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Para ellas una condición del que cualquiera puede sacarlas, para ellos aún es símbolo de pureza.

“La virginidad es un asunto de machos”

Por: Cindy Alejandra Morales Castillo Periodista Universidad Sergio Arboleda
www.cinmoraleja.com.co

“Lo que desde hace varios años estamos intentando las mujeres es hacer entender a los hombres que las mujeres no siempre nos enamoramos del que llevamos a la cama”


Foto: Flor de Fango. José María Vargas Vila.

Con cierta lentitud, Mariana de 20 años, aspira su cigarrillo, eleva su mirada y piensa, demora unos cuantos segundos y sonríe como si hubiese encontrado un recuerdo pecaminoso, algo travieso, algo rebelde. Finalmente dice: Lo primero que pensé el día que perdí la virginidad fue ¿Eso era todo? Su respuesta tiene un tono de naturalidad sorprendente, la dice con desparpajo, casi sin conciencia.

Como si fuera una repetición infinita, una reiteración de espacios, una reincidencia de palabras, la mayor parte de las mujeres, coinciden en la decepción que les produce la famosa pérdida de la virginidad, entre otras razones porque el placer se ha vuelto fácil, porque ya no tiene la misma trascendencia. “Lo que desde hace varios años estamos intentando las mujeres es hacer entender a los hombres que las mujeres no siempre nos enamoramos del que llevamos a la cama”, afirma Catherín Sotomayor, presidenta de la naciente Organización Feminista Enclave Feminista.

Pero realmente no es tan nuevo el hecho de que una mujer inicie su actividad sexual a tan temprana edad. En tiempos pasados, quizá hace unos 50 o más años atrás, las mujeres tenían su primera relación sexual a los 14 o 15 años. Claro, ellas lo hacían con su respectivo esposo, como parte de sus deberes conyugales, con una cierta bendición legal, sin presiones sociales; aún en algunas culturas y sociedades esa relación sexual iba en detrimento del placer físico de la mujer.

En este sentido, lo que en este momento se pone en la palestra pública no es la edad en la que se inicia la actividad sexual, sino que ahora son las mujeres quienes toman la decisión de tener relaciones sexuales con un hombre, que no necesariamente es su pareja definitiva y estable, y por supuesto que la independencia también les ha proporcionado placer.

La Encuesta Nacional de Demografía y Salud (Salud sexual y reproductiva en Colombia), indica que en promedio el 11 por ciento del total de las mujeres de 25 a 49 años tuvieron su primera relación sexual antes de cumplir los 15 años. El porcentaje ha crecido casi un 3% -que representa casi 12.000 mujeres- en comparación con el año 2000. La encuesta afirma, que “al analizar los diferentes grupos de edad, se puede concluir que la primera relación sexual en Colombia, entre la población femenina está ocurriendo a edades más tempranas.”

“Libres de cargas sociales y de imposiciones machistas, las mujeres han encontrado un espacio para poder desarrollar su pasión. El que ya no les interese con quién pierden la virginidad lo único que revela es que la sexualidad dejó de condicionarse hacia un con quien, lo que supone también que se centraba en el hombre, sino que ahora va a dirigido a un para quien, que condiciona a la mujer como centro de su erotismo y en búsqueda de un placer más propio”, afirma Sonia Bernal, psicóloga y experta en salud sexual.

Natalia está sentada en uno de los parques del norte de la capital, tiene 17años, pero sus expresiones y pensamientos acerca de la vida, podrían hacer presumir que tiene otra edad, que es mucho mayor. Al iniciar su discurso lo hace con un tono algo prosaico. “Estos de ahora son los valores mostrados a la humanidad después de tantos siglos de vivir en una especie de oscurantismo medieval […] trato de decirle a diario al mundo, a la sociedad y a las mismas mujeres desde mi propia experiencia que la importancia de la virginidad ya no radica en tener intacto el himen o no, sino en contemplarlo como una manera natural e irreprimible de sentirnos mujeres a través del amor”.

Juan es el novio de Natalia. Cierto asombro se adueña de su cara al oír lo que ella dice. Entonces como por cierto ataque repentino de machismo o quizá para no dejar que siguieran acabando así con los de su especie y de paso con su reputación dijo: “Lo que pasa es que a nosotros nos gustan las mujeres de casa, para que sean nuestras novias, las oficiales. Por eso la condición de su…-y piensa como decirlo- virginidad da cierta garantía de que ustedes son juiciositas y repito así es que nos gustan”.

Natalia queda aún más sorprendida. Juan sólo responde “Nata, es sólo una creencia, algo que pensamos los hombres...sólo es eso. En el fondo –admitió más adelante- a los hombres nos gustan vírgenes pero con experiencia -”
Nadie censura la vieja y antiquísima costumbre de llegar blanca y pura a la noche de bodas, con un marido oficial y un respaldo legal que bendiga y proteja esa alianza. Eso nadie lo censura, ni siquiera lo señala. Contra lo que luchan, algunas mujeres, es contra el prestigio que por tanto tiempo se le ha dado a algo tan simple como el hecho de romper un himen, y la continua suposición al mejor estilo garciamarquiano (Crónica de una muerte anunciada) de “que la única garantía es la exhibición de la sábana de hilo con la mancha de honor”.

Sofía tiene cara de bohemia, no es muy alta, tiene el pelo negro, y demasiado ensortijado. Confiesa que le encanta el arte y caminar lentamente por las calles del centro, con la miraba perdida en el pavimento. Ella tiene 23 años, es una trabajadora incansable, inteligente pero según sus propias palabras le hace falta algo, una chispa. “Llevo el Karma de ser virgen”, afirma. “Veo a mis compañeras, ríen, abrazan, sufren, lloran, aman, y quisiera eso para sentirme un poco más viva, esto hace años dejo de ser una virtud, quiero percibir un olor carnal que me calé hasta las entrañas”.

Sus tremendos ojos cafés, reflejan cierta tentación insatisfecha, cierto antojo apaciguado, cierta pasión a punto de extinguirse. Proclama como si fuera un estandarte, su interés profundo en un hombre, uno sólo que se apiade de ella –como lo dice-. “He aprendido a conocer a los hombres desde lejos y no desde la intimidad […] a pesar de ser todavía virgen, sé que ese que este conmigo la primera vez no va a ser mi primer amor, él sólo va a ser un algo, no sé como describirlo, ese algo que me permitirá autodescubrir una parte de mi”.

Las adolescentes coinciden en varios puntos sobre todo en el hecho de que son ellas ahora quienes toman la decisión de acostarse o no con un hombre, quienes se permiten disfrutar más en una relación y sobre todo quienes definen la estructura de esa relación. “No se trata de volver al mundo matriarcal, es más bien de equilibrar el poder para ambos bandos”, asegura Sotomayor.

Teresa Bernal, psicóloga de familia, asegura: “Lo que hay que ver es bajo qué condiciones se está desarrollando la mujer adolescente en este aspecto. Esto es lo que realmente creo progresivo; las mujeres han asumido un papel fundamental frente a la toma de decisiones como el hacerlo, no hacerlo, y sobre todo es clave su actitud de protección”.

Según la Encuesta Nacional de Demografía y Salud, en Colombia, el conocimiento de métodos de planificación por parte de las mujeres entres los 13 y los 49 años es universal –es decir todas los conocen-, independiente de su estado de exposición.

Pese a este conocimiento general, entre las mujeres de 15 a 19 años de edad que no están casadas o unidas, pero que tienen una vida sexual activa, el uso de métodos anticonceptivos disminuyó en un 2 por ciento, pues en el año 2000 se registraba un uso del 81 por ciento, mientras que en el 2005 se registró del 79 por ciento. Del mismo grupo de mujeres el 97% han usado alguna vez un método de planificación siendo el más común el condón, seguido del retiro, y la píldora.

Allí está Marcela, sentada frente a la computadora, recientemente recibió su grado de abogada, pero ya está trabajando. Es según ella una de esas pocas mujeres que creen tener esa solitaria costumbre de nunca pertenecer a nada. Tiene 21 años, es trigueña, de ojos grandes cafés y un muy largo pelo negro. Su historia es algo arriesgada. Algo particular. Empieza a contarla, muy lentamente como quien reconstruye algo olvidado, y en verdad para ella lo es. “Nunca le di importancia a la virginidad para mí eso nunca ha sido problema de las mujeres sino más un asunto de machos, alguna vez escuché que ellos las prefieren así porque no están dispuestos a aceptar críticas”. Sonríe con desparpajo, como si fuera una niña que acaba de decir algo imprudente frente a una visita.

Sigue contando que conoció al “fulano” –como ella lo llama- cuando estaban en la universidad. Estuvieron un año y medio juntos, pero nunca fueron novios, y eso siempre lo aclara. “Ni a él ni a mí nos gustan los títulos, estábamos juntos, con la posibilidad de que él tuviera otras y yo también estuviera con otros, como cualquier noviazgo normal, sólo que nosotros sí lo sabíamos”. A juzgar por su forma de hablar, pareciera que no lo extraña, no lo añora y ni siquiera recuerda esa supuesta inolvidable primera vez.

“A muchos les suena raro… (se detiene y piensa) pero fui yo quien le propuso al fulano que estuviéramos juntos. Al principio se negó porque como era mayor que yo, pensaba que yo me iba enamorar de él –se ríe-. Como todo hombre terminó cediendo, lo hicimos sólo una vez, fue bonita, no maravilloso, pero si fue bonito. Ese mismo día se acabó todo lo que había entre nosotros.”

A lo largo de los siglos, en todas las culturas, en todos los imperios, dentro de los grupos primarios, los secundarios, incluso dentro de las mentes de muchas mujeres la curiosa condición de ser virgen ha sido un ruido rimbombante, casi un mito al estilo del Santo Grial, casi un encuentro con una diosa perdida, un asunto tan simple, al que no es fácil despojarlo de las telarañas de los siglos.
No se trata de un feminismo extremo, ni siquiera de que la sociedad haya dejado atrás los valores de la familia. El punto es que esos valores se transformaron el día en que las mujeres empezaron a ver el sexo como una condición normal intrínseca en su ser, decidieron explorarlo, explorar su cuerpo en las noches tibias en las que se sentían solas, en las noches cálidas cuando otro cuerpo las acompañaban, y entonces su erotismo al fin salió, y la desfloración fue expulsada de su cabeza y siguió y siguió bajando…

 



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