernista lo que hace es una fusión de filosofía antigua, con esoterismo, yoga, kamasutra, alquimia, en fin, una serie de elementos que apoyan su pensamiento. Esto no quiere decir que ese sea el correcto procedimiento para conocerse a si mismo, cada quien elige el suyo, pero una válida conclusión de esta crónica radica en que sí hay personas que se preocupan por regalar sonrisas, por ser pacientes, por tener un espíritu cívico, por compartir su conocimiento y por intentar validar la utopía de la igualdad, el ejemplo perfecto se remite a estos dos testimonios de personajes callejeros.

 


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