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Todo entra por los ojos
Por: Carolina Ángel Giraldo
Estudiante Contaduría Pública

 

La imagen es, sin lugar a dudas, el aspecto en el que reflejamos de una forma más precisa nuestra personalidad. Existen muchas opciones para formar una buena imagen, desde la manera en la que nos vestimos hasta las palabras que usamos para expresarnos. De la sencillez y espontaneidad con la que creemos nuestra apariencia dependerá la percepción que los demás se hagan de ella.

Ciertamente dice Albert Einstein: “Es más fácil disolver un átomo que un prejuicio” ; una mala imagen, hecha a pulso o a raíz de los comentarios (ciertos o falsos) de otros es como llegar mal vestido a una entrevista, por más que tengamos capacidades, excelente rendimiento y buena disposición para hacer las cosas, siempre nos asociarán con la primera impresión dada.

Una de las claves para ser una persona exitosa y plenamente realizada es tener un plan de vida estructurado sólidamente, es decir, identificar y clarificar las metas personales antes que las académicas y empresariales. Muchos coincidirán conmigo en pensar que una de las metas que nos trazamos alcanzar, es poder contar con una imagen admirable, pulcra y confiable ante los ojos de los demás. Sé que aquí probablemente algunos van a exclamar: “¡Yo no vivo del qué dirán, que hablen bien o mal de mí me tiene sin cuidado!” Puede ser cierto y hasta servirle de argumento a muchos para llevar una apariencia completamente diferente a las tradicionales, pero lo que yo les preguntaría a ellos es ¿cuánto les aporta su imagen a la hora de conseguir un empleo? ¿qué tan fácil les resulta tener amigos? ¿con su actual apariencia qué logros podrían alcanzar en 5 o 10 años?

Todos necesitamos a alguien para existir. De no ser así habríamos nacido en cápsulas y cada cual en un planeta diferente. Por lo tanto, aunque insistamos en afirmar que somos inmunes a la aceptación o rechazo de la sociedad, es importante cultivar las relaciones con los demás individuos y para ello es preciso, además de contar con unos valores arraigados, tener una buena imagen.

Yo estoy de acuerdo con forjar una identidad, es decir, tener una personalidad única, diferente y arrolladora, pero pienso que esto se logra con los ideales, los valores, los buenos hábitos y la chispa con la que se viva el día a día. No creo que sea necesario pertenecer a un grupo extraño, inventarse falsas creencias o atentar contra nuestro cuerpo para poder sobresalir en la sociedad. Comparto el pensar de Carlos Cauthemoc Sánchez: “No fumaré jamás ni me dejaré llevar por hábitos destructivos. Elegiré bien a mis amigos, porque al final seré el reflejo de los hábitos que aprendí y adopté de ellos” .Como dirían nuestros padres dime con quién andas y te diré quién eres.

No quiero que confundan mis palabras y piensen que el fin de mi escrito es netamente discriminativo, lo que sí quiero que comprendamos es que todo entra por los ojos y, para no ir tan lejos, piensen si se comerían un pasabocas que viniera en un empaque sucio y en malas condiciones, seguramente no, así se lo hubiera recomendado el ser más querido de sus vidas. ¿Y tú qué clase de pasabocas quieres ser?
 


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