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Hasta más allá de la muerte
Por: Sebastián Serrano

Prólogo
En una apartada aldea al norte de Britania, rodeada por majestuosas montañas blancas, una pequeña población de guerreros pasa sus días en apacible armonía y tranquilidad.

El tiempo de luchar para estos hombres había terminado, y por fin creen poder dejar las armas a un lado y volver a cuidar sus animales, recoger los frutos de sus cosechas, educar a sus hijos y dormir con sus esposas.

Han pasado ya unos cuantos años, lo que alguna vez conocimos como pequeña aldea ya no existe, en su lugar hay una gran fortaleza de piedra, donde los árboles alguna vez ocuparon un lugar, no hay mas que escombros de antiguos monumentos que ni el tiempo ni el clima han tratado con clemencia. Aun hay hombres que recuerdan aquella aldea, pero uno de ellos estuvo presente en nuestra historia, gracias a él hoy os la cuento.

El Viaje al Confín del Mundo

En un frió monasterio de Roma se desencadena, como todos los primeros lunes de cada mes, una fuerte discusión entre Lugus y Flavio, quienes discuten siempre sobre lo mismo.
-¡Déjame ir ya! No sabéis que tengo que saber de donde vengo.
-Pero si yo pudiera te lo diría pero es un riesgo que no deseo verte correr muchacho. Responde Flavio con gran tranquilidad.

Hace varios años, a dicho monasterio llegó una caravana del norte, entre ellos venía una moribunda mujer a quien acompañaba un pequeño joven de no más de cinco años; en su último suspiro de vida la madre pidió con gran fervor a sus dioses que protegiesen a su hijo de todo el mal que le acechaba. Como es de esperar, el niño quedó en manos del guía y cabeza de la caravana, al ser muy joven el chico, no podían arriesgarse a llevarlo y menos cargar en sus conciencias con la muerte del muchacho. Por tal se decidió dejarlo en el monasterio donde nadie sabría del origen de dicho joven; el monje de turno lo recibió y juró que nunca revelaría la identidad del muchacho y menos sus orígenes religiosos o terrenales.

Lupus, ya harto de discutir sin conseguir lo que deseaba, se marchó directo a su habitación y se arrojó a su cama donde quedo inmerso en un sueño profundo atormentado por cortas imágenes de una gran batalla y sangre por doquier.

A la altura de la media noche se despertó al sentir un chirrido fuera de su ventana, pero no era más que Flavio mirándolo desde la puerta. Ambos se miraron a los ojos sin decir nada y de inmediato Flavio se acercó a Lugus y le entregó una curiosa espada de una hoja brillante y unas palabras grabadas: “Hasta mas allá de la muerte”.

Lugus al día siguiente, antes de salir el sol, partió rumbo al norte con pocas provisiones y unas pocas monedas de oro, las necesarias para sobrevivir un mes. Tras varios días de viaje llegó al primer lugar donde se suponía descubriría quien era, pero no encontró mas que una placa de piedra con una curiosa frase: “La verdad será encontrada donde el cielo y tierra se unen y el delirio humano no os toque”. Lupus, sin más preámbulos, emprendió rumbo al horizonte, donde el cielo y la tierra se unen, pero aún seguía sin descifrar la segunda parte de la frase. Llegando al puerto más al norte de la masa continental tuvo que trabajar varias semanas en el muelle, hasta tener el dinero suficiente para comprar un pasaje y llegar a la gran escocia, la llamada tierra de bárbaros.

El barco zarpó a la madrugada; tuvo un día muy tranquilo de viaje. Ya al atardecer el cielo gris daba señales de tormenta. Lugus situado en el lado derecho de la embarcación observaba el horizonte, con una mirada perdida y sin sentido, de pronto un fuerte trueno lo hizo volver en si y se dio cuenta que en el horizonte se dibujaba la silueta de un gran castillo que contrastaba con el gris cielo que poco a poco se tornaba negro. De un momento a otro todos los viajeros y tripulantes sufrieron una repentina necesidad de dormir y uno a uno se fue a su recamara; mientras, Lugus se quedó un rato mas afuera, ya que el sueño era lo último que tenía en sus planes. Se preguntaba que sería lo que encontraría en el siguiente lugar donde debería estar, pero aún no descubría donde era ese curioso lugar del que hablaba la inscripción en la piedra. Perdido en sus pensamiento no se dio cuenta en que momento se tornó el cielo a un negro que parecía que las nubes no existieran y que las estrellas solo fueran parte de la imaginación; de un momento a otro empezó a caer una fuerte lluvia y de los cielos comenzaron a caer los mas estruendosos truenos que alguien alguna vez haya escuchado; parecían lamentos que los dioses daban al haber sido olvidados. Un momento después las cosas empeoraron, el mar comenzó a sacudirse de tal forma que las olas parecían grandes tropas de guerreros que embestían a sus oponentes con odio e ira. La embarcación no tardó en empezar a sufrir la furia del mar y poco a poco, una a una, las tablas que la vestían de historias y grandes obstáculos atravesados, estaban siendo arrancadas por el mar. Lupus, al darse cuenta de la situación, saltó a uno de los tablones mas grandes para salvar su vida, y después de cierto tiempo de estar flotando en algún lugar ya próximo a tierra firme, se dio cuenta que no hubo nadie en la cubierta, es mas, diría que nadie salió de los camarotes. Tal vez el estaba tan distraído que no se dio cuenta, pero ¿por qué no había nadie en el mar intentando sobrevivir a su lado?

Al llegar a la playa, exhausto, se tendió en la arena y cayó en un profundo sueño. Al despertar se encontraba en una habitación blanca con un hermoso sol que filtraba sus rayos dorados a través de un grueso cristal protegido por barrotes que daban un aspecto terrorífico a la ventana.

Se levanto lentamente, se sentía bastante cansado, no sabia cuanto tiempo llevaba en esta prisión, cuánto había dormido y mucho menos donde estaba. Se asomó a la ventana y vio un hermoso atardecer otoñal. Al fondo unas enormes y majestuosas montañas con sus picos cubiertos de nieve; mas cerca veía un inmenso campo verde rodeado por un inmenso bosque espeso y frondoso; debajo de su ventana veía unas enormes rocas amenazantes con sus puntas bien afiladas y una extraña silueta moviéndose entre ellas como si estuviera huyendo de algo. Luego vio un grupo de aldeanos bastante rudos buscando algo, parecía ser esa extraña silueta. De repente la puerta se abrió y apareció ante el una dama vestida de blanco. Era tan hermosa que Lugus no supo que hacer, su hermosura lo dejo paralizado, de haber podido, se hubiera pasado la vida apreciando esa belleza. La dama le tendió un vaso lleno de un líquido color verde, espeso y con un penetrante olor, el pregunto:
-¿Quien eres y que contiene esta poción? Dime donde estoy!.
-Soy Ágata, y esta poción es solo una bebida que te hará sentir mejor, y este lugar… lo siento yo tampoco tengo idea.
-Debo salir pronto, ¿sabéis donde están mis cosas?
-Lo siento, pero me parece que es imposible salir, mi señor nunca deja salir a nadie que entra.
-Pero yo no nunca quise entrar.
-No importa, no lograreis salir, este es vuestro nuevo hogar, debéis aceptarlo.
-¡No, no lo aceptaré y haré lo que sea necesario para salir de aquí, lo que sea!

Pasaron los días y Lugus estaba cada vez mas decaído. Ágata no era indiferente a la tristeza de Lupus, pues a fin de cuentas ella fue quien lo llevó al castillo. Esa noche, cuando ya todos estaban dormidos Ágata entro en silencio a la habitación de Lugus. El, bastante sorprendido, se quedó en silencio viéndola. Ella dijo:
-Se que queréis irte, te ayudare, pero con una condición.
-No debe ser nada bueno. ¿Y por que queréis ayudarme?
-Os ayudo por que tenéis razón, vos no pedisteis venir aquí al igual que yo y también porque yo os traje. Lo siento.
-Esta bien, no os preocupéis, pero decidme, ¿cual es esa condición?
-Debéis llevarme a donde sea que os dirijáis, os puedo ser útil.

Lugus lo meditó durante un rato y aceptó. Ágata le llevo sus cosas, sus ropas y su hermosa espada. Esta era la única cosa que le quedaba de su familia, así no supiera quienes eran, era muy valiosa para él.

El escape fue lo mas censillo del mundo, solo debían salir por la parte trasera del castillo. Lo verdaderamente difícil fue saber donde estaban. Luego de dos días de viaje Lugus retomó el camino hacia el este, atravesó toda la isla de lo que hoy es Inglaterra y en cada pueblo por el que pasaba era reconocido como un buen empleado, titulo que había conseguido trabajando en el puerto. Consiguió dinero suficiente para comprar dos pasajes para él y su hermosa compañera y se embarcaron en un gran navío que los dejaría en la isla que sería su última morada, el confín del mundo.

Tierra de Nadie

Una vez desembarcaron en la parte sur de la isla, Lugus se sorprendió al ver que la famosa Britania no era ni la sombra de lo que alguna ves fue. Estaba dividida en pequeñas tribus de celtas que peleaban por territorio y comida. Una de esas tribus, la tribu Fomore, era la más poderosa de todas. Lugus se encaminó a presentarse frente al líder, pues era lo correcto y quería evitar problemas. Al llegar a la aldea Fomore se sorprendió al ver que no había grandes castillos ni hermosas casas de piedra. Había en su lugar una esplendida aldea de pequeñas casas de madera, tiendas de piel y un enorme templo de mármol dedicado a los dioses. Se dirigió a la casa más grande de la aldea donde vivía Ogmios, el líder de la tribu. Al estar en presencia de él se dio cuenta que era un hombre bondadoso, hospitalario y sabio. Tan pronto vio a Lugus le recibió con un gran abrazo.

Toda la tarde Lugus estuvo explicando por qué estaba en la isla, cómo había llegado y qué buscaba. De inmediato recordó que faltaba una parte de la frase por entender, inmediatamente Ogmios explicó.
-Hijo, ese sitio al que os referís no es otro que la montaña de los perdidos, es donde estaba la más hermosa aldea del mundo, todos vivían en armonía y paz, es allí donde el delirio humano no os tocará.
-¿Por que sabéis todo esto gran señor?
-Jajá jajá, que por qué lo se, muchacho soy de los últimos Tuatha Dé Danann y tu también.
-¿Yo? Imposible mi señor, no soy más que un simple joven en busca de su familia.
-Si sois tan simple decidme ¿por que llegasteis tan lejos? Nadie que sea simple encuentra algo de valor aquí. Pero vos habéis descubierto que no sois tan simple, la espada, las marcas hechas con tinta en vuestra piel, tampoco son simples. ¿Creéis que Flavio te la hizo solo para que te veas sucio? No mi joven amigo, vos sois un hijo de Dagda y Epona, un guerrero de los bosques, el heredero al poder de Morrigan, ¡eres un guerreo puro!
Lugus no podía creer lo que este viejo hombre le decía de una manera tan natural, como si fuera algo que hiciera todos los días.

Después de varias horas de conversación Lugus sabía que tenía que hacer, sabia que su lugar era donde alguna vez estuvo su aldea. Sin pensarlo dos veces, partió. Ágata miraba atrás la aldea de los Fomore con nostalgia, nunca había visto un lugar tan tranquilo, con gente tan amigable. Lugus percibió este sentimiento en Ágata y le ofreció que se quedara, pero ella le miró fijamente a los ojos y dijo, no.
-No puedo quedarme, te estoy en deuda. Me habéis salvado de morir esclava de ese tirano.
-Pero si vos fuisteis la que me salvo.
-No importa, de todas formas os seguiré hasta la muerte y más allá, pues vos sois mi mundo.
Sin palabras, Lugus siguió su camino al norte.

Tras varios días de camino Lugus y Ágata decidieron dar un descanso a sus cansados pies. Acamparon en una pequeña cabaña que estaba entre un frondoso bosque al lado de la montaña. Cerca de la cabaña corría un riachuelo, Lugus recogió agua y llenó una enorme bañera, donde Ágata pudo refrescarse y asearse con tranquilidad, mientras lugus buscaba leña y comida. Pasado un tiempo Lugus pensó que ya Ágata estaría lista. Pero se equivocó, al llegar a la cabaña se topó con una imagen sin precedentes, vio a Ágata desnuda jugueteando con el agua. Lugus se quedó parado en la puerta en silencio, apreciando esa imagen tan hermosa. Ágata se puso de pie y Lugus vio su figura completa, unas perfectas curvas, unas hermosas piernas, al ver su espalda desnuda pensó que tal vez su piel era tan suave como su voz. De repente Ágata se dio la vuelta y vio a Lugus en la puerta observándola, este se puso nervioso y le alcanzó sus ropas con las manos temblando. Pero Ágata las arrojo al suelo, se acercó a él y le dio un beso en la boca. Lugus no resistió y la abrazó con fuerza.

La luna salió con todo su color plata de tal forma que nunca antes se había visto y presenció como Lugus hizo suya a Ágata con todo el amor que en su corazón había.

Llegaron al fin a la muy dichosa montaña de los perdidos. Estaba destrozado todo, solo quedaban unas piedras con grabados. Lugus se acercó y todos estos grabados y dibujos se le hicieron familiares. ¡Eran todos sus tatuajes! En las piedras contaban la historia de su familia, el único problema era que no entendía ese lenguaje, el lenguaje de los pobladores de la aldea, pues se había criado con latín romano. No podía estar más feliz y a la vez triste, había descubierto su origen, pero nadie de los suyos estaba vivo y no sabia que era lo que decían dichos grabados. Lo que si sabía era que este sitio era su hogar. Solo le quedaba aprender todo sobre sus antepasados y seguir con una nueva vida, no tenía nada más.

Lugus paso el resto de sus días en la montaña de los perdidos, nunca supo si era su verdadero hogar, pero vivía feliz. El y Ágata formaron una familia y sus hijos se fueron a otras partes del mundo a estudiar y a trabajar, y ellos dos, nuestros aventureros, murieron en paz donde el cielo y la tierra se unen, y el delirio humano no los tocaba.



EPILOGO

El delirio del hombre ha alcanzado lugares que nunca creímos haría. ¿Pero que se le puede hacer? Estamos destinados a acabar con nosotros mismos.
La civilización llegó hasta la tierra de Lugus. Todavía hoy sigue siendo uno de los lugares donde el hombre no es tan poderoso y arrogante. En esta fortaleza se alojan todos los hombres y mujeres que, al igual que Lugus y Ágata, desean ser felices sin importar que tanto posean, pues en esta fortaleza todos somos uno, si uno falla todos fallaremos.
¿Y como se la historia de Lugus? Pues es simple, yo Ogmios, señor de esta tierra de nadie, los conduje hasta aquí.
Espero os haya gustado mi historia y os recuerdo: siempre que vuestro corazón sea puro, desinteresado y busque la verdad, os recibiré gustosamente en la Fortaleza del Cielo y la Tierra donde hoy aun se oyen los cantos de Ágata y el corte de la espada de Lugus.
 


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