Siguiendo un rastro
“La labor periodística no es sólo pantalla”.
Anyela Roxana Pinto Castellanos
1 semestre Comunicación Social
Optar por estudiar Comunicación
Social no resulta complicado. Lo complicado es ejercer la
profesión, creer que realmente eso es lo que se quiere lograr y
no pasar indiferente ante el gremio. El periodista enfrenta
situaciones de alegría, tristeza, insultos y riesgo de vida;
todo esto dentro de su profesión.
Antes de saber lo que me podría suceder yo creía que nada podía
pasar, que todos eran ‘buenos’ y por lo tanto entenderían que
era inexperta y que lo que yo deseaba era adquirir experiencia.
Tuve la oportunidad de realizar varias entrevistas, participar
en el club de periodismo de mi colegio, vincularme a emisoras,
pero nada como lo que me sucedió aquel sábado del mes de marzo
del año 2004.
Salía de los talleres del club de periodismo - de mí colegio-.
Ese mismo día nos entregaron los temas para la primera edición
del periódico "Acontecer Braulista".
Desde que inicié en el tema 'periodístico', me ha llamado mucho
la atención la parte social, recoger comentarios, quejas y
anécdotas para darlas a conocer a los demás y que se den cuenta
de que muchas veces nuestros problemas no son nada en
comparación con los de los demás (aunque no sea bueno comparar,
es una pizca de conciencia).
El
tema que yo elegí investigar, fue el SIDA y las 'trabajadoras
sexuales'.
Con mi primer tema de investigación no me fue mal, realicé el
trabajo de campo, de estadística y todo salió bien. Pero, en esa
mañana, -calurosa por cierto, pues vivía en Yopal Casanare y
cursaba grado 9-, mi descomplique y confianza en todo el mundo
cambiaron. Una compañera me dijo que deseaba realizar esa
investigación conmigo, yo le dije que no había ningún problema.
Nos despedimos, cuadramos la ‘agenda’ para ese día, pues
teníamos compromisos académicos. Finalmente decidimos iniciar
esa misma mañana la investigación.
Nos desplazamos a la zona de tolerancia de ésa Ciudad que dista
del colegio unos 500 mts. Llegamos a la zona; nos paramos en la
esquina y no sabíamos que hacer, cómo caminar, cómo mirar,
ni qué decir. Poco a poco adquirimos el valor, decisión y
confianza. A mí, se me hizo muy fácil, ir a ese lugar sin tener
alguna acreditación o guía por parte de los ‘expertos’ en
investigación. (Uno de los errores a los que me debí enfrentar
por el acelere y apuro para conseguir la información y sentarnos
a redactar).
Caminamos unos 80 metros y nos
decidimos a entrar en una casa donde estábamos seguras estaban
en “acción”. Tocamos a la puerta, -muy decentes nosotras- y
nadie respondió, procedimos a entrar, mientras mirábamos a lado
y lado y contamos 4 habitaciones. Terminamos el tan infinito
pasillo y nos encontramos con una “parejita”. Sí, una de las
trabajadoras estaba planeando su cita, (y es la hora en que no
sé si era inmediata o para la noche, ya que la cita no se
concretó. Ya van a saber por qué).
Saludamos a la señora y al señor,
ella no nos contestó, él muy amable nos sonrió y
observó detalladamente. Procedimos a presentarnos y hacer la
petición de entrevista; (realizando otro paréntesis, aún pienso
en que error cometimos) la señora, que estaba en la entrevista
de trabajo nos volteó a mirar y, enfurecida nos dijo que nos
fuéramos porque le íbamos a espantar al cliente con esas
preguntas. Él, ‘muy amable’ nos dijo que “no le hiciéramos
caso” y nos sentáramos. De inmediato, el aspecto de coqueteo y
seducción de la señora se transformó en ira y deseos de sacarnos
de inmediato y como pudiera de la casa. Se levantó de mal genio
de la silla Rimax en la que atendía a su cliente, la botó y nos
retó; nos preguntó que a qué íbamos, que si le queríamos
‘montar’ competencia o quitarle el cliente. Además puntualizó
que el hecho de que nosotras fuéramos jóvenes, no significaba
que se le tuviésemos que restregar en la cara y de paso quitarle
el cliente.
En ese momento, mi compañera y yo entramos en pánico, no
podíamos creer que eso nos estuviese sucediendo, pues nunca nos
negaban algo o nos formaban problema. Entonces, mi amiga se hizo
atrás mío y me dejó enfrentando la situación. Por esas milésimas
de segundo, mientras la señora pronunciaba y gesticulaba todas
esas palabras que para mí pasaron a un segundo plano –de
momento- yo me encomendaba a todos los santos y la fotografía de
mi mamá la tenía presente, mientras pensaba el regaño que me
esperaba. Terminaron los insultos y regaños, mis oídos aún no
procesaban bien el ruido que por ese instante era acompañado por
el timbre de voz de quien nos regañaba y armaba escena de celos.
Entonces, cuando salió otra mujer de una habitación cercana al
lugar en donde se realizaba la cita, preguntó que era lo que
sucedía; pronunciando más de cinco palabras por cada 3 segundos,
la señora que planeaba la cita contó “TODO” lo que habíamos
ocasionado mientras salía de la casa furiosa y dejando sentado a
su cita. Entonces, se devolvió y nos dijo que le teníamos que
reponer esa cita perdida del día o de la noche, en fin, el caso
era que nosotras teníamos que hacer que señor volviera a desear
estar con ella. En ese momento, cuando nos explica lo que
teníamos que hacer, se para el señor, también muy enojado, pero
no con nosotras sino con el comportamiento de la que en esa
noche o día iba a ser su compañera de cama. Cuando la señora ve
que el señor se para muy molesto, más molesta se puso ella y más
nos renegaba. (Fue toda una odisea que duró 5 minutos, pero que
para nosotras se convirtió en toda una vida) La señora por fin
trato de calmarse cuando notó la actitud del señor y le pidió
que no se fuera. El señor le dijo que él no pensaba aguantar esa
situación y que nosotras no habíamos hecho nada. Entonces, le
dejó dinero sobre la mesa y salió de la casa despidiéndose de
nosotras y pidiéndonos disculpas. Disculpas que fueron mal
interpretadas por la que había perdido su cita.
Las miradas se cruzaban y decían mucho en el momento, tal vez lo
decían todo. Mi compañera y yo blancas del miedo, la señora que
había perdido la cita tornó su color moreno de piel a negro por
el mal genio que sentía. La otra señora, la que había salido a
preguntar que sucedía, comprendía la situación de su compañera,
la diferencia era que ella sí nos había saludado, nos “protegió”
de la reacción posterior de la señora que había perdido su cita
y nos sugirió que nos fuéramos, pero antes nos explicó las
circunstancias en las que ellas se encontraban.
Nos contó que se encontraban ‘aburridas’ porque todos los días
alguien distinto llegaba a pedir entrevistas, a preguntar por su
vida íntima y a “prometer” soluciones para esa vida que
llevaban. Además, nos dijo que esa señora que había perdido su
cita –pero no del todo porque le dejaron dinero- tenía dos hijos
pequeños que mantener y que no vivían con ella por su trabajo.
Entonces, en ese momento comprendí que labor era la que nosotras
como ‘semillitas’ de la comunicación debíamos emplear. No era
solo el hecho de ir, saludar muy bien, tal vez ganar la
confianza de esas señoras, formular preguntas y ya. Tengo claro
que los comunicadores no vamos a salvar el mundo, somos un
puente entre la información y el ciudadano, pero también debemos
tener claro que las personas a quien entrevistamos no son
simplemente nuestro objeto de estudio, nuestro medio de darnos a
conocer por nuestra pilera en la obtención de las cosas, sino
que son seres humanos que escogimos para indagar por qué algo
importante para la sociedad, tal vez malo para ellos ha
sucedido. En este caso, queríamos comentar la vida de alguien,
volverlo a exponer una vez más –según lo que nos comentaron- y
salir del lugar como s nada, satisfechas por nuestra nota e
investigación pero sin haber logrado brindar algo en la vida de
ella que de pronto hubiese hecho ese día diferente. Tal vez el
no habernos aparecido ese día en esa casa no le hubiese quitado
la intranquilidad y tampoco le hubiese generado la duda de
¿ahora qué les doy de comer a mis hijos?.
A partir de ese día, descubrí varias cosas:
Comentarle todo a mi mamá.
Estar siempre identificada.
Pensar para actuar y no dejarme llevar por mis afanes y
ansiedad de querer conseguir ya las cosas.
Ponerme primero en los zapatos del otro e imaginar como me
sentiría yo si alguien llegara a pedirme una entrevista para
saber por qué yo hago x o y cosa.
Pero lo que más aprendí gracias a esta situación fue a recibir
un no como respuesta, a comprender que a mi alrededor se gesta
la historia de alguien que tal vez no a tenido las mismas
comodidades mías, y que por lo tanto recurre a estos trabajos.
Con esto, aprendí a querer más el periodismo, a investigar más,
a no querer solo el mundo de la ‘pantalla’, sino a interiorizar,
reflexionar y aportar.
Ahora estoy en primer semestre Comunicación social y Periodismo.
Han transcurrido 3 años luego del incidente y me siento bien por
ese suceso del que aprendí más que si me hubiesen dado la nota.
Finalmente, encontré frente a esa casa a un homosexual, quien
decidió concederme la entrevista luego de haberme preguntado
muchas cosas. Hoy en día aún hablo con ese personaje, le
ayudo, le aconsejo y yo recibo lo mismo de su parte. La
entrevista se convirtió en una amistad que no quiero dejar
porque he aprendido y madurado más ante las situaciones de
la vida.