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INTRODUCCION
La ciudad es un organismo complejo compuesto por un sinnúmero de factores y
de actores que la convierten en una “unidad socioespacial básica de soporte de
la producción cultural, de la innovación social y de la actividad económica del
mundo contemporáneo”1 , y como tal, integra mundos diversos como el laboral, el
inmobiliario y el de los bienes y servicios entre otros, que, sumados a las redes de
infraestructura y a las redes sociales, articula a un grupo determinado de personas
que comparten una cultura común, con todas sus tradiciones y estructuras
sociales y bajo el control de un gobierno.
Por lo anterior, es que la ciudad necesita de una Política Urbana, porque la
articulación de esa “unidad” es tan complicada que se hace indispensable la
generación de una cultura ciudadana, para que a través de unas reglas de
comportamiento colectivo, garantice la convivencia de las personas y el uso
masivo de los espacios y bienes sociales de uso público.
Uno de esos espacios vitales para el desarrollo y crecimiento de las personas en
las ciudades así como de las ciudades mismas, es el espacio público.
La interacción entre todos los factores y los actores de la ciudad se desenvuelve
en un ámbito socioespacial propio que es el espacio público y es allí donde se
facilita la operación del complejo de relaciones que caracteriza a la ciudad, debido
fundamentalmente a la cercanía, a la vecindad y a la frecuencia de los contactos y
de los intercambios entre un mundo enorme de relaciones sociales, económicas
culturales y políticas. 1 Ministerio de Desarrollo Económico, División de Desarrollo Urbano, “Ciudades y Ciudadanía”
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