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Carta abierta al señor
picaporte
Sergio Ricardo Peñaranda
Escuela
de Comunicación Social y
Periodismo
A Ricciu, Vale, Angélica y
Aleja.
"Lo que me fastidia es
que digas que mis ideas son
lúcidas, porque si algo no
tienen es de lúcidas. Tengo
muy pocas ideas, yo no sé
pensar... cualquiera me gana
una discusión"
Julio
Cortázar
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Foto: Néstor Botta
Cortesía
www.fotoma.com.ar
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Una,
dos, tres... ocho, nueve baldosas. Nueve baldosas
separan mi cuarto del de ella, del de mi hermana.
Son nueve baldosas, marcadas por unas tenues líneas
oscuras, similares a las venas del cuerpo, las que
me separan de ti, picaporte. Eres la extensión de
una puerta, podríamos decir que eres un brazo y que
la puerta de madera es tu cuerpo. Podríamos decir
que estás fracturado puesto que estás dañado. Te
encuentras afuera de la puerta pero a la vez dentro,
oscilas entre tu posición habitual y un extraño
estado de picaporte destartalado. Cuando mi hermana
cierra tu cuerpo en un acto común de protección de
la intimidad no hay nadie que te abra, sólo ella,
que anda con la llave que permite descoser tu cuerpo
de una de las paredes de su cuarto. Esa llave, que
provoca un sonido poco armónico, es la única que
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puede hacer que funciones, que cumplas
con el objetivo para el que te crearon.
¿Qué se siente ser un picaporte que no funciona? Debería
darte vergüenza considerar que eres el único de la casa que
no trabaja de manera adecuada. Pero sirves para otra cosa:
cada vez que haces escándalo sé que mi hermana puede estar
cerca, eres como una alarma que me avisa de sus salidas o
entradas. Pero esa misma ventaja se convierte en un defecto
cuando intento dormir. Ese mismo escándalo viaja a través de
las nueve baldosas, sube por mis cobijas y llega a mis oídos
de manera espantosa. Despierto asustado y pienso que si es
quebrantada mi tranquilidad de esa forma soy un ser
profundamente desgraciado. Mi impotencia ante tu terquedad
crece y sólo tengo ganas de tomar un martillo, un hacha,
cualquier cosa y terminar tu incertidumbre de picaporte semi
– dañado para siempre.
Espero entiendas mis razones y podamos
llegar a concertar una salida pacífica. No quisiera
desesperarme. Mi carácter obsesivo, que pretende que cada
cosa esté en su sitio, seguramente es el que se ha
obsesionado con este tema. Recuerdo cuando eras un buen
picaporte, cuando te deslizabas con algún leve chirrido sin
menor problema, haciéndonos la vida feliz a todos. Me
fascinaba pasar el umbral de la puerta de mi hermana sin que
se demorara (como ahora) varios minutos en abrir... Hasta
que llegó el momento fatídico para mí. Un movimiento brusco
de mi hermana te dislocó y aprovechaste, en forma de
venganza, para dejarla encerrada, en un acto demencial de
secuestro, es más, de terrorismo.
Picaporte, quisiera que te limitaras a
hacer tu trabajo de manera común, ya que lo extraño a veces
resulta incómodo. Trabaja como trabaja un picaporte, gira
suavemente y deja que yo pueda tener un momento de reposo
sin tener que acordarme de tu existencia a nueve baldosas de
mi cuarto.
Gracias Señor Picaporte
Cordialmente
Su vecino
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