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Yopal- Casanare, tierra llanera.
Un
recorrido por el llano
Vivian Paola Ladino
Comunicación Social y Periodismo
foto: Ernst Luhrs
http://www.fifthseasonmagazine.com/theregion.html
La
mamona, la música llanera, y el coleo son la esencia de un
pueblo que lo hace único en toda Colombia e interesante para
visitarlo.
“Ay! mi llanura, embrujo verde donde el azul del cielo se
confunde con tu suelo
en la inmensa lejanía. En la alborada el sol te besa y del
estero al morichal
hienden las garzas el aire que susurra en las palmeras un canto
de libertad”, suena la voz aguda de un cantante en el radio del
carro en el que nos dirigimos a El Garcero.
- Bájale un poco a la música-, le digo a mi hermano.
- OK -, contesta él y disminuye el volumen de la interpretación
de quien algunos consideran el mejor cantante de música llanera,
a pesar de que a mí particularmente no me gusta.
Mientras Arnulfo Briceño, continúa cantando las nostalgias de
los llanos nos orillamos a un lado de la vía, tres kilómetros al
occidente de El Yopal, la capital de Casanare, y un kilómetro
después de haber pasado por un túnel natural compuesto por una
serie de árboles que se inclinan sobre la carretera, para
observar uno de los principales sitios turísticos del
departamento. En medio de una gran extensión café compuesta por
yopos, gigantescos árboles de troncos y raíces gruesas
que le dan su nombre a la ciudad, hay un espacio del tamaño de
una cancha de tenis donde los árboles han perdido sus hojas.
Decenas de garzas,
unas aves delgadas de patas largas, se posan sobre ellos
cubriendo cada centímetro de sus desnudas ramas, creando un
refugio de un blanco intenso y brillante, como el que uno supone
en la manta de Jesús, que a mí, cada que lo veo, me produce una
gran tranquilidad.
Mientras algunas garzas, que a lo mejor quieren ver el panorama
desde un lugar más privilegiado que el mío, dan vueltas
alrededor de El Garcero, yo me siento relajada, como si el aire
fuera más puro en ese lugar, a pesar de que el agua de la
pequeña laguna donde las aves beben, apoyadas sobre una sola
pata, no es transparente sino verde, debido a la lama.
- Nos vamos-, dice mi hermano, sacándome del transe en el que el
blanco espectáculo me ha tenido durante la última media hora.
-Mira la hora que es.
Observo mi reloj, son las 5:30 de la tarde y el sol, de color
naranja, se oculta detrás de las montañas.
Casi tres horas más tarde, después de cambiarnos de ropa y
encontrarnos con mi papá y mi mamá, estamos en la Hacienda, una
de las mejores discotecas de la ciudad. Es una construcción
grande, semejante a una casa, con techo de palma y paredes
cubiertas de costales, a 10 minutos de El Yopal, por la vía que
conduce a Bogotá.
- Parientico, ¿cómo le va?-, saluda mi papá a grito entero, como
saluda casi todo el mundo en Yopal (el uso ha terminado por
quitarle el artículo).
- Muy bien, gracias Don Jairo –, responde el administrador, un
hombre alto, blanco y delgado, de cabello negro muy corto, como
los que uno ve en el ejército, vestido con pantalón negro, una
camisa azul y cotizas, una especie de sandalias completamente
hechas en cuero que forman parte del vestuario típico de la
región.
- ¿Qué van a comer?
- Una picada llanera -, responde mi papá.
Casanare está ubicado en el medio de los llamados llanos
orientales colombianos, entre los departamentos de Meta y
Arauca, fronterizo con Venezuela. Una región caracterizada
porque tiene el ganado como base de su economía.
Una picada llanera es una mezcla de carne de cerdo, chivo y res,
con papa, plátano asado, yuca, rellena (el intestino grueso de
la res relleno de arroz, papa y trozos de carne, todo mezclado
con sangre, que sabe mucho mejor de lo que podría parecer por la
descripción), y tungo (una especie de pastel de arroz envuelto
en una hoja de plátano), todo acompañado por chicha u mazato, el
producto de la fermentación del maíz, la una, y el arroz, el
otro.
A la izquierda de donde estamos comiendo nuestra picada, un
grupo de música llanera se prepara para presentarse. Son cuatro
hombres completamente vestidos de gris. Sombrero, pantalón
arremangado y chaqueta de manga larga abotonada hasta el cuello,
que no permite ver la sencilla camisa blanca, también de manga
larga, a pesar de los por lo menos 30 grados centígrados, a la
sombra, que podrían estar padeciendo en esos momentos. Este
traje típico se le llama comúnmente en el llano liqui liqui.
Esta pinta “pija” (autóctona) está complementada por
cotizas en los pies, y en las manos los instrumentos típicos de
los llaneros: el cuatro, una especie de guitarra pequeña con
sólo cuatro cuerdas; el arpa, un instrumento de mas o menos un
metro de alto con 30 cuerdas, similar al que tocan los
querubines en las tiras cómicas, y, finalmente, las maracas, que
quizás por lo pequeñas parecen fáciles de tocar, pero hacer que
los granos de arroz suenen al compás de todos los instrumentos
tiene su ciencia.
El arpero, un muchacho de unos 27 años, tez trigueña, alto,
flaco, y de uñas bastantes largas, necesarias para tocar bien el
arpa, empieza la presentación. El cantante, de tez morena, bajo
y gordo, da un grito típico, un sonido agudo que dice
fuertemente: “aaaaaaaaaaahhhhh. ¿A quién no le va a gustar estar
bien enamorado de una muchacha bonita buena por los cuatro
lados? Se siente uno el más machote que esta tierra haya
pisado”. Escuchar un grupo de música llanera es escuchar toda
una armonía musical, nada que envidiarle a los grandes grupos
musicales de la salsa, el merengue o el vallenato. Ya esta en la
pista mi hermano con mi mamá zapateando duro esas cotizas contra
el piso, levantando polvo, es que el baile llanero son pasos que
se hacen adelante y atrás.
Son las dos de la tarde estamos en la manga de coleo, una
especie de pista, es el sitio donde se practica el deporte
típico de los llaneros, el coleo. Mide aproximadamente 300
metros de largo por doce de ancho, es totalmente descubierta,
dentro de ella el piso es pura tierra para que a la hora de
colear los animales no se maltraten.
A su alrededor hay graderías para los espectadores, miden 3
metros de alto, hechas de cemento, las cercas son en tubo
metálico de color blanco y estas permiten que la vaca no se
salga de la manga. Hay gran afluencia de público creo ver cerca
de 1500 personas, es que esté deporte reúne mucha gente para su
entretenimiento.
Ya empezó el espectáculo, el locutor que está narrando el coleo
desde un palco de palmas, al lado izquierdo de las graderías
donde estoy sentada, dice que va a salir el primer coleador.
Logró ver a este sujeto esperando en la puerta del corral, es de
apariencia fornida, debe medir cerca de un metro y setenta y
cinco centímetros, tiene un pantalón azul con una camiseta de
color rojo, lleva un sombrero blanco, unas botas color café.
El caballo en el que está montado el coleador de tez morena, es
grande, aproximadamente un metro con setenta centímetros, de
color café oscuro, tiene en sus patas unas rodilleras de color
rojas que lo hacen ver de clase y muy hermoso. Es que los
caballos a mí parecer son la mejor creación de Dios ya que son
estas bestias un instrumento de trabajo en el campo, cuando se
está trabajando con ganado o para movilizarse de un lugar a
otro, cuando no hay caminos para meter carros o motos.
La puerta del corral donde esta esperando el coleador, es de
color verde, mide alrededor de un metro con cincuenta
centímetros por un metro y cincuenta, está ubicado al inicio de
la manga y es allí donde va a salir la vaca que le corresponderá
colear.
“Salió la res”, grita el locutor, viene a toda velocidad, este
señor montado en su caballo sale detrás de ella para alcanzarla
y poderle coger la cola y así tumbarla para realizar el mejor
puntaje. La manga de coleo se divide en 4 zonas: la primera es
la de preparación, se cuenta a partir de la salida del corral y
tiene cincuenta metros. Quien tumbe el toro en esta zona tiene
el mayor puntaje, 20 puntos. Las siguientes zonas de cien metros
cada una se destinan propiamente para colear, y el puntaje para
la coleada decrece en la medida que se tumbe el toro en los
primeros cien metros o después de estos, ya sea 15 o 5 puntos.
La última zona no es para colear, y se sanciona a quien tumbe el
toro allí. Se llama zona muerta y tiene cincuenta metros
El coleador impulsado en su caballo, ya tiene en sus manos la
cola de la res, la tumba y le da vuelta campana (un bote el
piso), en primera zona lo que significa que tiene 20 puntos.
Sale el segundo coleador, un hombre te tez blanca, flaco como de
unos 40 años, corre en su caballo blanco, se nota que éste
animal esta bien cuidado por las piernas tan gruesas que tiene
lo que significa que se alimenta bien, éste tipo estira su pie
para cogerle la cola, la cogió, está tomando fuerza con su
caballo para hacerla caer, lo hace pero ya en la segunda zona.
Ésta es otra manera de colear, con el pie.
- que campanilla señores y señoras; dice el locutor.
Una campanilla es una caída de doble vuelta que provoca el
coleador en la vaca y da como puntaje 15 puntos.
Son las 5:00 de la tarde, se esta acabando el espectáculo, y mis
papás me dicen:
- vamos al parque a comer un raspado
- Le contesto: Vamos
Mientras salimos puedo percibir el olor de este lugar, es el de
mierda de ganado con olor a pasto, es un olor raro e
indescriptible.
Estamos en el parque central de Yopal, tomando un delicioso
raspado: hielo granizado chorreado de aguas de colores
(amarillo, azul, verde y rojo) que tienen un sabor dulce, y va
acompañado de leche condensada y sabe delicioso. Este es el plan
de las tardes domingueras de los moradores de Yopal, refrescarse
con un buen raspado para la sed.
El parque está localizado en el centro de la ciudad, esta
pintado de color verde con amarillo, exactamente los mismos
colores de la bandera de Casanare. Es de aproximadamente 50
metros, tiene como 15 zonas verdes, donde hay varias palmas
gigantes, árboles muy grandes, uno de ellos es el yopo,
que es el más grande y antiguo, estamos precisamente a la sombra
de este árbol tomando el raspado tranquilamente.
Mientras tomamos el raspado, al frente observo la catedral San
José, la iglesia central de Yopal, lo es, porque desde la
fundación de Yopal, hace ya más de 40 años fue
institucionalizada por la gobernación. Está Iglesia esta pintada
de color azul con blanco, mide cerca de 20 metros de alto por 15
metros de ancho, y caben como unas 1000 personas.
Decidimos irnos ya a la casa porque se está anocheciendo, y ya
es hora de cenar, aparte porque sólo me quedan unas cuantas
horas para marcharme a Bogotá. Llegamos a la casa y mi mamá nos
sirve flautas, unos de los mecatos más apetecidos por los
jóvenes de Yopal, las flautas son una especie de masa larga
rellenas de carne, pollo, jamón, queso, piña entre otros
alimentos, que saben exquisito para degustarse.
Ya es hora de marcharme, mientras me despido de mi familia
escucho la canción preferida de mi hermano, la del Cholo
Valderrama, llamada: “Quita risueños”, que dice: “Un domingo
nací yo, un lunes me bautizaron, un martes supe de amores, un
miércoles me casaron, un jueves dormí con ella, un viernes le di
unos palos, un sábado se murió y el domingo la enterramos, ¡que
viva el llano no joda!”.
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