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COREA DEL
SUR:
Grandes Oportunidades Comerciales para Colombia
Por: Juvenal Infante*
Director del Centro de Estudios del Asia Pacífico
*Intervención en el Foro: “Corea del Sur:
Grandes Oportunidades Comerciales para Colombia”, organizado
por la Cámara de Comercio de Bogotá y el
Comité
Colombiano del PBEC . Juvenal Infante es Economista,
Magíster en Comercio internacional, actual presidente de la
Cámara Colombo-Coreana de Industria y Comercio y catedrático
de la Universidad Sergio Arboleda.
Cincuenta años de relaciones sin despegue
La historia de la humanidad y el destino de los pueblos
guardan siempre paradojas inescrutables. Colombia y Corea,
dos naciones distantes en la geografía, en la historia, en
la cultura y las costumbres, en la lengua, en la raza y en
el desarrollo de sus identidades nacionales respectivas,
vieron de pronto cruzados sus caminos algún día en el año
1951 cuando el mundo se debatía entre las ansias de poder y
las ambiciones expansionistas de las potencias dominantes
determinadas a todo trance a imponer sus ideologías en la
península coreana.
Hoy, 50 años después, el hecho fundamental de la vida
colombiana en los actuales momentos de su historia es, sin
la menor duda, el de su apertura económica e inserción al
mundo de la globalización. Este evento, debe su
trascendencia al hecho de que desde sus comienzos Colombia
había sido y, en cierta forma sigue siendo uno de los países
más cerrados de la América Latina. El “Tíbet de la América
del Sur", como se le ha llamado, tiene, paradójicamente, el
territorio más internacional de la América Latina entera.
En efecto, con una extensión territorial mayor que toda
Centro América y el Caribe juntos, Colombia colinda con doce
países; doce y no cuatro o seis, como la mayoría de los
países del mundo. Son cinco nuestros vecinos fronterizos por
tierra y siete por mar, lo cual no es nada usual. Con casi
un millón de kilómetros cuadrados de territorio marítimo;
está presente en las áreas de mayor signifi-cación para el
mundo entero desde el punto de vista de la biodiversidad, de
la geopolítica y de la estrategia económica actual, moderna,
la del siglo XXI, como quiera que se encuentra ubicada
también en el Pacífico Occidental.
Y el Pacífico es la primera región del mundo de hoy; habita
allí el 60% de la población del orbe y conforma el área de
mayor desarrollo relativo del planeta. Colombia está también
en el Atlántico, en la Amazonía, que es la primera zona
ecológica del mundo, en el Caribe, en los Andes, en la
Orinoquía, en el trópico ecuatorial. En fin, ningún otro
país latinoamericano, ninguno, incluyendo los más grandes y
de mayor desarrollo económico como Brasil, Argentina y
Méjico, tiene esa presencia viva y real en tantas partes
vitales para el mundo, sobre todo para el mundo de mañana,
el del futuro que ya comenzó.
De modo que sí ha habido una paradoja en el sentido de que
el país más internacional de la América Latina por su
privilegiada y excepcional ubicación geográfica, haya sido
justamente la nación más cerrada por su cultura, por su
historia, por su idiosincrasia. Todavía hoy, admitámoslo,
muy a pesar de la “apertura”, de la “internacionalización de
la economía”, de la tan pregonada “inserción al mundo de la
globalización”, muy a pesar de 30 años de PROEXPO y
PROEXPORT y 10 años de COINVERTIR, somos todavía un país
introver-tido, con una economía sellada y un desarrollo
endógeno en altísima medida, en contraste con la mayor parte
de los países del mundo, que con contadas excepciones
tienden a desarrollarse más en las costas, a articularse a
la economía mundial y a regirse más desde afuera que desde
adentro.
Razones del encierro
Todo ello, probablemente porque nuestros nativos ancestrales
se ubicaron en los espinazos de las cordilleras, inducidos
tal vez por razones sagradas de su cultura; porque los
conquistadores españoles que llegaron a nuestro suelo
incursionaron hacia adentro tras la quimera de El Dorado y
porque tenían que avanzar hacia el sur en la conquista y
colonización del subcontinente, por la ubicación de las
minas de oro y también porque quisieron aprovechar los
climas más benévolos que eran los de las partes altas.
Además, porque tenían necesidad, por otro lado, de montar el
orden sin libertades, someter la mano de obra nativa a la
economía de la servidumbre y al imperio de la encomienda, e
imponer la cultura de la dominación en torno a las
comunidades indígenas que encontraron, allí donde se
encontraban, en el interior del país. Esas, y el temor al
constante asedio que los piratas ejercían sobre los
asentamientos y posteriores ciudades costeras del mar
Caribe, fueron las razones por las cuales los conquistadores
prefirieron penetrar el territorio hacia el interior y
replegarse en las cordilleras, alejándose del mar.
Luego vino el café, que creó la economía de montaña en torno
al grano; y detrás de la cultura cafetera, la
industrialización hacia dentro inspirada en la sustitución
de importaciones de bienes de consumo, que por definición
consideraba que el mercado único era el mercado interno y el
mercado interno era el creado por la economía cafetera en
las vertientes de los Andes.
Cómo se dio la apertura colombiana
No obstante, este país comenzó a abrirse, abruptamente,
desde mucho antes de que los gobiernos hablaran de apertura,
y fue así como comenzaron los colombianos a bajar de sus
altas montañas, a colonizar los llanos, los valles cálidos,
a emigrar de sus fronteras, a entrar a Venezuela, al
Ecuador, a Estados Unidos, hasta el punto que hoy tenemos un
10% aproximadamente de nuestra población por fuera de
nuestras fronteras. De modo que sí se ha generado una
internacionalización espontánea, de hecho más que de
derecho, aún antes de que el presidente Virgilio Barco
formalizara la política de apertura en Colombia en el año
1990.
Todo esto indica el porqué el país esté viviendo en buena
parte los problemas de hoy, pues finalmente Colombia se
incorporó al mundo a través, ya no del café, que fue nuestra
digna carta de presentación, nuestra mejor credencial ante
el mundo, sino de la droga: marihuana y coca. Y eso, con
todas sus tragedias y maldiciones es lo que estamos viviendo
ahora, como si el mundo se hubiera entrado por la ventana
como un torbellino, un huracán enfurecido, y hubiera puesto
a zozobrar aquellos elementos tradicionales de la cultura
introvertida y de la economía hacia adentro.
Por eso tenemos que voltearnos hacia el mundo con urgencia;
hoy más que nunca, porque más que un propósito de política
exterior es una estrategia clave para el desarrollo, y una
responsabilidad conjunta de Estado y empresa. ¡No es
suficiente habernos acogido de manera formal, teórica, casi
aparente, a las corrientes aperturistas de la economía
mundial! Realmente debemos cambiar de mentalidad, tenemos
que abrirnos más al mundo, porque definitivamente es lo que
nos conviene, porque en el mundo que vivimos hoy no tenemos
mejor opción que hacer parte de él e integrarnos a su
suerte.
Aprovechar las ligaciones del pasado
Y en esa secuencia de ideas, Colombia tiene que ver con qué
países se une; identifica los lazos, las ligaciones que en
el pasado logró construir, y eso debemos hacerlo
rápidamente, antes que desaparezcan las generaciones de
líderes que nos conocieron, que nos trataron, que
desarrollaron y mantuvieron con nosotros relaciones de
amistad, de cooperación; que tuvieron ocasión de apreciar
nuestros verdaderos valores. ...Y uno de esos países es
Corea del Sur, puesto que los líderes veteranos de ese país
conocieron la Colombia de entonces, ciertamente de vocación
autárquica, pero llena de valiosos y auténticos tesoros
íntimos que pudieron evaluar, y seguramente mantienen aún en
su memoria de cara a las realidades de hoy en día.
Aproximarnos más intensamente a Corea
Podría uno preguntarse entonces si no ha llegado el momento
que estas dos naciones, lejanas pero unidas, próximas por
sus recuerdos, por los hechos compartidos, por haber dado
juntos la batalla, [bien se dice que la vida de la guerra es
la más intensa de todas las vivencias humanas; hace que los
compañeros de combate se vuelvan más que hermanos, en razón
justamente de la intensidad del drama que compartieron],
digo, si no ha llegado el momento de que a su turno Corea
vuelva ahora los ojos a su antigua amiga solidaria de
América Latina.
Y si no ha llegado el momento también de que Colombia
aprenda, se inspire en la lección enorme de resistencia, de
tenacidad, de superación en todos los campos de la vida que
representa la historia de posguerra de Corea del sur; de
cómo de la nada, de la casi devastación total, gracias a su
educación, a su laboriosidad proverbial y espíritu
emprendedor, sagaz, recursivo, a su innata disciplina de
trabajo, que sin contar Corea con riquezas naturales,
hicieron crear riqueza, logrando que los coreanos se
hicieran cada vez más creativos y creadores cada vez más
eficientes, más productivos y competitivos. De ahí que en
medio siglo Corea hay logrado asombrar al mundo, hacer que
el mundo entero les reconozca su ingenio y les rinda tributo
de admiración por los logros demostrados en su capacidad de
innovación, por esa riqueza que en menos de medio siglo les
surgía a ellos para superar, al fin, las pobrezas
ancestrales que durante siglos los apabullaban y la paz que
está logrando con sus hermanos antagónicos del Norte al
superar los desafíos de convivencia que los han enfrentado
en el pasado y adelantar diálogos y acciones tendientes a la
reconciliación y reunificación.
La Corea unificada: un desarrollo
comparable al de los países más adelantados
¿Qué será, cómo será esa Nueva Corea unificada? Los
analistas y estudiosos del tema afirman que la Corea
unificada contará con una población de 80 millones; una
enorme clase media rica y educada, disciplinada en el
trabajo, dedicada al estudio, que será el motor de la nueva
nación y generará una importante y creciente demanda de
alimentos y bienes de consumo. Los valores confucianos
tradicionales resurgirán para dar énfasis al nacionalismo
coreano. Seguramente se continuará dando y se incrementará,
la alta prioridad a la educación y preparación formal y
técnica como bases del desarrollo.
Las universidades y centros de investigación se fortalecerán
y una nueva generación de científicos podrá surgir para el
mundo, con nuevos descubri-mientos e innovaciones en las
ciencias y la tecnología para convertir a esa Nueva Corea
unificada en uno de los gigantes de la economía mundial,
liderando el comercio, la producción de bienes, las
inversiones y el desarrollo en muchos países de Asia y del
mundo. Será, sin duda, uno de los principales competidores
de los Estados Unidos y del Japón.
Importancia de Colombia en la Corea
unificada
La circunstancia es, pues, oportuna y propicia para que se
incremente de manera programada y programática la actividad
institucional pública y privada mediante pactos, alianzas,
asociaciones, acuerdos y convenios en la búsqueda de un
mayor acercamiento entre las dos economías, lo cual ya no
resiste más indecisiones ni dilaciones; es ahora o
seguramente ya no lo será!
Un ejemplo, entre tantos, donde podemos recibir una ayuda
reveladora de Corea es acerca del Pacífico, así de simple.
Los colombianos apenas ahora llegamos al Pacífico; en
principio, por razones históricas, porque nuestra
civilización entró por el Atlántico, porque tenemos dos
mares y no uno como la mayoría de los países, ...en fin, lo
cierto es que Corea, junto con el Japón, conoce mejor y sabe
más del Pacífico que cualquier otro país. Qué es el
Pacífico, Como es el Pacífico; qué busca, qué necesita el
Pacífico que Colombia pueda aportarle; que tiene el Pacífico
que pueda servirle a Colombia en términos más competitivos y
complementarios que otras áreas del mundo; como puede
Colombia aprovechar mejor su ubicación en la Cuenca del
Pacífico.
Otro aspecto en que Corea nos puede ayudar en el campo
internacional: orientándonos, sirviéndonos de canal, por
cierto el más idóneo, para desarrollar una relaciones
económicas más densas con el Asia Oriental. ...Y como? Por
ejemplo, mediante convenios de intercambio de información,
de experiencias y contactos comerciales que involucre
Proexport, Coinvertir y KOTRA; apoyán-donos en el diseño y
la marcha de una campaña de promoción de buena imagen de
Colombia en el área, de divulgación de oportunidades de
negocios e inver-sión; procurando acuerdos de asistencia
mutua entre Confecámaras y la Asociación Coreana de Cámaras
de Comercio, entre la Cámara de Comercio de Bogotá y la
Cámara de Comercio de Seúl, etc., etc.
Son realmente muchos, innumerables, los frentes y los campos
del saber y del hacer en que Corea podría brindarnos su
apoyo, sin que se trate de darnos; de ninguna manera, ya no
son esos los términos que buscamos ni esperamos. Lo que sí
conviene es una relación de ayuda mutua inteligente, que
beneficie a los dos, una relación seria, madura, moderna,
como la que pudiera darse para desarrollar la capacidad
creativa del colombiano, que es por cierto muy grande,
precisamente como producto concomitante con la pobreza que
no hemos podido vencer pues efectivamente la pobreza agudiza
los sentidos necesarios para superar los problemas
cotidianos de la escasez y el déficit y asegurar la
supervivencia.
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