
Apología al nacionalismo colombiano
Daniel Benavides
Escuela de Empresa
“Nuestra
generación se formó en una época de anarquía intelectual. Después de
un prolongado periodo de conciliación y tolerancia realizado por la
generación de lo relativo, nada más difícil que llegar en este medio
a convicciones fuertes, tranquilizadoras y saludables.”[i]
Estamos todos, en una sociedad nihilista, conformista y
materialista, resultado de un profundo cambio en la identidad
popular, inducido por las circunstancias que hemos tenido que
atravesar. Hemos olvidado nuestros principios, hemos olvidado
nuestra tradición, nuestra historia, y por ende nuestro futuro
también nos es incierto.
Todo esta confluencia de circunstancias, negativas todas, nos han
llevado a ser en la actualidad, un país del tercer mundo que
prefiere el libre comercio ante el autoabastecimiento, del cual sin
duda seríamos capaces con todas las riquezas de las que somos
poseedores, ya otras potencias como Alemania, Italia, Brasil,
España, Egipto, Estados Unidos, entre otras, han logrado
posicionarse en el mundo, apropiándose del lugar que merecen en la
comunidad internacional, dándole preponderancia a la fuerza del
trabajo de su pueblo, y aprovechando los recursos que sus tierras
les han brindado, casos sui generis, que se han atrevido a apostar
por una política corporativista de estado, en la cual el trabajador
tiene su merecida remuneración, sin ser disminuido por la exagerada
plusvalía con la que el dueño de los medios de producción se apodera
en modelos capitalistas.
No pretendo yo, hacer apología a ningún socialismo, sino a una
sociocracia, modelo que bien el positivista francés August Comte
comenta en el catecismo positivista, que bien cita el manizaleño
Silvio Villegas:
“Venimos pues, de una manera franca, a salvar el occidente de los
males que lo afligen: la democracia anárquica y la aristocracia
retrógrada, para construir, en lo posible, una verdadera sociocracia
que haga directamente concurrir a una común regeneración todas las
fuerzas humanas, aplicada cada una según su naturaleza. En efecto,
los sociócratas, no somos ni demócratas ni aristócratas. A nuestro
modo de ver la respetable masa de estos partidos tan opuestos
representa empíricamente por un lado la solidaridad, por el otro la
continuidad, entre las cuales el positivismo establece profundamente
una subordinación necesaria, acabando con su deplorable antagonismo.
Pero aunque nuestra política se eleva igualmente sobre aquellas dos
tendencias incompletas e incoherentes, no hemos de reprobarlas ambas
en igual medida. En treinta años que cuenta de duración mi carrera
política y social, no he dejado de sentir un profundo menosprecio a
lo que se ha llamado en nuestros varios regímenes la oposición, así
como una secreta afinidad con los diversos constructores. Aún los
que pretendían edificar con materiales viejos y gastados, me
parecieron constantemente preferibles a los demoledores, en un siglo
como el nuestro, cuya principal necesidad es la general
construcción. A pesar del atraso evidente de nuestros conservadores
oficiales, nuestros revolucionarios me parecen todavía más distantes
del verdadero espíritu de nuestro tiempo”.
En este fragmento, podemos ver la base intelectual de Charles
Maurrás, quien crearía La Acción Francesa, fundamento ideológico
éste del nacionalismo corporativista que aparecería entre los Siglos
XIX y XX sobre la faz de la tierra.
En el fragmento anteriormente expuesto, se apreciaría la tendencia
tradicionalista de Comte, que perduraría en las ideologías de ésta
derivadas, puesto que habla de la necesidad de conservación
identitaria, aunque retrógrada, ante la hecatombe anárquica, pues es
necesario conservar para reformas, dirían los Leopardos que toda
reforma requiere una base prima. Pero no es un tradicionalismo de
tinte conservador; del que en Colombia era abanderado “el Monstruo”,
Laureano Gómez; sino que es de un tinte nacionalista, por lo cual es
un tradicionalismo que sale de los centros educativos, de las
universidades, pues en palabras del político uruguayo de magna
grandilocuencia José Enrique Rodó: El espíritu de la juventud es un
terreno generoso donde la simiente de una palabra oportuna suele
rendir en corto tiempo, los frutos de una inmensa vegetación.[iii]
Es la juventud el descubrimiento de un horizonte inmenso que es la
vida parafraseando a Renán, y es por esto que es la juventud, en la
cual hasta la idea más tradicionalista, toma forma de acción
prontamente, y no se queda en un simple concepto.
Así de las universidades públicas germinaron entonces, con la
simiente de Maurrás, genios políticos que llegarían a manejar
importantes medios de comunicación, a conformar el senado de la
república, y en ciertos casos aspirar a la presidencia de la
república resultando con una prematura muerte, casos extremos éstos
como los de Jorge Eliecer Gaitán y Gilberto Alzate Avendaño, y otros
no tan recordados como Fernando Londoño Londoño, Silvio Villegas,
Eliseo Arango, José Camacho Carreño… uno de los cuales en su obra
plasmaría la máxima del pensamiento Nacionalista colombiano:
“Frente a un estado sin moral, urge romper el orden legal. La
historia es obra de las minorías enérgicas. La masa siempre sigue.”
Así pues, debemos recordar nuestra historia, para hacer de Colombia
una patria Grande Libre y en Paz, eslogan éste de un grupo
reaccionario contemporáneo. No podemos olvidar nuestra tradición
hispanoamericana, no podemos olvidar nuestra historia gloriosa,
donde previamente a la independencia ya nos caracterizábamos por ser
reaccionarios, tradicionalistas, y nacionalistas.
La evolución histórica de este pensamiento en Colombia comprende por
ejemplo al oidor Juan de Montaño, quien militaba en el “Partido del
Rey” de origen hispano-indígena[v]. Así mismo podemos ver a José
Antonio Galán, pregonando arriba el Rey,[vi] abajo el mal gobierno,
a Agustín Agualongo quien moriría gritando “Si tuviese veinte vidas,
estaría dispuesto a inmolarlas por la Religión Católica y por el Rey
de España”,[vii] y desde nuestra era republicana e independiente han
venido apareciendo generaciones de conservadores, tradicionalistas,
nacionalistas, e incluso políticamente incorrectos, que se han
opuesto al orden establecido derivado de la horrorosa revolución
francesa con su liberalismo, su democracia, y sus bases del
comunismo. Vienen a mi mente nombres como el de Don Sergio Arboleda,
Don Rafael Núñez, Silvio Villegas, Jorge Eliecer Gaitán, Gilberto
Alzate Avendaño, José Galat, Carlos Corsi, Luis Corsi, Fernando
Vargas, el movimiento Tradición Familia y Propiedad, y muchos brotes
de grupos nacionalistas contemporáneos.
Debemos apropiarnos de esa historia gloriosa, en el Siglo XX fuimos
quienes introducimos ese espíritu en Latinoamérica, y en el Siglo
XXI lo tenemos que rescatar, recuerdo las frases de Núñez ahora que
veo la negación de la identidad colombiana, cuando se pretende
aprobar el matrimonio homosexual, cuando se despenaliza el aborto en
casos determinados, cuando se condena a militares inocentes y
guerrilleros aspiran a la Presidencia de la República, cuando el
revisionismo histórico es prohibido y vendemos nuestra Soberanía a
estados extranjeros, cuando reprimimos la libertad de consciencia…
entonces digo: Regeneración o Catástrofe!
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[i] Villegas, S. (1935) No hay enemigos a la
derecha. Editorial Zapata 15
[ii] Ibid 21-22
[iii] Rodó, J. E. (2000) Ariel Ediciones Cátedra
S.A. 142
[iv] Villegas, S. (1935) No hay enemigos a la
derecha. Editorial Zapata 39
[v] Corsi Otálora, L. (2010) Independencia Hispano
– Americana ¿Espejismo Trájico? Luis Corsi Otálora 25
[vi] Ibid 37
[vii] Álvarez, Jaime, S.J.(1996) Agustín
Agualongo Manual de Historia de Pasto, Academia Nariñense de
Historia, Graficolor,. 223