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Sábato, surrealismo y literatura
Por: Sergio Ricardo Peñaranda
Comunicación Social
Universidad Sergio Arboleda
Si no es ahora, ¿cuándo,
cuándo se pierde el juicio?
Respondedme, loqueros, relojeros
Ya no hay locos, amigos, ya no hay
locos.
Se murió aquel manchego,
aquel estrafalario
fantasma del desierto,
Todo el mundo está cuerdo,
terrible,
monstruosamente cuerdo.
León Felipe
Luego
de haber leído Sobre héroes y tumbas, y el famoso Informe
sobre ciegos en esa novela, es posible advertir que el autor
se mueve a lo largo del inconsciente humano para lograr la
expresión artística, o como él le llama, “aquél intento por
eternizar lo sublime”. En El Túnel, las pesadillas de Juan
Pablo Castel dan cuenta de la forma en que las visiones
oníricas son manifestaciones válidas del pensamiento humano.
En Abaddón el exterminador, es posible admirar nuestro
mundo, destruido y colmado de maldades e injusticias creadas
por la razón. Todo esto lleva a una palabra: surrealismo.
En 1938, el escritor Argentino Ernesto
Sábato viaja a París para estudiar radiaciones en el
laboratorio Curie y allí tiene contacto con un grupo de
artistas surrealistas, entre ellos, Oscar Domínguez, el
famoso pintor español. Luego, en su regreso a Buenos Aires
sufre una crisis que lo lleva a cuestionarse, y a abandonar
la ciencia. Desde ese momento, Sábato se dedica a la
literatura y a la pintura. Sus novelas se convierten
entonces en una expresión del inconsciente y una evidencia
de la angustia del hombre inconforme con la realidad, lo que
evidencia la influencia surrealista en su arte.
El surrealismo surge posterior al
dadaísmo, movimiento que intentaba romper todas las
convenciones del arte tradicional. André Bretón, quien
participó de una manera activa en movimiento, se desvincula
de él y firma, junto con otros artistas, el Primer
Manifiesto Surrealista, en el que definen el movimiento de
esta manera: “Automatismo psíquico puro por cuyo medio se
intenta expresar verbalmente, por escrito o de cualquier
otro modo, el funcionamiento real del pensamiento. Es un
dictado del pensamiento, sin la intervención reguladora de
la razón, ajeno a toda preocupación estética o moral.”
En esa definición se encuentra el
elemento más representativo del surrealismo: la expresión
del pensamiento sin la necesidad de la intervención de la
razón. En la literatura de Sábato se observa claramente este
supuesto:
“...no es razonable mantener esperanzas
en este mundo en que vivimos. Nuestra razón, nuestra
inteligencia, constantemente nos están probando que ese
mundo es atroz, motivo por el cual la razón es aniquiladora
y conduce al escepticismo, al cinismo y finalmente a la
aniquilación. Pero, por suerte, el hombre no es casi nunca
un ser razonable”
En su primera novela, El Túnel, el
personaje paranoico y celoso que es Juan Pablo Castel está
acosado por la razón, que es la que genera la destrucción
del hombre, lo que lo lleva al crimen y a su propia
desesperación. Bien lo dice el comienzo del manifiesto
surrealista: “"Tanta fe se tiene en la vida, en su aspecto
más precario, en la vida real, naturalmente, que la fe acaba
por desaparecer" ; sin embargo, el elemento salvador del ser
humano es aquello que está más allá de la razón, quiere
decir, el proceso real del pensamiento.
Otra manifestación del menosprecio por
la razón se descubre en Antes del Fin: “Todo corrobora que
en el interior de los tiempos modernos, fervorosamente
alabados, se esta gestando un monstruo de tres cabezas: el
racionalismo, el materialismo y el individualismo.
Ese racionalismo es hostil a la
expresión artística e impide una creación sublime, lo que
hace que el realismo literario sea mediocre como producción
estética. Contradiciendo este supuesto surrealista, Sábato
reivindica figuras que la historia a denominado realistas
como la de Dostoievski:
“...este escritor abría las puertas de
la literatura de hoy en las Memorias del Subsuelo. No sólo
se rebelaba contra la trivial objetividad del burgués sino
que, al ahondar en los tenebrosos abismos del yo encuentra
que la intimidad del hombre nada tiene que ver con la razón,
ni con la lógica, ni con la ciencia, ni con la prestigiosa
técnica.”
A pesar de la aparente contradicción con
el planteamiento surrealista, Sábato dice algo importante:
“Los abismos del yo se encuentran en la intimidad del
hombre, lo que no tiene nada que ver con la razón”. Ese Yo
va a ser relevante en todas las obras del escritor
argentino, esa búsqueda de lado oscuro del hombre, en donde
se encuentran las contradicciones más grandes, es en donde
la estética más sublime surge. Sábato explicaba en una
entrevista transmitida por Señal Colombia que su arte, su
literatura y sus pinturas, surgían de los más oscuro de él,
que para escribir o pintar son necesarias dos cosas
fundamentalmente: ser una mezcla entre niño y adulto y no
darle tanta importancia a la inteligencia, sino al instinto,
al inconsciente.
Otra manifestación surrealista en Sábato
se evidencia en Abaddón el exterminador, en donde el autor
mismo es un personaje de Sábato, y en donde la estructura
lógica de la narración no es tan evidente. Allí, se puede
evidenciar la actitud surrealista que debe tomar el artista:
la actitud realista desaparece y da paso a la imaginación,
la única que puede permitir al hombre extasiarse en la
libertad. Esta obra no sigue un hilo conductor claro, sino
que cuenta varias historias a la vez, y da cuenta de las
obsesiones que tiene Sábato con sus dos novelas anteriores:
Sobre Héroes y Tumbas y El Túnel. El personaje, el mismo
Ernesto Sábato, observa en las calles a los protagonistas de
sus novelas, situación que funde la realidad con lo
imaginario.
En esa misma novela las visiones
oníricas son relevantes. Bruno, uno de los personajes, tiene
una revelación de la tumba de Sábato: Quiso ser enterrado en
esta tierra con una sola palabra, PAZ . Allí Bruno empieza a
hacer una reflexión acerca de él y su papel como artista:
““Porque el arte es una manera de eternizar aquellos
momentos de amor o de éxtasis, porque todos estamos solos o
terminamos solos algún día (...); porque la vida es un
perpetuo desencuentro...” Entonces, notamos que para
enfrentar esa soledad y ese eterno desencuentro es necesario
el arte.
“El surrealismo enlaza con el
pensamiento mágico” , una frase que se relaciona
directamente con la visión que tiene Natalicio Barragán al
inicio de Abaddón el Exterminador, cuando sobre su cabeza se
alza un monstruo de color rojo, inicio del infierno de
Abaddón. Una imagen mágica, proveniente desde la mente de
Natalicio, o desde las sórdidas calles de Buenos Aires, es
una manifestación de la tendencia del escritor argentino a
enlazar algunas imágenes literarias con imágenes
fantásticas.
Cuando Sábato se refiere a su biblioteca
no deja de nombrar sus libros esotéricos. En Antes del fin
explica que siempre estaba en la búsqueda de los abismos del
yo a través de la pintura y la literatura, y muchas de las
respuestas encontradas en el arte se añaden a las halladas
en los libros esotéricos. El esoterismo es una de las muchas
direcciones que tomaron los surrealistas. Veamos lo que nos
dice Durozoi y Lecherbonnier:
“El esoterismo, con su literatura
simbólica, sus visiones alegóricas, sus técnicas a la vez
místicas y empíricas, tienden a recuperar la perfección
original, mediante su culto a la Gran Obra, su esfuerzo por
regenerar la materia y los seres”
Estos elementos nombrados son claramente
utilizados por los artistas surrealistas, y por ende, por
Sábato.
En el surrealismo se cree que puede
haber una comunicación entre subconscientes, una relación
telepática. Puede ser una de las razones para que Juan Pablo
Castel piense que desde hace muchísimo tiempo conocía a
María Hunter. También puede ser uno de los motivos por los
cuales en Sobre Héroes y Tumbas, Martín cree que conoció a
Alejandra en otra vida, o una razón por la cual él sale como
un autómata hacia la casa de ella después de que ésta se
suicida, como si ella lo llamara de alguna manera. En estos
personajes vemos una relación no explícita, una comunicación
que no es precisamente directa, pero que es completamente
válida como proceso humano.
Después de este somero recorrido por la
literatura de Sábato relacionándola con el movimiento
Surrealista podemos decir que en el arte y en la vida de
Sábato, aquel movimiento tuvo una importancia especial, ya
que se ve manifestado en toda su obra. Influencia que
comenzó en Francia, de allí el escritor argentino sacó gran
parte de los argumentos en contra de la razón para la
expresión artística y su concepto de inconsciente para la
creación estética.
Debemos decir también que estos rasgos
surrealistas en la literatura de Sábato se ven mezclados con
otros movimientos. La causa de esto es que Sábato fue toda
su vida un rebelde, alguien que no podía soportar casarse
con algo por mucho tiempo: en su adolescencia entró a
participar en el Anarquismo y simpatizó con la izquierda, y
entró en contacto con los surrealistas, para luego hacer un
híbrido con una cantidad de pensamientos y movimientos.
Para terminar, ¿qué propone Sábato
frente al imperio de la razón? Una pregunta que quizás
requiera otro texto, pero que referiremos brevemente, ya que
nutrirá la conclusión de este tema. Podemos abordar esa
pregunta desde dos perspectivas: desde el Sábato joven y
desesperanzado, o desde el viejo y esperanzado. La primera
perspectiva, que corresponde aproximadamente a la etapa de
publicación de El Túnel (1948), Hombres y Engranajes (1951),
Heterodoxia (1953), nos diría que el hombre corre
absurdamente hacia la nada por causa de la razón, que no
logrará salir de la crisis que atraviesa. La segunda
perspectiva, que corresponde a la etapa de publicación de La
resistencia (2000), nos explicaría la necesidad de tomar
responsabilidad sobre este mundo, que la globalización, hija
del racionalismo y el materialismo, puede ser combatida
desde nuestros mismos hogares. “No hay que pensar que el
desastre está afuera...” nos dice en Antes del fin para
instarnos a combatir, pero esa lucha es hecha con unión y
paz entre los hombres. Quizás Sábato aún piense en esas dos
perspectivas, él siempre ha dicho que existen momentos en
que una fe delirante se apodera de él, y otros, en los
cuales la desesperación y la angustia por un mundo acéfalo y
desconsiderado lo agobian. Sin embargo, como él mismo dice:
“La esperanza prevalece”
Sería adecuado concluir con una pequeña
cita del escritor argentino:
“Cuando el ser humano no anhela combatir
más contra los molinos, algo irremediable se apodera de su
alma”.
BIBLIOGRAFÍA
BRETÓN ANDRÉ, Primer Manifiesto
Surrealista, en
http://www.isabelmonzon.com.ar/breton.htm
SÁBATO ERNESTO, Abaddón el Exterminador,
Seix Barral, Barcelona, 2006
SÁBATO ERNESTO. El escritor y sus
fantasmas, Seix Barral, Barcelona, 2000.
SÁBATO ERNESTO. Antes del Fin, Seix
Barral, Barcelona, 2002.
DUROZOI, Gerard, LECHERBONNIER, Bernard,
El Surrealismo, Punto Omega, 1974.