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cultura
Pongamos que hablo de Joaquín
A propósito de la visita de Joaquín Sabina a
Colombia
Por: Ismael Iriarte
Ramírez
Comunicación Social
Universidad Sergio Arboleda
A sus cuarenta y diecisiete Joaquín Sabina, el “Maestro
Andaluz”, el vocero de todos aquellos que probablemente nunca
triunfarán presenta en Latinoamérica su último disco “Alivio de
luto”, en una extensa gira que incluye una presentación en
Bogotá.
Con
los estragos de sus excesos ya evidentes en su precaria figura,
pero con la heterodoxa elocuencia de sus letras intacta, Sabina
continúa con su culto a la cotidianidad, que desde su primer
disco “Inventario”, publicado en 1978, aún con la resaca de la
dictadura, ha generado polémica.
A lo largo de diecisiete producciones sus canciones han llevado
a la superficie las historias de los que habitan un lado casi
invisible de la sociedad, de los que enamorados de las noches de
la ciudad, han dormido como lirones en el banco de un parque, de
los que de madrugada vuelven al hogar, de los que domingo a
domingo sufren (como él lo hace) en el Vicente Calderón porque
ha perdido el Atlético de Madrid.
Muchas de sus colaboraciones musicales han sido memorables,
Andrés Calamaro, Manu Chau, Fito Páez, Alejandro Sanz, Rocío
Durcal, Juan Carlos Bagliato y Pablo Milanés entre otros, han
compartido el escenario con Sabina. Su relación con Chavela
Vargas ha ido más allá de lo musical y ni siquiera la “luctuosa”
decisión de la mexicana de dejar el alcohol pudo hacer mella en
su amistad.
Hijo de policía, exiliado en Londres, padre, esposo mujeriego,
pregonero de feria, sobreviviente de cáncer, político contra su
voluntad, nacido para perder. El amor lo ha llevado al Bulevar
de los sueños rotos, a la calle, a México, a la Barra número12
del Boca Juniors argentino. Con Joaquín nada debe extrañarnos,
salvo qué, como le canta su gran amigo Luís Eduardo Aute,
todavía hay quien afirma… que está cuerdo.