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Al reencuentro de la Villa
Por: Francisco Pulido Acuña
Escuela de Derecho


A pesar de que las calles y construcciones son las mismas y el blanco de las fachadas se conserva aún intacto, como si ni el tiempo ni el desierto en que se ubica fueran capaces de alterarla en su habitual tranquilidad, la "Villa de Nuestra Señora Santa María de Leyva”, en ciertas ocasiones, deja su acogedor letargo y da la bienvenida a una horda de foráneos sin riñones, que llegan con el único fin de agotar las existencias de licor, entre esos yo, que llegué el pasado 18 de Agosto.

Sin pretender generalizar puedo afirmar que Villa de Leyva, durante el Festival de Cometas, es una congregación de estereotipos entre los cuales es fácil diferenciar tres grupos. El primero de estos son los residentes, personas en su mayoría amables, serviciales y acostumbrados a mantener buenas relaciones con quienes acuden a ellos, el tiempo les ha dado a estas personas la tolerancia suficiente para soportar las demandas y excesos propios de un festival de esta magnitud. El segundo grupo es el de aquellos que viajan buscando un entretenimiento familiar, es fácil reconocerlos porque habitualmente llevan un anciano en la silla de atrás de sus carros, llegan buscando conocer sitios como el Santuario de Iguaque, una hermosa reserva natural ubicada en la salida norte del pueblo; o viajando hacia Los Olivares donde al igual que casi todo en Villa de Leyva es un lugar de características únicas; también es fácil encontrarlos en el Santuario de Santo Eccehomo o visitando El fósil.
Estar en cada uno de estos sitios hace que empieces a notar las razones por las cuales esta hermosa Villa es considerada un monumento nacional desde 1954, además de ser el pueblo más bonito en una de las regiones más acogedoras de Colombia, el departamento de Boyacá.

El tercer grupo, del cual hice parte para el pasado festival, tiene un comportamiento similar al de una plaga de langostas, son consumidores compulsivos con grandes demandas de comida y hospedaje, lo cual para una tierra tan rica en todo sentido es fácil de ofrecer. Los planes turísticos y lugares de interés no son una de sus prioridades, pues lo importante es la rumba que se avecina, de hecho, la razón por la cual decidí realizar el viaje para este festival, fue el aviso de un amigo acerca del Shroom Fest 3 Villa de Leyva, un campamento de música electrónica con el cual se convocaba a 6 colectivos y 17 DJ’s; de tal forma que en todo el fin de semana no faltara la música.

Nunca llegué a tal campamento.

Aún así, mis planes de quedar como un “chango” lo más pronto posible no se vieron frustrados y no fui el único, pues en la plaza principal había una masa tambaleante de ebrios. En general fue una buena noche, sin arrepentimientos ni preocupaciones, algunos excesos pero nada que un tinto oscuro y una cazuela boyacense no curen. Pero al volver al día siguiente en busca de dicho tinto y la cazuela levantamuertos, fue cuando me encontré con la molesta sorpresa de que de aquella pasiva y limpia Plaza Mayor no quedaba nada, la plaga de langostas había dejado su marca allí, infinidades de colillas, muchas botellas rotas, borrachos incapaces de llegar a otro sitio mejor para dormir adornaban las bonitas calles empedradas.

Enguayabado y aburrido de la gente, además de impulsado por la mejor compañera de viaje que pudiera pedir, decidimos salir hacia El pozo de la vieja, un sitio muchísimo más tranquilo, sin el viciado ambiente que ya se vivía en el centro urbano. Para llegar al Pozo sólo se necesita querer llegar, pues a pesar del sol y el dolor de cabeza que todavía teníamos optamos por caminar por una carretera destapada que llevaba allí; caminamos sólo quince minutos antes de que una camioneta nos arrastrara y nos dejara justo enfrente al río, ya arriba todo fue una calurosa tarde de descanso. Dos cervecitas, diez minutos nadando desnudos en el río y una hora durmiendo y recuperando energía por lo de la noche anterior, fue suficiente para relajarnos y decidir bajar nuevamente al reencuentro de la Villa.

El reencuentro fue lo que debía esperarse, los mismos borrachos gritones de la noche anterior, la mezcla de música ensordecedora y el paraíso de los jíbaros que se lucraron vendiendo marihuana; todo fue lo mismo, como un déjà vu incesante que parecía prolongarse hasta la madrugada, todo fue igual, excepto por una sola cosa, tuve la desgracia de encontrarme con un grupo de niñas divinas de las cuales ninguna superaba los quince años, estaban tan drogadas que todavía no se habían percatado que la nariz de una de ellas sangraba como consecuencia del abuso del perico, esta imagen hizo que la situación empezara a tornarse insoportable. La rumba continuó, indolente, negándose a terminar.

Una buena juerga siempre se comporta como un Leviatán, superando la individualidad de cada uno de sus miembros, es un ente vivo donde cada uno no es en sí mismo sino en la generalidad, la farra te consume…

Si deciden viajar, Villa es un excelente destino con múltiples posibilidades y opciones para todos los presupuestos, igual se pasa tan bueno con diez mil pesos y una carpa, como con doscientos setenta mil en la debito y cupo suficiente en la crédito; por lo tanto, no hace falta más que una buena actitud de viaje y encontrar a la persona adecuada para que te acompañe.

 

 

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