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Travesía
por la Guayana venezolana.
La Venezuela desconocida.
Por:
Alberto Fernández Escuela de Comunicación y Periodismo
Semestre VI
Tierra rojiza como la terracota, cielo despejado y
sol brillante, un calor casi infernal y la deslumbrante
belleza de la naturaleza tropical que solo es superada por
la alegría de su gente, así es la Guayana venezolana.

Lejos
de los campos petroleros, los grandes edificios y lo cosmopolita
de la gran Caracas, las reinas de belleza y las paradisíacas
playas caribeñas está Guayana, en el sur-oriente de Venezuela,
una de las formaciones rocosas más antiguas del mundo, alejada
del resto del país y desconocida por muchos, pero una vez que se
conoce no se puede olvidar por su gran belleza natural y la
particularidad de su gente.
La travesía comenzó en Ciudad Bolívar, “la puerta del sur”, a
orillas del imponente rió Orinoco. Su pasado colonial y
republicano la ha hecho famosa pues conserva intactos edificios
que datan de su fundación en 1595 y porque fue aquí donde Simón
Bolívar redacto y pronuncio el discurso del congreso de
Angostura, donde entre muchas cosas creo la Gran Colombia.
El casco histórico de la ciudad está nominado ante la UNESCO
candidato a
ser declarado patrimonio de la humanidad y es el eje central de
toda la actividad turística. El mejor sitió para comenzar a
recorrerlo es la actual Plaza Bolívar, donde nació la ciudad. En
el centro el libertador y a su alrededor otras cinco estatuas de
hermosas mujeres que representan las naciones bolivarianas. A
los costados está la casa de El Congreso de Angostura, la
Catedral de estilo barroco americano de color amarillo pálido y
la casa de los gobernadores de la colonia.
Calles empedradas, casas pintadas con colores
vivos que
contrastan con lo blanco de las molduras de sus ventanales,
plazas adoquinadas y varios museos son algunas de las cosas del
casco histórico de Ciudad Bolívar que encantan a turistas
europeos y asiáticos que caminan despreocupados disparando sus
cámaras digitales. Muy cerca está El paso Orinoco, punto
comercial y de encuentro de los bolivarenses, atestado de
puestos ambulantes y música a todo volumen.
Caminar por el paso Orinoco es tener la posibilidad de ver
personas de diferentes razas, colores y orígenes. Es común ver
turcos que no son otra cosa que emigrantes o hijos de libaneses
o sirios, indígenas, colombianos, algunos europeos pero sobre
todo negros antillanos.
Los guayaneses son personas muy musicales, mientras caminan es
común verlos cantando y hasta bailando; no hay limites para sus
gustos, escuchan desde merengue, salsa, joropo y vallenato hasta
el calipso, ritmo de origen antillano que entró a esta región
por los inmigrantes trinitarios y que en la actualidad es
considerado la música típica de Guayana.
Junio fue un mes especial para Venezuela y mas aun para el
estado Bolívar, pues por primera vez se jugaba la Copa América
en este país y Ciudad Guayana era sede de varios encuentros por
ser el centro urbano más importante del estado; asombra por su
modernidad y planeación, propias de una ciudad joven creada en
los años 50 como punto estratégico para el desarrollo de las
industrias pesadas del hierro, aluminio y la hidroelectricidad.
Esta conectada a Ciudad Bolívar, la capital, por una autopista,
por lo que es muy fácil y rápido llegar a ella.
El día en que llegué a Ciudad Guayana se jugaban dos partidos de
fútbol, y aunque no estaba en mis planes ir a los juegos, la
oportunidad de ver a la selección de Brasil en acción, hizo que
me dirigiera al estadio Cachamay, una enorme mole de concreto
con capacidad para 45 mil personas sentadas, y comprar a los
revendedores una boleta por 150 mil bolívares, algo así como 75
mil pesos al cambio.
Antes del juego un desfile de trajes típicos ecuatorianos,
banderas chilenas, sombreros mexicanos, grupos de zamba y
camisetas del seleccionado venezolano se tomaron literalmente el
estadio. El juego de fondo fue Chile frente a Ecuador, y digo
esto porque casi todos los asistentes querían ver cómo Brasil le
ganaba a México. Pero esto no sucedió, los mexicanos anotaron
dos goles en el primer tiempo que acallaron los tambores de
zamba y no le dieron el gusto a los venezolanos de ver ganar a
la verde-amarela, tan popular en ese país.
Ciudad Guayana es una urbe de mas de 700 mil habitantes y ofrece
sitios únicos dentro de su área urbana, como es el caso del
Parque metropolitano la llovizna, un complejo de islas cubiertas
por vegetación tropical formadas por el rió Caroní, que
atraviesa la ciudad, y que tiene como atractivo central un salto
de agua de 20 metros de donde se precipitan infinidad de gotas
de agua que son arrastradas por el viento formando un
refrescante rocío que contrasta con la humedad del lugar.
Mas al oriente esta Alta Vista, el sector residencial y
comercial más popular de Ciudad Guayana y donde se encuentra el
Centro Comercial Orinokia Mall, que sorprende por su moderno
diseño al mejor estilo estadounidense, sus 350 locales
comerciales, los amplios pasillos, el sistema de aire
acondicionado, las facilidades para minusválidos pero sobre todo
por la cantidad de personas que diariamente lo visitan, algo muy
contradictoria para un país que transita por el socialismo y que
rechaza cualquier forma de consumismo capitalista.
Ciudad Guayana es también el punto de partida de miles de
turistas que viajan al Salto Ángel, la catarata más alta del
mundo y el parque nacional y patrimonio de la humanidad Canaima,
que cuenta con espectaculares saltos de agua y tepuyes, montañas
únicas en el mundo con paredes verticales y cimas planas.
Pero mi viaje no toma ese rumbo, yo vuelvo a Ciudad Bolívar en
busca del reconocido Museo de Arte Moderno "Jesús Soto", creado
en honor del artista plástico, uno de los más importantes del
mundo contemporáneo y padre del cubismo y arte cinético en
América latina. Es un edificio blanco, de líneas simples y
grandes jardines; pero lo que realmente impresiona son las obras
monumentales llamadas “penetrables” en las que el visitante
tiene la oportunidad de experimentar con sus sentidos,
adentrándose literalmente en estas estructuras hechas de
plástico y metal.
Todo el Museo de Arte Moderno Jesús Soto es un lugar lleno de
sorpresas donde el movimiento, las ilusiones ópticas, juegos de
luces y lo bello impactan al visitante, que como en mi caso no
se esperan encontrar con algo tan vanguardista en una pequeña
ciudad portuaria con poco menos de 300 mil habitantes.
Mi viaje por la Guayana venezolana termina donde empezó, a
orillas del rió Orinoco, frente al Puente Angostura, símbolo de
Bolívar ante el mundo, después de haber comprobado que Venezuela
es mas que petróleo, Chávez y sus reinas de belleza. La
modernidad, la historia y una sorprendente naturaleza son los
atractivos de esta tierra rojiza donde viven personas tan
distintas como sus paisajes, Guayana es parte de esa Venezuela
desconocida que muchos se pierden. |