Año 7 No 4
Agosto 2012
ISSN: 2216-005

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¿Mariachis en el Cumple de Bogotá?
Por: J. Sebastián Salamanca

No. Yo no denigro del folklore mexicano, de hecho, una que otra vez me ha resultado divertido. Sin embargo, me irrita terriblemente que pongan música mexicana para celebrar el aniversario de mi ciudad. Con Bogotá yo creo tener una relación similar a la que tenía el genial Andrés Caicedo con su natal Cali, él la quería pero la odiaba; una relación que narra en su Infección. Caicedo odiaba a su ciudad porque “Odiar es querer sin amar”.

Yo no odio a los mariachis, odio a los que entienden como folklore nacional colombiano una expresión artística foránea. Este país que siente vanagloria de un patriotismo recalcitrante; un país de “vive Colombia viaja por ella”. El mismo terruño de “el riesgo es que te quieras quedar”, no sabe nada de su propio folklore y en el cumpleaños de su ciudad capital, contrata varios grupos de mariachis para cantar un “japiberdí” (porque nunca dicen “happy-birth-day”) y unos temas bien charros.

Uno pensaría, bueno, pues qué bonito ver a la colonia mexicana, que es bastante grande en la capital, rindiendo un homenaje a Bogotá en el aniversario de su fundación. Los mariachis que contratan no son mexicanos, son de acá, de Bogotá. Unos tipos similares a los que uno encuentra frente a la estación de transmi de la 57, pero que cobran 10 veces más caro.

El problema no es de costos. Por mí que se gasten todo el dinero que quieran en el aniversario de esta ciudad. Pero ¿Qué tiene que ver la música de ranchería mexicana con la fundación de esta ciudad? Hasta donde me contaron y he leído, Gonzalo Jiménez de Quezada, español; Sebastián de Belarcazar, también hispánico y Nikolaus Federmann, alemán. Ninguno de estos tres expedicionarios de la conquista que tuvieron que ver en la historia fundacional de esta ciudad, andaban con un sujeto en traje de charro, sombrero tapatío, ni mucho menos, con pistola al cinto, trompeta o guitarrón.

En efecto, Bogotá le debe mucho a México, como el cine del que gozó la ciudad en la década del 50, que atiborraba los extintos cinemas México y Azteca (actualmente auditorios de la Universidad Central), con películas como El Compadre Mendoza o Vámonos con Pancho Villa. De esa misma época data el gusto colombiano por la música ranchera y la cultura mariachi. Hay que recordar la participación de mexicanos en la construcción de los otrora grandiosos ferrocarriles de Colombia. Bogotá incluso tiene un parque llamado “Ciudad Juárez” en un lujoso y exclusivo sector de la ciudad (calle 11 con cr 77), y entre las muchas conexiones culturales, Bogotá y el DF son “ciudades hermanas”.

Sí. Mucho de México tenemos dentro de nuestra “bogotaneidad”. Entonces lo del mariachi no parece tan descarriado. Pero yo me pregunto, si en el “cumpleaños” de la fundación del D.F., o de la llegada de Cortés a Tenochtitlan, o en el aniversario de la derrota de Moctezuma ante la tropa española los mexicanos permitirían que otros mexicanos disfrazados de bogotanos de antaño, con ruana y sombrero, tocaran la Gata Golosa y el japiberdi a la ciudad de México. Yo creo que les resultaría, cuando menos, ridículo e incluso insultante.

Cabe señalar que si bien todos los colombianos han adoptado al mariachi como algo tan propio que en la celebración de cumpleaños de sus propios hijos contratan una serenata charra para agasajar y elogiar al homenajeado, el mariachi es música foránea, igual que la ranchera-carrilera, la llamada música popular y de despecho y el reggaetón. Yo no voy a decir si es mala o buena música. La música, como bien decía Nietzsche, “está más allá del bien y el mal”. Cada quien tiene derecho a oír lo que le venga en gana. No obstante, poner música mexicana en el aniversario de una ciudad colombiana, es tan incongruente como si en la celebración del 4 de julio los gringos pusieran un son cubano o una polka rusa.

¿Por qué carajos los medios televisivos, los de la radio y todos los que pusieron mariachis a cantarle “japiberdí” a Bogotá, no llaman a los muchachos que ganan el festival Mono Nuñez? ¡Ah! ¡Eso sí que es música colombiana, puro folklore, del nuestro! Música andina, típica de Bogotá, hecha por gente joven. Sin ir más lejos, se puede poner a la filarmónica de la ciudad a tocar música realmente nuestra. Que suenen sus magníficas adaptaciones de las guabinas, pasillos y bambucos ¡Más cachaco pa’dónde! Hasta me aguantaría folklore caribeño o pacifico, que son los únicos que el pueblo parece reconocer. Es más, si pusieran música llanera, personalmente, no me sentiría tan perdido y anonadado.

La presentación de la sinfónica ocurrió casi tal cual como antes describí. Con gusto vi allí a la sinfónica tocando con Totó, los aterciopelaos y otros cuantos. Yo pensé que iba a tocar algún mariachi, como los que sacó Citytv ese mismo día, el 6 de agosto, en su programa matutino. Menos mal al distrito se le ocurrió ese hit para el concierto. Supongo que con el préstamo de la MediaTorta, el día anterior para un festival charro, era más que suficiente.
Por mi lado aspiro a que algún día los bogotanos, y en general, toda Colombia se den cuenta de que los mariachis no son para nada colombianos y que elogiar un evento de índole histórica, así sea 30 segundos en un noticiero, con folklore extranjero es la muestra máxima de ignorancia de nuestra cultura.

Mientras escribía este artículo, alguien me preguntó si yo nunca he llevado una serenata con mariachis. No me gustan los mariachis, pero amo las serenatas. Nunca he llevado alguna, puesto que mi pareja las detesta. Pero si he de ofrecer una, llevaría un trío. Que me toquen música de Silva y Villalba o de Fulgencio García. No obstante, conociendo a mi querida, habría que llevar un trio, pero de Psychobilly y los pondría a tocar covers de Elvis y Johnny Cash.

Si me tocara elogiar a mi querida ciudad, a mi odiada Bogotá, le llevaría una serenata con música de la que hicieron los que por sus calles caminaron, sus hijos propios y adoptados, que con bellas armonías la adornaron y aún hoy lo siguen haciendo. Esa música es la que mejor la representa porque, como a una novia, llevarle una serenata de una música distinta a la que es “la de ella” la ofendería.




 


 
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"yo me pregunto, si en el “cumpleaños” de la fundación del D.F., o de la llegada de Cortés a Tenochtitlan, o en el aniversario de la derrota de Moctezuma ante la tropa española, los mexicanos permitirían que otros mexicanos disfrazados de bogotanos de antaño, con ruana y sombrero, tocaran la Gata Golosa y el -japiberdi- a la ciudad de México. Yo creo que les resultaría, cuando menos, ridículo e incluso insultante."

 

 

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