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¿Mariachis en el Cumple de Bogotá?
Por: J. Sebastián Salamanca

No. Yo no denigro del folklore mexicano, de hecho, una que otra
vez me ha resultado divertido. Sin embargo, me irrita
terriblemente que pongan música mexicana para celebrar el
aniversario de mi ciudad. Con Bogotá yo creo tener una relación
similar a la que tenía el genial Andrés Caicedo con su natal
Cali, él la quería pero la odiaba; una relación que narra en su
Infección. Caicedo odiaba a su ciudad porque “Odiar es querer
sin amar”.
Yo no odio a los mariachis, odio a los que entienden como
folklore nacional colombiano una expresión artística foránea.
Este país que siente vanagloria de un patriotismo recalcitrante;
un país de “vive Colombia viaja por ella”. El mismo terruño de
“el riesgo es que te quieras quedar”, no sabe nada de su propio
folklore y en el cumpleaños de su ciudad capital, contrata
varios grupos de mariachis para cantar un “japiberdí” (porque
nunca dicen “happy-birth-day”) y unos temas bien charros.
Uno pensaría, bueno, pues qué bonito ver a la colonia mexicana,
que es bastante grande en la capital, rindiendo un homenaje a
Bogotá en el aniversario de su fundación. Los mariachis que
contratan no son mexicanos, son de acá, de Bogotá. Unos tipos
similares a los que uno encuentra frente a la estación de
transmi de la 57, pero que cobran 10 veces más caro.
El problema no es de costos. Por mí que se gasten todo el dinero
que quieran en el aniversario de esta ciudad. Pero ¿Qué tiene
que ver la música de ranchería mexicana con la fundación de esta
ciudad? Hasta donde me contaron y he leído, Gonzalo Jiménez de
Quezada, español; Sebastián de Belarcazar, también hispánico y
Nikolaus Federmann, alemán. Ninguno de estos tres
expedicionarios de la conquista que tuvieron que ver en la
historia fundacional de esta ciudad, andaban con un sujeto en
traje de charro, sombrero tapatío, ni mucho menos, con pistola
al cinto, trompeta o guitarrón.
En efecto, Bogotá le debe mucho a México, como el cine del que
gozó la ciudad en la década del 50, que atiborraba los extintos
cinemas México y Azteca (actualmente auditorios de la
Universidad Central), con películas como El Compadre Mendoza o
Vámonos con Pancho Villa. De esa misma época data el gusto
colombiano por la música ranchera y la cultura mariachi. Hay que
recordar la participación de mexicanos en la construcción de los
otrora grandiosos ferrocarriles de Colombia. Bogotá incluso
tiene un parque llamado “Ciudad Juárez” en un lujoso y exclusivo
sector de la ciudad (calle 11 con cr 77), y entre las muchas
conexiones culturales, Bogotá y el DF son “ciudades hermanas”.
Sí. Mucho de México tenemos dentro de nuestra “bogotaneidad”.
Entonces lo del mariachi no parece tan descarriado. Pero yo me
pregunto, si en el “cumpleaños” de la fundación del D.F., o de
la llegada de Cortés a Tenochtitlan, o en el aniversario de la
derrota de Moctezuma ante la tropa española los mexicanos
permitirían que otros mexicanos disfrazados de bogotanos de
antaño, con ruana y sombrero, tocaran la Gata Golosa y el
japiberdi a la ciudad de México. Yo creo que les resultaría,
cuando menos, ridículo e incluso insultante.
Cabe señalar que si bien todos los colombianos han adoptado al
mariachi como algo tan propio que en la celebración de
cumpleaños de sus propios hijos contratan una serenata charra
para agasajar y elogiar al homenajeado, el mariachi es música
foránea, igual que la ranchera-carrilera, la llamada música
popular y de despecho y el reggaetón. Yo no voy a decir si es
mala o buena música. La música, como bien decía Nietzsche, “está
más allá del bien y el mal”. Cada quien tiene derecho a oír lo
que le venga en gana. No obstante, poner música mexicana en el
aniversario de una ciudad colombiana, es tan incongruente como
si en la celebración del 4 de julio los gringos pusieran un son
cubano o una polka rusa.
¿Por qué carajos los medios televisivos, los de la radio y todos
los que pusieron mariachis a cantarle “japiberdí” a Bogotá, no
llaman a los muchachos que ganan el festival Mono Nuñez? ¡Ah!
¡Eso sí que es música colombiana, puro folklore, del nuestro!
Música andina, típica de Bogotá, hecha por gente joven. Sin ir
más lejos, se puede poner a la filarmónica de la ciudad a tocar
música realmente nuestra. Que suenen sus magníficas adaptaciones
de las guabinas, pasillos y bambucos ¡Más cachaco pa’dónde!
Hasta me aguantaría folklore caribeño o pacifico, que son los
únicos que el pueblo parece reconocer. Es más, si pusieran
música llanera, personalmente, no me sentiría tan perdido y
anonadado.
La presentación de la sinfónica ocurrió casi tal cual como antes
describí. Con gusto vi allí a la sinfónica tocando con Totó, los
aterciopelaos y otros cuantos. Yo pensé que iba a tocar algún
mariachi, como los que sacó Citytv ese mismo día, el 6 de
agosto, en su programa matutino. Menos mal al distrito se le
ocurrió ese hit para el concierto. Supongo que con el préstamo
de la MediaTorta, el día anterior para un festival charro, era
más que suficiente.
Por mi lado aspiro a que algún día los bogotanos, y en general,
toda Colombia se den cuenta de que los mariachis no son para
nada colombianos y que elogiar un evento de índole histórica,
así sea 30 segundos en un noticiero, con folklore extranjero es
la muestra máxima de ignorancia de nuestra cultura.
Mientras escribía este artículo, alguien me preguntó si yo nunca
he llevado una serenata con mariachis. No me gustan los
mariachis, pero amo las serenatas. Nunca he llevado alguna,
puesto que mi pareja las detesta. Pero si he de ofrecer una,
llevaría un trío. Que me toquen música de Silva y Villalba o de
Fulgencio García. No obstante, conociendo a mi querida, habría
que llevar un trio, pero de Psychobilly y los pondría a tocar
covers de Elvis y Johnny Cash.
Si me tocara elogiar a mi querida ciudad, a mi odiada Bogotá, le
llevaría una serenata con música de la que hicieron los que por
sus calles caminaron, sus hijos propios y adoptados, que con
bellas armonías la adornaron y aún hoy lo siguen haciendo. Esa
música es la que mejor la representa porque, como a una novia,
llevarle una serenata de una música distinta a la que es “la de
ella” la ofendería.
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