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cultura
Borges, el arrabalero y cuchillero
Por:
Edison Monroy
Comunicación Social
Universidad Sergio Arboleda
A pesar de que hace 20 años dejó este mundo, Jorge Luís Borges
–uno de los mejores y más reconocidos escritores
hispanoamericanos- no deja de cautivar con sus historias a los
lectores de todas las edades y procedentes de cualquier parte
del mundo. En esta ocasión, este escrito presenta un breve
análisis sobre uno de sus cuentos más celebres: “Hombre de la
esquina rosada”.
Como
los buenos artistas, Jorge Luís Borges como escritor fue
reconocido por mostrar distintas facetas, períodos o caras de
los temas que trataba en sus cuentos y por ende, también de los
protagonistas y ambiente donde se desarrollaba el mismo.
Así es como en el cuento “Hombre de la esquina rosada”
–narración a analizar- se puede observar el Borges de pueblo, el
porteño amante del tango y la milonga; aquel personaje del común
que gusta de las riñas y de los prostíbulos. Es ante todo, un
Borges que en cierta forma parece querer alejar esa imagen de
sujeto erudito y culto, para mostrar una apariencia más cercana
a la realidad tanto del lector como de su entorno, es decir, a
un universo que no le es ajeno.
De esta inclusión a este mundo, surge el descubrimiento de un
flagelo que está presente en esta sociedad: la infamia. Así
surge “Historia universal de la infamia” -publicado por
primera vez en 1935- nombre que lleva el libro de cuentos en
donde se incluye “Hombre de la esquina rosada”. De esta manera,
se puede afirmar que esta es una recolección de historias que
describen todo lo que el autor percibe dentro de ese contexto.
Pasando al caso concreto del cuento a tratar, lo que más atrae
de la historia es la forma como se narra o más bien como se
habla, pues este relato es como escuchar las historias -la
mayoría de veces enaltecidas por tintes ficticios- que suceden
en el diario vivir de cualquier persona del común.
Por eso mismo, el narrador le describe a un Borges oyente, una
historia de la cual él es testigo, cómplice y autor. Todo esto
es plasmado en un lenguaje propio del narrador el cual es
compuesto por palabras arrabaleras, ordinarias, toscas y
rústicas. Éste es llamado por el mismo Borges como orillero.
Ahora, es a partir de algo tan simple como lo es el lenguaje,
que se puede percibir el ambiente y tiempo en donde se
desarrolla la trama de la historia: un barrio popular de una
Buenos Aires rural que puede ser ubicada en los finales del
siglo XIX o principios del XX –fecha que se acopla al nacimiento
del autor, 24 de agosto de 1989-.
Es de este ambiente que surgen los personajes principales del
cuento. En primera instancia se tiene a Rosendo Juárez, más
conocido como “el Pegador”. Él representa al gamonal, al
cacique, al duro del barrio; a aquel personaje querido por
algunos, admirado y respetado todos, pues Juárez dado sus
hazañas realizadas con el puñal, con el sólo caminar hace
temblar a cualquiera que sepa de él. No obstante, ante una
situación extraña, en la que un forastero llega a retar al
Pegador, éste reacciona cobardemente, por lo que huye para
desaparecer casi por completo del resto de la historia.
En este sentido, hay que presentar al osado retador. Su nombre
es Francisco Real y es descrito como un tipo alto y fornido
proveniente del norte de Argentina. Su mote es el “Corralero” y
es una persona que se jacta de su poder, por lo cual quiere
derrotar y humillar a todo aquel que tenga fama de ser más
varón.
Sin embargo, de la misma confianza en si mismo nace la condena a
muerte de Real, muerte que es cobrada por el hombre de la
esquina rosada, quien es nada más y nada menos que el
narrador-protagonista. De él se puede deducir que es un
hombrecillo de bajo perfil y más bien percibido como
insignificante. Empero, en realidad es una persona que defiende
todo atento contra sus ilusiones y sus ideales, que en este caso
es la grandeza que representaba para el Rosendo Juárez.
“El autor de la muerte no puede ser considerado "asesino": no
tiene rencor, no lo motiva la pasión, simplemente cumple con su
deber como verdugo, mata a quien mató a su ídolo. Mata a quién
mató sus ilusiones, sus míseras esperanzas de ascenso social y,
aunque simultáneamente demostró que podía ocupar el sitial de
"guapo" que junto con la vida perdiera su referente, nos enseña
que tampoco esa era su intención” (1) ,
analiza Oscar Bianchi acerca de la actitud que toma el
narrador-protagonista.
Como un último personaje importante dentro del cuento, se puede
nombrar a la Lujanera, una mujer que pese a su condición de
prostituta, es la miembro de su género más bella que hay en el
lugar. Por esa razón es codiciada por cualquier hombre, pero
ella sólo está junto al más poderoso, es decir, en un principio
Juárez y luego Real. Es así como a causa de esta compañía por
conveniencia es que la Lujanera termina convirtiéndose en la
única visible testigo de la muerte de Real. Asimismo, tal vez de
lo viso por esta mujer es que surge el nombre de la historia,
pues ella vio a un desconocido, un hombre, pegarle la puñalada
al Corralero.
Por otro lado, hay que aclarar que un punto vital en la historia
es que la vida entera de estos atractivos personajes se reduce a
tres o cuatro escenas, lo cual deja al descubierto una
utilización de una continuidad casi ininterrumpida.
De esta forma es como se puede concluir afirmando que el cuento
“Hombre de la esquina rosada” es una suma de elementos
perceptibles, los cuales son dependientes uno de el otro por lo
que se caracterizan por tener una función única e importante
dentro de la misma historia. En síntesis, el relato puede ser
observado como un intento de Borges por mostrar que hasta en un
ambiente rural y basto, cualquier individuo, pieza o cosa es
importante en el desarrollo de un hecho.
1.
En:
http://www.todotango.com.ar/spanish/biblioteca/cronicas/jlborges.html
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