Las 7
cuerdas de mi lira
Jessica Angarita
Escuela de Comunicación Social y
Periodismo
IX Semestre

VII
Aquellas voces femeninas lo atormentaron por más de tres
años y aunque cientos de veces intentó buscar su
procedencia, siempre asumía que su bendito vicio era el que
se había encargado de darles vida. Pero en medio de una
noche incoherente como aquellas que boicotean lo cotidiano,
desaparecieron.
Al perder la primera fuente que mantenía su arte, se sujetó
al estornudo de Rose Selaví para seguir creando, pero al no
lograr ningún resultado estimulante
para su propia realización entró en el umbral de la
destrucción artística. Ni siquiera una sobredosis
surrealista atada al método paranoico crítico le sirvió para
recuperarlas. Aún así, su morbo lo seguía incitando para que
su mirada se dirigiera a aquel pasillo del piso 17, aquel
que ha sido su cómplice por tanto tiempo y que le ha servido
como único referente de distracción para recordar el eco
lúgubre proferido por esas mujeres que con fina voz
implantaban creatividad en su mente.
No olvidadas en su totalidad, continuaba recreando imágenes
de ayer y hoy: Encendió un cigarrillo, las voces del pasillo
lo siguen llamando, intenta evadirlas y
el temor de asumir su locura le impide salir de su
habitación y con desespero sólo logra gritar con descontrol.
Vincent, ven maldito demonio, no te escondas de tu fiel amo,
sólo requiero de tu presencia y tus encantos. ¡Vincent!
ilumina mi fe y espanta estas depresivas imágenes, dame vida
viejo Zaratustra portavoz de los verdaderos anhelos del
hombre.
El cigarrillo cae sobre el piso, mientras despierta en un
profundo sueño, aquel en el que siempre aparece esa mujer
que extiende su intención de seguir viviendo, aquella que
comparte su oscuridad, miedo y caos. En la linealidad del
tiempo onírico reconoce que ella es la única guía segura que
lo conduce a caminos solitarios, lóbregos, llenos de
hermetismo... pese a que siempre justificaba su inspiración
real en las voces ocultas y en las manifestaciones
depresivas.
- Gracias por elegirme maldito caos infame, este arte debe
acabarse, esperé mucho tiempo para su transformación, pero
esta trajo sólo consigo la usurpación de mi conocimiento -.
Con ojos de fuego la miraba y mientras su éxtasis aumentaba,
con imperiosa voz le dijo:
Maldita. Eres una maldita zorra, dónde dejaste esa inocencia
que me cautivó, ahora eres reina de perversión y vicios. Tú
mujer, que tanto criticabas aquella meretriz hebrea. Tú
mujer, que maldijiste a Juliette hija del gran Sade no eres
más que el principio de estas bendiciones femeninas.
¡Despiértame!, permíteme volver a la vida para acabar de una
vez con ella.
A la tercera noche abre sus ojos y lo primero que visualiza
es mi figura en la oscuridad. Toca mi cara y siente el
rastro de las múltiples lágrimas causadas por la imagen que
estaba viendo. Esa maldita ansiedad fueron las constantes
que le ayudaron a ultrajar su cuerpo. Su abdomen fue rayado
de arriba hacia bajo tantas veces, que dejó su marca
ensangrentada y los indicios de suicidio fueron evidentes al
tocar sus brazos. Vincent sólo me miraba con terror
intentando contarme lo sucedido.
No tuve el suficiente tiempo para reconocer que su trance
estaba vivo, se levantó de su cama y me tomó por el cuello
con la intención de asesinarme, dónde estabas maldita musa
de mis demonios, por favor, despierta mis dragones que
sedaste con caricias seductoras. ¿Por qué cortaste mis alas?
Ahora tú eres libre y yo soy prisionero de tu inocencia
perdida.
Desesperadamente intento soltarme de la cadena de sus brazos
y empiezo a correr por aquel maldito pasillo. En la
oscuridad Vincent siguió mi trote, mientras aquel deseado
hombre perdía mi compañía y me gritaba a lo lejos: corre
maldita zorra, necesito que mueras, sólo así recuperaré mi
libertad.
-¿Quién eres, Qué hice contigo?
Te convertí en algo que ahora odio, por eso debo destruir mi
creación inacabada.
Huí
VI
¿Acaso no existía la felicidad en vida? Con certeza absoluta
admito que el la obtuvo. No sólo era feliz sino también
tenía la capacidad de adquirir los
placeres más fortuitos y con excepcional galantería apoyaba
su vida en los dos pecados capitales más exquisitos: la
lujuria y la avaricia. Su brillante mente solo estaba en
función de cumplir con la banalidad mundana, su conciencia
sólo le servía para identificar la inexistencia de Dios y su
teleología radicaba en la búsqueda del dinero.
A su lado lo acompañaba una hermosa mujer, si no la más
hermosa de la ciudad, quien asumía el papel de aquella
elegida entre todas. Esa mujer era el renacimiento de la
Venus, aplacada por la moda de la mediocridad esquelética.
7 años fueron pocos para consumar tanta alegría y aunque la
engañó muchas veces con un harem ficticio, ella reconocía
que siempre iba a ser la primera y única seductora y por
obvias razones, él cayó en sus brazos con una facilidad
absoluta pues sus movimientos afrancesados inspiraban los
delirios de cualquier hombre.
Por ello, cada noche de pasión debía ser aprovechada, ya que
al igual que Sodoma y Gomorra, eran contados los días que él
tenía para deleitarse con esta mujer.
No olvidada en su totalidad, continuaba recreando imágenes
de ayer y hoy: cómo su cabello rubio rizado caía sobre su
cara, su piel tersa lograba deslizarse fácilmente entre sus
musculosos brazos y sus lenguas entretejían a diario una
trenza de felicidad infinita. Y aunque el corazón de este
hombre era de piedra, ella era la única fuerza que lograba
convertir la roca en la más fina esencia.
El temor de perderla se extendía a su ser ya que su alma
seguía animada por inercia ante su presencia. Pero el miedo
aumentaba cada vez que imaginaba
la futura ausencia de esta fémina encantadora que suplía los
vicios incestuosos al no tener una imagen reguladora. De qué
le valía acumular tanto poder si no pudo retenerla. Ella se
fue y quedo sólo, con la misma soledad que lo acompaña hoy
día.
V
Debo admitir que huí ante el temor de que aquel primer
hombre, lograra quitarme la vida y con ello dejé el mundo
maravilloso de los que se ocultan y de los que controlan con
susurros al mundo. Así que permití que todo un juego de
casualidades mundanas me atacaran para que me encontrara
con un nuevo personaje.
El desarrollo del azar es tan incomprensible que tiene la
capacidad de unir dos almas completamente contrarias, por no
denominarlas contradictorias, por lo menos entre nosotros
existen tonos grises y puntos medios. Es así como conocí a
este plástico hombre en medio de la dicha de dejar las
crisis existenciales, los estudios de las potencias, la
apreciación de las teorías caóticas y por fin decidí
lanzarme al abismo de las básicas pasiones. Y quien mejor
que él, que estaba sólo al igual que yo, qué mejor referente
si éramos muy jóvenes para saber amar y si llegásemos a
conocer el amor ya sería en vano: él ya lo había vivido a
través del placer con su Isis desvelada y yo con dolor al
intentar comprender una mente psicótica.
El destino estaba sobre la mesa, aún así era tan cercano que
no logramos identificarlo y tan directo que temíamos
enfrentarlo. Y como no, si para él no existe un designio y
para mi no existe un libre albedrío. Por ello, 7
conspiraciones legibles fueron necesarias para identificar
una verdad evidente, el mundo insinuaba la unión, pero el
desprecio de reconocerla nos llevaba sólo a la reducción del
deseo, visto desde el "ello" freudiano.
UNA VEZ MÁS, me encontraba allí, este ya no era un piso 17,
era un quinto que parecía segundo. Ese día era imposible
resistirse y subí al segundo nivel con la seguridad irónica
que me producía su sonrisa de deseo. Su cama es tan alta
como su pudor, el techo tan bajo como su inocencia y en su
habitación aún se mantiene el eco de múltiples sollozos.
Dejé de crear más juicios perturbadores mientras su lengua
media cada centímetro de mi boca. Supongo que me reconoció
como una lujuriosa mujer que buscaba sus favores más
carnales, la verdad no me importó. O acaso olvidaría las
innumerables veces con las que evoqué al diabólico doctor
no.
Entretanto con una nueva visión intenté desencriptar el
misticismo de un lunar sobre su pecho y en ese momento, en
ese elemental momento encuentro
como el principio de su desnudez se desvirtuaba al igual que
el resto de sapiens sapiens. Su cuerpo me indicaba la
cotidianidad del ser, los mismos componentes orgánicos, pero
ajenos al estilo, fama y riqueza que determinaban su bendita
esencia.
Mientras mi venda caía, el ya había descargado. Evidenciando
mi nueva condición, me tranquilicé asumiendo su papel y
denominé el suceso como "la nada", al igual que la palabra y
llegando al absoluto. Era obvio, nuestras realidades debían
desaparecerse con solo apagar las luces. Y al amanecer
debíamos ser dos extraños de nuevo que necesitaban alejarse
y reconocerse en las ignorancias radicales de la
coincidencia o quizás la necesidad.
IV
Cuán difícil es interpretar una mente como la de ese hombre.
Su orgullosa alma impide que reconozca la existencia de
cualquier mujer a menos que sea la que perdió, además tiene
la capacidad de auto negarse a sentir cualquier sensación
maniqueísta. No odia, pero tampoco ama. No desea, pero
tampoco rechaza.
Es evidente, su condición de vida es como la de cualquier
autómata.
III
Cuán difícil es interpretar una mente como la mía. Mi
caprichosa alma sólo vive para servir mis deseos y sólo
reconozco la existencia de los hombres que me ignoran.
Además tengo la capacidad de auto negarme a sentir amor,
pues éste no es más que una convención del hombre para negar
nuestra naturaleza. Es evidente, mi condición de vida es
como la de cualquier existencialista.
II
Las ocasiones se derramaron 2 veces más y las acogimos sin
pensar en la necesidad de un futuro. Al igual que los
griegos y romanos el presente inmediato era al único que le
rendíamos indagatoria. Por constante que pareciera y
apoyando a la lógica matemática, muy pocas veces se hacía
evidente la presencia de tan maravilloso patrón simbólico
humano.
Alguna vez amaneció. Lo miraba a sus ojos y el alcohol se
apoderaba de mis venas, dejando atrás una amalgama de
intenciones preconcebidas, sin temor decidí enfrentarlo y
dije: he deshecho mi fe libertina por desear una virtud a tu
lado
- ¿De qué habla? Acaso ¿quién solicitó eso?
- Nadie, soy libre de elegir, prefiero hacerlo a serlo.
-¿A qué viene todo esto si ni siquiera logro comprenderlo?
entienda mi ignorancia…
- Estoy segura. Tu mente no alcanza a comprender el mínimo
juicio que acostumbra hacer un alma como la mía, sin embargo
prefiero expresarlo a atrofiar mi capacidad de sentir.
Intentando escapar de la ofensiva conversación, se burla y
se sirve de la indiferencia con la ayuda de otro whiskey,
sin embargo realiza la pregunta más obvia cuya respuesta
tácita ya reconocía, acaso se enamoró de mí, pero… con qué
argumentos si ni siquiera logro tratarla como es debido. Me
pregunto cómo una mente como la suya podría hacerlo.
- El amor no es más que un deseo físico. De qué vale
servirse de la conmiseración que se apiadó de mí sólo para
deleitarme con 3 tragos de placer.
- Entienda que a mí no me importa nadie. Además quién es
usted para cuestionarme. Confórmese con saber que muy pocas
veces he amado en mi cama y que aún no logro evadir la
imagen de aquellos 2 seres supremos que me siguen con su
sombra. Aquella mujer que me evoca amor y una nueva que
llegará dentro de poco y que generalmente perdona mis
excesos. Así que espero que deje pronto mi habitación.
Me quedo en silencio. Dos ideas no se apartaron de mi: una
nueva, que no soy yo. Y, con que facilidad han profanado mi
Dios ego.
Luego de contados segundos para romper el ruido del
silencio, me dijo:
- Intente comprenderme. Su caótica mente es insoportable.
Aún así ni siquiera soy capaz de retener su dialéctica
basada en infortunios morales que afectan
mi visión de mujer. No fue, no es y jamás será escogida como
generadora de placer y mucho menos de amor. Además usted
llegó demasiado tarde a mi vida, o quizás demasiado
temprano, un juicio valorativo que sólo lo rescata mi
inconciente, que yo niego y que por ende usted jamás
conocerá.
Cayendo en un desespero por no obtener mi fin, lanzo mi
última carta. Mientras sujetaba su brazo derecho marcado por
una cicatriz circular perfecta, le dije:
ven, yo puedo ofrecerte lo mismo que ellas sin ataduras de
hierro. Inmediatamente una satánica sonrisa se dibuja sobre
su cara, mientras sus ojos evidencian el efecto de la
cocaína. Me niego a sentir maldita bruja, digna heredera del
librepensamiento femenino. Pues admito que le tengo miedo,
aunque acostumbre a reírse cuando declaro mi gusto literario
por Cohelo.
Huí de nuevo
I
El cigarrillo cae sobre el piso, mientras despierto de un
profundo sueño, aquel en el que siempre aparece este hombre
que extiende mi intención de seguir viviendo, aquel que
ignora mi oscuridad, hermetismo y caos. En la linealidad del
tiempo onírico sigo volando con alas robadas persiguiendo al
heredero del trono de Cesar Borgia o al protagonista del
poema gótico de Lord Byron. Lo encuentro y expreso mi
absurda obsesión invocando a Eros para que descargue su
furia sobre ese insensible hombre. Con ojos de fuego lo
miraba, mientras mi éxtasis aumentaba y con imperiosa voz le
dije:
Corre, maldito zorro. No vas a huir más que del
reconocimiento de tus sentimientos. Dios de los placeres
inacabados, termina tu arte, sólo has dejado migajas de un
deseo que se convirtió en odio.
A la tercera noche abro mis ojos y lo primero q visualizo es
mi soledad. Me levanto, pero siento una presencia sobre el
suelo y veo a Vincent quien solo me miraba con terror
intentando contarme lo sucedido.
Huí por última vez
Es muss sein
Hoy me encuentro de pie sobre el muro de las libertades,
dejando la marcha de las intermitentes recaídas, asumiendo
la innecesaria necedad de luchar por una causa inexistente,
intentando resucitar a Scheherezade y sellando este sobre
como legado de trascendencia que seguramente será tomado
coma burla, no sin antes preguntarme por última vez. ¿A qué
insensata alma se le ocurre asumir responsabilidades que
nunca le pediría un alma libertina? ¿A que insensata mente
se le ocurre negarse a expresar un sentimiento cuando
reconoce la reciprocidad? Pues bien, la conclusión rencorosa
sería decir que a él.
Pero enajenándome a justificar mi derrota decido responderme
como a una cobarde insensata, aceptando la convicción de que
dos mas dos es cinco y que la única perfección a una
solución inmediata es un punto.