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Adiós a los superhéroes
Por: Miguel Mejía Vallejo
Comunicación Social y Periodismo


Batman protegía a Ciudad Gótica de los villanos, pero en Bogotá cuánto quisiéramos que un héroe como él nos salvara de mendigos y ladrones; Superman le monta cacería a Lex Luthor, un personaje de alta alcurnia. Cuánto quisiéramos que alguien persiguiera a políticos corruptos y abusivos de “guante blanco”. El Capitán Planeta buscaba con la ayuda de cinco preadolescentes de todo el globo terráqueo salvar el ecosistema; esa era la única manera de ver en consenso a nivel mundial, pero siendo realistas, no existe alguien tan “berraco” de enfrentarse al poderío industrial y económico.

Pensar en que se puede cambiar el mundo es algo que, con los años, vamos creyendo más lejano. No, el Capitán Planeta en la realidad es un iluso al creer que cinco niñitos son la esperanza de este planeta. ¡Se los comen vivos todos ellos! No, la realidad es otra. Mientras nos enseñan a reciclar, reutilizar, etcétera; del otro lado del charco, los individuos pisotean la naturaleza en pro del beneficio propio.

Cuando pequeño siempre quise cambiar el mundo (¿Quién no lo quiso alguna vez?), también quise ser bombero para salvar vidas, policía para arrestar a los ladrones, o incluso un gran dignatario para “ayudar a este país”; hasta que encontré mi primera desilusión: los bomberos llegan tarde a los incendios (por cualquier motivo), los policías se demoran en cumplir sus funciones (sin comentar que algunos son corruptos), y ser algún dignatario es algo complicado en este país tan difícil (por no decir jod…).

Entonces ahí empezamos a buscar otro tipo de ambiente, y soñamos nuevamente en cambiar el mundo, a nuestro modo, es decir: como biólogos, psicólogos, políticos, incluso como periodistas. Sin embargo, el segundo round lo perdemos igualmente, y llegamos a una conclusión obvia pero “sesuda”: no se puede cambiar el mundo, pero se puede aportar algo concientizando a los individuos. Qué podemos hacer: ¿nos volvemos realistas y botamos a la caneca las cobijas del Capitán Planeta, Batman, o Superman?, ¿ignoramos los recuerdos que nos motivan a salvar el mundo?, ¿regalamos a “quién-sabe-quién” los afiches de nuestros héroes favoritos de la televisión? Sí, así son los cómics y la televisión: la mentalidad de unos creativos, los sueños (utópicos) de unos pocos.

De qué sirve escribir, criticar, analizar problemas mundiales, si a la vuelta de la esquina hay individuos que se matan, niños y jóvenes que aprenden a utilizar las armas, pero no saben cómo usarlas; incluso vemos que la bondad se disfraza con la excusa de “salvar el mundo”, pero que a la hora de la verdad, son intereses políticos y económicos. El mundo se está acabando por culpa nuestra, no por la naturaleza, no porque “Dios nos está castigando”. La temperatura va aumentando gradualmente al pasar el tiempo gracias al efecto invernadero, nuestros nevados que son patrimonio natural se están extinguiendo, y si sigue así esta traicionera temperatura, en 20 años aproximadamente, nuestro país no tendrá nevados.

También vemos que mucha gente muere por ambiciones de terceros, la ayuda que requieren los países menos desarrollados es ignorada por los países más “evolucionados” (aunque ya se empiece a caer en cuenta de este detalle), la agenda internacional no debe radicar en su totalidad en la carrera armamentista, tal como lo indica el Realismo en las Relaciones Internacionales, más bien, debe detallarse en la problemática ecológica. Con todo esto cabe la pregunta ¿Qué tan útil es el raciocinio humano?, o será que por otras razones, el mundo entero se esconde en los disfraces de Bruno Díaz o Clark Kent, como manera catártica de huir de la apocalíptica realidad

Entre más sabemos, más ignorantes somos, y no lo lea como filósofo, sino como un individuo común. Es decir, entre más sabemos, más estúpidos somos, más nos metemos en territorios ajenos, destruimos culturas, nos acostumbramos a la muerte, ignoramos nuestro entorno, nos convertimos, incluso, en plagas que destruimos todo lo que está a nuestro paso, y buscamos cómo podemos adaptarnos a otros ambientes parecidos a nuestro planeta, comenzando de nuevo este ciclo…

Es tan utópico pensar en una mera solución para cambiar el mundo, que todos bailemos al ritmo de Disney con su canción “qué pequeño el mundo es…”, incluso en seguir soñando con el Capitán Planeta (y sus “planetarios”). Es más real, más justa y más atenta la Liga de los Superhéroes, es más creíble el Salón de la Justicia que organismos supranacionales; el problema es que la realidad es esta y no la de papel o un filme. A esos superhéroes hay que decirles adiós, empezar a prepararnos como individuos y brindar un leve conocimiento a otros generando así, una cadena que esperamos sea cada vez mayor. Es necesario que surjan otros superhéroes, esta vez de carne y hueso, no de mentiras

Por otro lado, los adultos nos dicen a los jóvenes que somos el futuro, que debemos empezar a cambiar este mundo… eso aparenta oler a irresponsabilidad por parte de ellos, a rendición, a ilusión, a utopías. Los “grandes adultos” siguen vivos, y aún les queda mucho que hacer. Dejar la responsabilidad a una manada de jóvenes y niños requiere también la ayuda de esos “viejos”.

¡Cómo duele ver que nos dejamos guiar por el Capitán Planeta y que nosotros solitos podíamos cambiar el mundo! Por un lado nos dejan semejante labor, pero por otro no nos ayudan. La cuestión no radica en: “ustedes son el futuro, deben mejorarlo”, debería ser: “nosotros somos el presente, y para que haya futuro, debemos mejorarlo”. Ellos ya son viejos (según ellos), pero siguen vivos, ¿entonces qué hay que esperar?

Sin embargo, ese pensamiento seguirá rondando la cabeza de los soñadores, y mientras tanto, nos toca contentarnos con aportar de a “puchitos” como lo hacen cantantes, empresarios, y otros simples mortales, así hasta que el hombre evolucione… ¡supuestamente!

Aun me quedan varios interrogantes: ¿cuál sería el superhéroe cachaco que nos libre de las garras del mal?, ¿quién sería el “berraco” que descubra sin interés, los corruptos?, ¿cuál sería el verdadero héroe que caiga en la cuenta que este planeta se está volviendo un botadero de basura? Esto lleva a las preguntas “sesudas”: ¿Existirá una tira cómica para estos casos? ¿A que horas pasan ese programa de televisión? Quizás en ellas encontremos todas las respuestas.



 



 

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