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Una historia que no es cuento, una realidad que roza a diario la piel en un mundo consumista

"Soy prepago"
Por Andrea San Juan
Comunicación Social
Politécnico Grancolombiano

-“Vendo mi cuerpo. Soy Prepago”. Qué es eso de prepago, pensé. Había salido esa mañana de mi casa a tomar un café. Todo imaginé menos conocer en una cafetería a esa joven que sin ninguna máscara, ni misterio se sentó a mi lado para hablar un poco de su vida. No sé si lo hizo por desesperación, soledad o tal vez gusto. Después de presentarse me dijo que estaba cansada, que había sido una semana demasiado larga.

María tiene 23 años, estudia administración de empresas, vive sola porque sus padres no soportaron la presión de que fuera madre a los 20 años. Su vida sentimental no ha sido fácil. Los hombres se acercaban a ella buscando satisfacer sus deseos, no la tomaban en serio. Incluso el padre de su hija las abandonó sin compasión. Nunca conoció el amor verdadero, el que es puro, del corazón, o por lo menos eso me dijo.

No podía creer que aquella joven de 1.70 metros de estatura, piel canela, cuerpo… perfecto, ojos claros, cabello largo, color castaño claro y rizado, nariz pequeña y respingada, labios gruesos y unos dientes tan blancos como el algodón, fuera madre y además soltera. Su mirada era triste y esquiva. A pesar de su belleza su cuerpo reflejaba el peso de la vida, el maltrato y la soledad.

Estudia de día, trabaja en las noches y los fines de semana, lo que le deja suficiente dinero para poder vivir tranquila. Tiene carro último modelo, un apartamento amplio en una de las mejores zonas de la ciudad, niñera para su hija, joyas, perfumes, ropa de marca y hasta plata extra para salir de viaje.

Todos los días a las seis de la mañana sale de su casa y deja a Isabela en el pre-escolar, a las tres de la tarde la recoge y se van a la casa. Desde ese momento hasta las 9 de la noche, María es mamá, luego empiezan las horas de rumba, alcohol y sexo. Después el pago.

#NAME? exigentes y el pago no era muy bueno. Después de 6 meses las cosas empiezan a mejorar. Entre más experiencia más clientela y mejor pago. Es como cualquier otro trabajo: cuando empiezas entras a un período de prueba de tres o seis meses y a veces hasta de un año, después se hace un contrato en el cual tanto el empleado como el jefe están de acuerdo. Más adelante los ascensos, el aumento de sueldo, las bonificaciones, etc...

Lleva trabajando cuatro años como prepago y no considera que deba esconderse, ni negarlo. Piensa en su hija y sabe que llegará la hora de hablar con ella. Lo único que espera es que Isabela la entienda.

#NAME? las cosas. La sociedad influencia a las personas, y no quiero que Isa se deje influenciar. No soportaría sus reclamos, me dijo con su mirada perdida en los sueños.

Los demás, no importaban y ahora empieza a pensar en que es momento de dejar su trabajo y buscar otras oportunidades. Está agotada.

De un momento a otro pidió la cuenta. Sacó la billetera de su cartera y de ella un papel con su número telefónico. Me lo dio y dijo que la llamara para tomar onces y hablar un rato.”Tienes que conocer a Isa”, me dijo, y luego se fue.

Yo me quedé sentada y pasmada. Me había quedado sin palabras. Ni siquiera dije adiós. Finalmente había entendido a qué se refería cuando me dijo que era prepago. Hubiera sido mejor que me hablara de prostitución y yo lo hubiera entendido más rápido, claro, también la hubiera juzgado.

Un día la llamé. Tomamos onces y conocí a Isabela. Descubrí que María es una persona increíble. Es inteligente, talentosa, responsable, buena amiga... pero sobretodo es una madre excepcional. Sigue en el negocio, como dice ella. Todavía es prepago.



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