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¿Una televisión
bien vista?
Por Ismael Iriarte Ramírez
Escuela de Comunicación Social y Periodismo
La
llegada de los canales privados RCN y Caracol, lejos de aumentar
la oferta televisiva, no sólo ha propiciado el excluyente
reinado de las telenovelas y los realities, sino que al
captar la mayor parte la pauta publicitaria, ha condenado al
ostracismo a los canales públicos.
En el artículo “Televisión Industrial, Crisis +
Entretenimiento”, publicado en la edición 68 de la revista
La Tadeo, Omar Rincón define a la televisión como una
industria; esta perspectiva legitima la búsqueda de rentabilidad
como única finalidad del medio, pero deja a la deriva el
análisis de la calidad de los contenidos, aspecto sumamente
preocupante, sobre todo si se tienen en cuenta las parrillas de
los canales privados, especialmente en las franjas más
importantes.
Durante la noche, en el canal RCN, la programación estelar la
constituyen el noticiero de la 7:00, un reality, tres novelas, y
con un dramatizado de corte novelesco. Por su parte, el Canal
Caracol presenta un panorama similar: tres melodramas, dos
realities y un programa de “humor” que no es más que la parodia
de otra telenovela. Durante un día los televidentes son
mancillados con un promedio de 10 horas de producciones de este
corte, además de las casi cinco horas ocupadas por las emisiones
noticiosas.
En resumen en los canales nacionales es imposible (salvo los
interesantes esfuerzos de Señal Colombia) tener acceso a
propuestas diferentes. Es una utopía esperar un programa
periodístico o de opinión en franja Triple A. Si el televidente
está interesado en este género, deberá esperar a la media noche,
lo que entre una población activa obligada a madrugar no resulta
tarea fácil. El sistema actual factura y lo hace bastante bien,
lo suficiente para que la planeación de la programación se haga
con el criterio de un jefe de producción de una fábrica. Cada
vez parece más lejana la posibilidad ver un programa musical, un
magazín, o, Dios libre a los programadores, un documental.
La prevención de enfermedades preocupa profundamente a las
sociedades, programas y publicaciones especializadas que en este
tema son cada vez más comunes y demandados. Pero ¿No es
importante la salud para los colombianos? ¿Son suficientes los
superficiales informes de los noticieros del medio día?
Con frecuencia me pregunto como televidente ¿Por qué se siguen
produciendo toneladas de lo mismo? ¿No existe una fórmula para
que otros géneros sean también rentables? ¿Por qué es tan
difícil cambiar? Hace algunos años, aún con la limitación que
representaba la presencia de sólo tres canales nacionales,
existía una mayor variedad de géneros que, aunque con productos
modestos y en ocasiones artesanales, constituían un loable
esfuerzo por alcanzar una programación más balanceada. Que esto
fuera posible sólo con una pequeña parte del presupuesto que
emplean RCN y Caracol hace pensar que una televisión ideada para
varios públicos y no para una masa uniforme constituye una
verdadera opción.
Ver televisión ya no resulta tan placentero, especialmente para
aquellos que no soportan una telenovela ni un reality más, que
no se sienten identificados, pero que, aún así, no quieren
prescindir del legítimo derecho que representa la televisión
como medio de apropiación de la realidad, reafirmación de la
identidad y aproximación a otras culturas. Claro está, sin
olvidar la función de diversión y entretenimiento.