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Los enredos políticos
de la economía colombiana
Fuente:
Wharton Universia
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Eduardo Guacaneme
Vicedecano Escuela de Empresa |
Las relaciones entre Colombia y sus
principales socios comerciales en la región no pasan por su
mejor momento. El tratado entre Colombia y EEUU, que permite
a las tropas estadounidenses utilizar hasta siete bases
militares en el territorio sudamericano, suscitó un intenso
debate durante la reciente cumbre de los doce miembros de la
Unión Sudamericana de Naciones (UNASUR), celebrada en
Bariloche, Argentina. La función de UNASUR es crear un
espacio de integración en aspectos como la política, la
cultura, la economía, etc., mediante el diálogo. |
Si bien para Colombia el acuerdo reviste una especial
transcendencia para su futuro inmediato, dado el grave y
endémico problema que representa para el país desde hace medio
siglo la conjunción del narcotráfico y el terrorismo de las
guerrillas marxistas-leninistas Farc, el llamado
narcoterrorismo; para países como Venezuela o Ecuador el acuerdo
es una injerencia estadounidense más en la región.
La Administración norteamericana pretende frenar la entrada de
droga a su territorio y el Gobierno colombiano espera que la
presencia militar de EEUU ayude a acabar con el problema del
narcoterrorismo. Se trata, en opinión de Rafael Pampillón,
profesor de Economía de IE Business School, “de un ejército
poderoso, avanzado en estrategias militares, que puede ayudar a
reforzar la capacidad operativa de las tropas colombianas”. Sin
embargo, para Eduardo Guacaneme Pineda, vicedecano de la Escuela
de Empresa (EDE) de la Universidad Sergio Arboleda, en Colombia,
la presencia militar es más que nada un elemento adicional
disuasivo que puede ayudar a que las partes involucradas en el
conflicto, en algún momento, se sienten a negociar. “El uso
exclusivo de la vía armada no resuelve ningún problema per se;
lo que sí permite es obligar a quienes están enfrentados a
entender que, cuando se comprueba que las vías de hecho no son
posibles, es necesario pasar a otros escenarios”.
El descontento por el acuerdo entre Bogotá y Washington ha
molestado especialmente al presidente venezolano Hugo Chávez,
principal abanderado del antiamericanismo en la región, que se
ha visto apoyado en sus reivindicaciones y quejas por Ecuador,
Bolivia o Argentina. El presidente venezolano, que desea
extender su revolución bolivariana por todo el subcontinente y
cuyo país, además, comparte frontera con Colombia, teme una
posible invasión de su territorio o el espionaje de las tropas
norteamericanas desde el territorio vecino, según explica
Pampillón.
En la misma línea, Guacaneme añade que, históricamente, las
relaciones entre Colombia y Venezuela han servido para, en época
electoral venezolana, crear un sentimiento nacionalista que
genera votos. “Si a eso se le suma que Chávez, en muchos temas,
se considera dueño de la verdad absoluta y que la presencia
permanente de tropas norteamericanas es un claro obstáculo para
su proyecto político expansionista, explica porqué el presidente
venezolano toma el asunto como propio”.
Aunque, en esta polémica, las naciones latinoamericanas alejadas
de las tesis chavistas, como Perú, México, Brasil o Chile, han
estado más cerca de Venezuela y Ecuador en sus posiciones. En el
caso de Brasil y Chile, puntualiza Pampillón, “más por razones
populistas y electoralistas, ya que tienen referendums muy
pronto. No cabe duda de que el imperialismo no vende
políticamente. Se han pedido más explicaciones (a Colombia) de
las que se deberían pedir, pero a la hora de la verdad, nadie
hace nada”.
Y es que según los expertos, la pretensión de Chávez era
montarle al presidente colombiano, Álvaro Uribe, una suerte de
proceso político en la conferencia de Unasur. Sin embargo, la
reunión en Argentina tuvo un saldo bien distinto. Tal y como
explica Guacaneme, “cada quien se declaró vencedor sobre todos
los demás, lo cual ya implica una lectura errónea de los
objetivos de una asociación al estilo Unasur. En la medida que
la objetividad lo permite, todos obtuvieron triunfos y
derrotas”. Sin embargo, el vicedecano de EDE considera que el
más beneficiado de estos desencuentros regionales “es el
liderazgo que continúa ejerciendo Brasil”. Un punto de vista con
el que coincide Pampillón, que señala que “Brasil se ha
convertido en el árbitro de América Latina. Está a bien, por un
lado, con Argentina y Venezuela y, por otro, con Chile y México.
A la hora de la verdad, es la primera economía de la región, la
más industrializada y ahora tienen petróleo”, señala,
refiriéndose a los enormes yacimientos descubiertos por la
petrolera estatal.
La onda expansiva
Lo cierto que el asunto de las bases ha abierto una nueva brecha
entre Colombia y Venezuela, el segundo destino de sus
exportaciones después de EEUU, que puede tener repercusiones a
nivel comercial y empresarial. Pampillón destaca la distinta
naturaleza de las exportaciones colombianas a ambos países: “Las
exportaciones a EEUU son de productos de bajo valor añadido:
petróleo y sus derivados (53%), carbón (11%), café (6%), flores
(9%) y oro (5%). En cambio, dice, las exportaciones a Venezuela
son en productos de alto valor añadido: coches, autopartes o
componentes para vehículos, alimentos, bebidas, productos
químicos y prendas de vestir. Estados Unidos acapara el 35% de
las exportaciones, es un socio privilegiado. A Venezuela, sin
embargo, exporta aproximadamente el 15%”.
Guacamene añade que “ser el mejor aliado de EEUU en América del
Sur pesará para que el próximo año se apruebe el TLC (Tratado de
Libre Comercio) con Colombia”. Pampillón también cree que los
colombianos esperan que el acuerdo militar acelere el proceso
del TLC con EEUU. “Durante muchos años, ha estado en el
frigorífico debido a que, con Bush, el Congreso, de mayoría
demócrata, no lo aprobaba porque no quería crear tensiones
sindicales”.
Sin embargo, Guacamene, piensa que Colombia puede estar
sobrevalorando la utilidad de este acuerdo comercial. En su
opinión, esto se debe a que “la implementación de un TLC no es
inmediata. Muchas de sus normas implican ajustes institucionales
no menores a dos o tres años y, posteriormente, hay que iniciar
un camino de implementación que no es ni fácil ni corto. Si se
hace un rápido cronograma de aprobación en 2010, y ajustes en
2011 y 2012, implica un inicio de aprovechamiento a partir de
2013 o 2014”. Él cree que la mayoría de los colombianos no tiene
este calendario claro e “imagina que, de manera automática, al
día siguiente de una aprobación del TLC por parte de Estados
Unidos, la situación del comercio va a cambiar, cosa que no es
cierta”.
Por otro lado, Guacaneme añade que el TLC no va cambiar los
problemas estructurales de la economía colombiana. En cuanto a
Venezuela, el vicedecano de EDE señala que el comercio seguirá
decreciendo debido a que “más allá de la voluntad de los
empresarios, temas como el manejo de divisas -que también afecta
a empresarios de otros países como Brasil- hace que los dos
países inicien el largo camino de sustitución de mercados; pero
por un efecto inercial el comercio del corto plazo continuará.
Puede preverse, no obstante, como ya está ocurriendo, que por
otra parte haya un efecto de migración de empresas, capitales y
empresarios de Venezuela hacia diversos países, principalmente
Colombia”.
Guacaneme prevé que con Ecuador, el segundo destino de las
exportaciones colombianas en la región, haya una restauración de
las relaciones políticas, lo cual permitirá que se sigan
estabilizando las relaciones comerciales. Al iniciarse el
segundo semestre de 2009, Ecuador impuso medidas arancelarias a
más de 1.000 productos importados desde Colombia. El presidente
del país, Rafael Correa, muy en sintonía con Hugo Chávez,
justificó la salvaguardia declarando que "hay que tomar nuevas
medidas para proteger aún más nuestro sector externo que es el
talón de Aquiles de la economía, producto de la dolarización",
que rige en el país desde el año 2000, cuando se sustituyó al
sucre por la divisa estadounidense.
Y añadió: "Colombia nos puede devaluar el peso en 30%. Nosotros
no podemos responder, perdemos competitividad, se empieza a
importar y no se exporta nada a Colombia, por eso hemos puesto
salvaguardias cambiarias a Colombia, lo cual lo permite la
Comunidad Andina de Naciones (CAN)", dijo. "Como no podemos
devaluar tenemos que protegernos en algo frente a la devaluación
del peso (colombiano)". La CAN es una comunidad constituida por
Bolivia, Colombia, Ecuador y Perú, cuyo objetivo es desarrollar
la integración andina, suramericana y latinoamericana. Antes de
1996, era conocida como el Pacto Andino o Grupo Andino.
Pero para Guacaneme, el mensaje final para Colombia es claro:
“Debe reflexionar profundamente sobre diversificación de
mercados y realineamiento de productos para otro tipo de
consumidores”. Un informe coyuntural del mes de julio elaborado
por el Cieca (Centro de Investigaciones Económicas, Contables y
Administrativas), de la Universidad de Medellín, en Colombia,
para la red Econolatin, hacía un llamamiento similar y describía
cómo a la contracción de la demanda interna del país se había
sumado la visible disminución de las exportaciones hacia los
diferentes destinos. “No sólo la demanda de Estados Unidos se
contrajo, sino que las exportaciones a Venezuela seguirán
disminuyendo por su retiro de la Comunidad Andina de Naciones
(CAN)”, señalaba el informe. En 2006, Venezuela se retiraba de
la CAN con el argumento de que los Tratados de Libre Comercio
suscritos por Perú con EEUU eran contrarios a la normativa e
instituciones de la organización.
“Éstos (EEUU, Venezuela y Ecuador), que son los tres socios más
importantes del país (alrededor del 70% del comercio exterior),
se están distanciando, todos por razones diferentes y no se
están construyendo relaciones alternativas con terceros países,
sino que se están haciendo esfuerzos infructuosos por recuperar
esas relaciones construidas durante más de tres décadas”, añadía
el informe.
Un futuro de luces y sombras
A pesar de todo, Guacaneme es optimista respecto al futuro
económico del país. Para él es evidente que si los tres
principales socios comerciales de Colombia tienen problemas
políticos o económicos, ello afecta directamente a la economía
colombiana. No obstante, dice, “se esperaba que los indicadores
fueran peores a estas alturas del año. No quiere decir ello que
ya hallamos superado todos los escollos, pero el impacto ha sido
menor que el inicialmente pronosticado”. Pampillón también se
muestra optimista respecto al desempeño de la economía
colombiana y señala que, en 2009, es muy probable que la
economía conserve, de media, un ritmo negativo de crecimiento
(-1%), pero en 2010 la evolución ya será positiva (2,5%). En su
opinión, el resto de países de la región también empezarán a ver
la luz a final del túnel en 2010, todos menos Venezuela, cuya
economía decrecerá un 2,7%.
También son optimistas los empresarios colombianos sobre el fin
del ciclo contractivo de la producción y ya están celebrando un
nuevo récord de baja inflación, según indica otro informe del
Cieca del mes de agosto. Esto, dicen, a pesar de los problemas
políticos y diplomáticos con sus socios y vecinos. El informe
señalaba, sin embargo, que con respecto al sector externo y al
comportamiento de la tasa de cambio están apareciendo nuevas
preocupaciones, porque el proceso de revaluación esta vez no
está reflejando la salud de la economía colombiana, sino todo lo
contrario. “En el ambiente empresarial ronda pues un optimismo
moderado, mientras que para los trabajadores y desempleados la
situación continúa deteriorándose”.
Para el Cieca, las consecuencias inmediatas de la crisis
política han sido la suspensión de exportaciones de varios
productos a Venezuela, “con efectos negativos para empresarios
colombianos de varios sectores y el desabastecimiento de algunos
productos básicos en Venezuela, donde Colombia es el principal
proveedor por razones económicas y geográficas, como la carne,
huevos y otros alimentos”. En opinión de los analistas, en el
futuro cercano el desenlace puede ser muy negativo, “dado que
los empresarios colombianos están desconfiando del mercado
venezolano por la inestabilidad de las relaciones comerciales y
Venezuela está haciendo esfuerzos por crear una desviación de
comercio hacia sus socios del sur, con quienes tiene más
cercanía política”.
También creen que el Gobierno de Ecuador tardará varios meses en
desmontar la salvaguardia. “Al iniciar su segundo período, el
presidente de Ecuador ha endurecido su posición frente a
Colombia, por el distanciamiento político que continúa
consolidándose”.
El equilibrio de relaciones
En opinión de Guacaneme, es imposible que Colombia maneje o
mejore las relaciones simultáneamente con sus tres principales
socios comerciales “en la medida que los presidentes de otros
países no sean coherentes con sus planteamientos. Por ejemplo:
justificar la carrera armamentista propia y exigir el respeto
por la autodeterminación de los pueblos”, dice refiriéndose a
Venezuela, “y, de otra parte, criticar la posibilidad que con
base en esa misma autodeterminación otros países no puedan
decidir soberanamente”.
Y añade que Colombia, históricamente, ha tenido buenas
relaciones con otras naciones. En su opinión, lo que actualmente
esta ocurriendo es que “los demás países sólo ven una parte del
comportamiento del Gobierno: un acuerdo de apoyo militar. Pero
no están teniendo en cuenta la causa: una guerrilla declarada y
reconocida mundialmente como terrorista que sigue existiendo
gracias a los fondos que se procuran a partir del narcotráfico.
Colombia ha asumido mundialmente una guerra que no sólo le
afecta a ella: un caso típico es verificar cómo se ha clonado el
fenómeno del narcotráfico colombiano, por ejemplo, en países
como México”. Actualmente, el Gobierno mexicano se encuentra
luchando con todas sus fuerzas contra el narcotráfico que, de
momento, se ha saldado con un reguero de muertes.
En el escenario político interno, la Cámara de Representantes de
Colombia aprobó recientemente el proyecto de ley de referendo
que permite al presidente Álvaro Uribe optar a una segunda
reelección inmediata si decide presentarse como candidato en
2010. En el referéndum se sometería a consulta de los
colombianos el siguiente texto: "Quien haya sido elegido a la
Presidencia de la República por dos periodos constitucionales,
podrá ser elegido únicamente para otro periodo". Esto ocurrirá
sólo si Uribe decide finalmente presentarse a las elecciones de
2010 y después de que la iniciativa sea aprobada por la Corte
Constitucional en un plazo máximo de 90 días, el último
requisito para que el presidente colombiano se mantenga en el
poder durante un tercer mandato.
Aunque no se descarta que el ex ministro de defensa, Juan Manuel
Santos, pueda ser finalmente el candidato de centro derecha en
las próximas elecciones, algo que complace a Pampillón: “Aunque
la decisión de Uribe de presentarse a la reelección fuera por la
vía constitucional y es muy capaz de terminar el trabajo que ha
empezado, si se presentara Santos y saliera elegido, la
situación tampoco cambiaría tanto. Habría continuidad política y
no hay que olvidar que la izquierda, en la oposición, está muy
dividida”.
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