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Marcha Patriótica
Por: David Osorio
Universidad Externado de Colombia
http://de-avanzada.blogspot.com/
Quería
escribir sobre ese nuevo movimiento político llamado Marcha
Patriótica pero no sabía por dónde empezar.
Y entonces me preguntaron cómo veo ese movimiento y me parece
que supe expresar con claridad y contundencia lo que hasta ahora
he podido observar de Marcha Patriótica.
No sale muy bien:
La llamada "Marcha Patriótica" no me genera ninguna confianza. A
simple vista, parece ser una orgía del ideario de esa tendencia
obtusa, monocromática, rencorosa y llanamente estúpida de una
parte de la izquierda que tanta carrera ha hecho en América
Latina.
Y eso empieza por el nombre. Apelar al patriotismo es un
ejercicio útil, electoralmente hablando, pero en esencia
demagógico y populista que me pone los pelos de punta. Nada que
tenga que ver con el nazi-onalismo ni el "orgullo patrio" (?) me
puede generar ningún tipo de simpatía. Por definición es un
grupo excluyente, hermético, cerrado. Agrupa a un montón de
gentes que han sido discriminadas y... ellos no pueden esperar a
hacer lo mismo con otros de sus congéneres.
Mirando su discurso, volvemos a encontrar que apesta a
demagogia. No faltó mucho para que se activara mi antivirus. El
dichoso movimiento apela a las más bajas pasiones (y por esto
quiero decir venganza, odio, envidia) de su público para
promover su agenda. Es deshonroso y jamás quisiera tener que ver
nada con un grupo así.
Eso por no señalar sus obvias incoherencias, que son producto de
su discurso partidista, pendenciero, buscapleitos, que apela a
los sentimientos. Por ejemplo, eso de volver a la
independencia y quitarnos de encima la influencia extranjera
es de lo más ridículo: supongo entonces que volverá a haber un
príncipe muisca que se sumergirá vestido en oro en la laguna de
Guatavita, cambiaremos el peso colombiano por el trueque con
maíz, tumbaremos los edificios y volveremos a las chozas
construidas en bahareque.
Ahh, no, no esa influencia extranjera. La gringa, por supuesto.
Y es acá donde más paradójica se vuelve la tal Marcha. En su
odio, xenófobo y racista, estos revolucionarios no se
diferencian mucho del Tea Party, la extrema derecha gringa que
tanto dicen despreciar, o de los euroescépticos de la
ultraderecha europea, que hacen llamados igual de patrioteros y
burdos a encerrarse en sus fronteras y señalar al enemigo detrás
de ellas.
Mucho menos me causa tranquilidad conocer qué es lo que los
diferentes grupos tienen todos en común: quieren negociar con
las Farc (o como le dicen ellos: terminar el conflicto de manera
dialogada). Adiós al Estado de derecho (de esa influencia
extranjera también pretenden prescindir) y que los atroces
delitos y actos de terrorismo queden en la completa impunidad
(que fue lo que dijeron las Farc en su último comunicado: se
sentarían a dialogar para que sus cabecillas y reclutas no sean
condenados ni les caiga todo el peso de la ley, y de paso,
siguen disparando, secuestrando, sembrando minas antipersona y
desplazando cuando no extorsionando a los campesinos). ¡Todo sea
por la paz! ¡El fin justifica los medios!
Por otra parte, cualquier organismo que tenga entre sus miembros
más "ilustres" a Piedad Córdoba hará que yo prefiera fundar una
religión y empezar a creer en dios antes de querer tener que ver
algo con ese movimiento. (Aunque no tendría por qué, voy a hacer
la aclaración de que prácticamente lo mismo me pasa con
cualquier grupo que tenga en buena estima a Álvaro Uribe Vélez.
¡Simplemente no me soporto a los facilitadores del terrorismo!)
No puedo obviar el hecho de que durante la marcha hubo
manifestantes que pronunciaron arengas de admiración y respeto
por Hugo Chávez, un tipo que ha violado cuantos derechos le han
incomodado para aferrarse al poder (¡y los tipos que lo alaban
critican a Uribe precisamente por este punto, entre otros!). Así
que la hipocresía de la dichosa Marcha Patriótica es del tamaño
de un asteroide.
Por último, como si el solo movimiento no resultara
suficientemente absurdo, hay algo profundamente oximorónico en
todo esto: uno de los puntos más transversalmente
incuestionables de la Marcha Patriótica es el rechazo al
neoliberalismo. Está muy bien: el neoliberalismo es a la
economía lo que la alquimia es a la química y lo que la
astrología es a la astronomía - hipótesis que carecen de
evidencia que las respalde y por tanto resultan irracionales, y
que por ende tienen repercusiones gravísimas si alguien se las
llegara a tomar en serio (para la muestra, la crisis económica
del 2008). Sin embargo, los marchantes patrioteros quieren darle
un decidido impulso a las creencias nativas, a sus religiones, a
su dizque sabiduría y su pseudociencia. Es la misma receta
neoliberal para el desastre, que cobrará vidas y causará
sufrimiento y miseria: no se basan en la evidencia y por ende
promoverlas como ciertas (por muy políticamente correcto que
esto sea -¡y vea pues, tenemos "revolucionarios" que son
políticamente correctos!- es poner en peligro vidas,
desperdiciar recursos y causar zozobra innecesariamente.
Así que la veo mal, la mire por donde la mire.
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