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Carta a una madre
biológica
Por:
Liliana Escobar Acevedo
Escuela de Comunicación Social y Periodismo
¿Tenemos
los mismos ojos?, ¿Sufres con tu peso como yo?, ¿Te da alergia
por el frío?. Espero no sean preguntas tontas pero la verdad es
que después de 23 años me parecieron un buen comienzo. En este
momento desearía al menos conocer tu nombre, para saber cómo
dirigirme a ti y no parecer despectiva.
No sé cuántos días estuvimos juntas. A lo mejor fueron pocas
horas, tampoco sé si alcanzaste a ponerme un nombre así que me
presento: soy Liliana.
Una inseguridad tan grande hace que me duela el estómago, porque
no sé si te acuerdas de mí o si quieras hacerlo, pero la verdad,
tengo la necesidad de contarte quién soy, porque a la larga no
estaría viva si no fuera por ti.
¿Alguna vez has pensado qué pasó conmigo después que nos
separamos? Te voy a contar que gracias a tí soy una persona
especial (espero no sonar presumida) pero es la verdad. El día
que me entregaste en adopción me diste el mejor regalo… una
oportunidad. Tu sacrificio hace que me resulte imposible
juzgarte, así que espero que tú no lo hagas si al referirme a ti
no utilizo la palabra mamá. Cuando la gente me pregunta por ti,
lo primero que viene a mi mente es la imagen de un ángel. Puede
sonar raro e incluso exagerado, pero para mí es lo que eres.
Mientras los niños chiquitos tienen un ángel de la guarda, yo te
tengo a ti (aunque no sepa dónde estás).
No te imaginas la suerte que he tenido desde ese día .La pequeña
casa blanca en ese entonces ubicada en la 72 con séptima en
Bogotá, fue el sitio predestinado para que ambas le diéramos
comienzo a una etapa nueva en nuestras vidas. Más que una
institución de adopción esa casa es mi segundo hogar porque ahí
encontré a mi familia. Después de darme tetero todos los días
por tres meses (tiempo que tardó el ICBF en arreglar mis
papeles) una enfermera alta, delgada y con una voz que traspasa
paredes decidió hacerme parte de su vida de manera irreversible
y entre lágrimas y nerviosismo se convirtió en mi mamá.
Te hablo de ella porque algo en mi corazón me dice que cuando
nos separamos rezaste todas las noches para que las personas que
me adoptaran fueran las indicadas, y con toda la certeza del
mundo te digo que así fue. Carlos y Elizabeth son dos seres
maravillosos que se han encargado día a día de que mis sueños
sean una realidad. Mi papá es un ingeniero químico nacido en
Manizales, lo que explica su temperamento conservador, y mi
mamá, aunque nació en Nueva York, es muy colombiana. Ambos
entienden el significado de la adopción, por lo que nunca me
hablaron mal de ti (espero que eso represente algo), así como
tampoco me negaron que no pudieron tener hijos, y que durante
nueve meses, tú me cuidaste hasta el día que con la complicidad
de Dios llegué a sus vidas.
¿Tienes hermanos? Lo pregunto porque yo tengo la mejor. Su
nombre es Natalia y con sus ojos verdes y cachetes redonditos
conquistó a mis papás quienes la adoptaron cuando tenía ocho
días de nacida. Hoy, con 19 años, habla con la madurez de una
mujer mayor cuando le preguntan sobre su adopción, porque no
duda en ningún momento quién es y de dónde vino.
Cuando la gente habla de adopción lo hace con una propiedad
extraña que personalmente me aterra, porque lo que tu
generosidad me enseñó es que para entender esta realidad tan
maravillosa hay que vivirla. Muchas veces en el colegio mis
compañeros de clase, en medio de una ignorancia camuflada en
chistes malos y bromas pesadas, se refirieron a mí como “la
recogida” o “la regalada”, pero como dicen por ahí “a palabras
necias oídos sordos” porque ninguno de ellos conoce el valor de
un sacrificio hecho con el corazón como el que tú hiciste por
mí. Ahora que lo pienso, puedo decir que el tener en mi mente lo
que hiciste por mí, mezclado con la honestidad de mis papás,
fortaleció mi personalidad a tal punto que cuando la gente hace
comentarios sin sentido o estúpidos, para ser más sincera, no me
queda más sino reírme.
¿Tú qué sientes cuando oyes hablar de adopción? A lo mejor es
muy atrevido preguntar pero estoy tan nerviosa y sentimental que
una avalancha de inquietudes está matando mi cabeza y no puedo
medir el grado de imprudencia. En mi corazón siento que para ti
es algo difícil de asimilar y que en ciertas ocasiones es
sinónimo de nostalgia, aunque también soy consciente de que
puede ser un tema común y corriente para ti, algo así como
hablar de novelas o de política; claro que si se tiene en cuenta
que hablar de adopción en este país es un tabú, supongo que no
puedo criticarte.
Ya que te estoy preguntando tanto creo que es justo que sea
sincera y confiese que para mí nunca fue una opción escribirte.
Por favor, no lo tomes de manera negativa es sólo que cuando
pienso en ti siento una paz tan real que resulta casi imposible
transformarla en palabras. Soy consciente que físicamente nada
nos une, ni siquiera sé cuantos años tienes, pero en mi interior
te tengo presente como la mujer más valiente y entregada para
quien mi corazón tiene un espacio que nadie más va a ocupar.
Hace 23 años yo fui tu prioridad y hoy puedo decir que eres mi
héroe porque no sólo me diste la oportunidad de vivir sino que
te aseguraste de que tuviera una vida feliz y completa.
De corazón espero que la tuya sea mejor simplemente porque te la
mereces. Sé que donde te encuentres estas bien, porque mi mamá
te tiene siempre en sus oraciones.
Son tantas las emociones que tengo ahora que no sé como
despedirme porque ya que abrí una vía de comunicación entre las
dos no quiero que parezca que no tengo nada más que decir.
Espero que no te haya molestado el que escribiera pero lo
necesitaba.
No busco meterme en tu vida, sólo quería que supieras que le
agradezco a Dios que hayas sido tú la que le dio inicio a la
mía.
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