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VIVAMOS LA PASCUA
por: Padre Mauricio Uribe
Pastoral universitario
La Iglesia nos recordó el pasado miércoles
de ceniza que a partir de ese día hay que cambiar el telón de fondo de las escena
litúrgica para dar paso al color morado de la penitencia, siempre un preparatorio de
todo conocimiento importante. En este caso de la pasión, muerte y resurrección del
Señor con el miércoles de ceniza y empezó la cuaresma.
Cuarenta días de preparación para la solemne Semana Santa, la gran fiesta de Pascua.
Es el primer toque de atención que la iglesia nos da invitándonos con ayuno y
abstinencia a preparar nuestro cuerpo y nuestra alma para esas celebraciones muestras
de nuestra fe cristiana.
Nos ofrece la Iglesia todo un programa de vida en estos días: Oración, fraternidad,
limosna y nuestros días de misericordia espirituales: Sacrificio, penitencia,
conversión, arrepentimiento a los momentos, especialmente a la confesión y desde
luego, en la eucaristía.
No son pocos los que al oír la palabra: Penitencia, sacrificio, ayuno, se asustan e
incluso se escandalizan pensando en su retorno a siglos pasados. Parece como si un
mundo como el nuestro no estuviera dispuesto a votar, ni siquiera por esos días con
esa mentalidad facilista, cómoda que nuestra sociedad pesimista nos ha deparado. Pues,
si la Iglesia sigue hablando de penitencia, que en su genuino sentido significa ante
todo concilio y conversión. Esto no es posible que se dé sin vencerse, sin sacrificio.
Por supuesto, la más importante penitencia que ello nos recuerde es la participación
en el sacramento. Ese momento litúrgico que hace recordarles la existencia de este
sacramento espléndido de la misericordia de Dios. De un Dios bueno que comprende la
debilidad de un sacrificio y pone a su alcance el remedio tras la exigencia del
arrepentimiento personal.
Confesarse es la más importante forma de penitencia. La confesión se mejora en el
comportamiento habitual, lleno de fidelidad al cumplimiento de las dedicaciones
familiares, sociales y profesionales, entonces, que mejor: En la penitencia hay vida,
estamos en función de que esto les venga diciendo que en los grandes devociones, son
siempre posibles para el común de los cristianos. Lo cual no excluye la convivencia de
servicios voluntarios que templan la voluntad y las exigencias para el camino del
bien, que sean como flores enrojecidas por el sacrificio que nos esforzamos por el
señor de los cielos y tierra como cariño y sumisión. Que nuestra cuaresma personal
tenga un sentido más profundo,
más verdadero que la de años anteriores.
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