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CADA UNO CON SU CADAUNADA, COLUMNA PROF. FERNANDO VELÁSQUEZ

En su más reciente columna en el diario El Colombiano, de 3 de julio de 2016, el Director del Departamento de Derecho Penal de la Universidad Sergio Arboleda, Fernando Velásquez Velásquez, nos comparte un hermoso poema de su autoría a través del cual, hace una hermosa reflexión sobre la vida y los matices que supone a cada ser humano.

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“CADA UNO CON SU CADAUNADA”, columna del Director del Departamento de Derecho Penal, Prof. Fernando Velásquez Velásquez, publicada por el Diario El Colombiano, 3 de julio de 2016.

En su más reciente columna en el diario El Colombiano, de 3 de julio de 2016, el Director del Departamento de Derecho Penal de la Universidad Sergio Arboleda, Fernando Velásquez Velásquez, nos comparte un hermoso poema de su autoría a través del cual, hace una hermosa reflexión sobre la vida y los matices que supone a cada ser humano.

Evocando un verso del ilustre escritor y filósofo español Miguel de Unamuno, el columnista exalta;

Dice la columna:

Cada uno al comienzo y al fin de la vida, testigo de nacimientos y defunciones repetidos; entre nubes grises, soles arrobadores y borrascas endiabladas, en procura de lo desconocido; con ansias de partir pero fondeado en los remansos del ayer. Cada uno munido de glorias y fracasos, aflicciones y esperanzas; con el alma arrebatada por las emociones o el corazón destrozado por un amor negado.

Cada uno con sus trasnochos y conciertos de aleluyas, instalado en cualquier cielo brillante o en una parcela inacabada, a la espera de la eternidad para olvidar las desgracias. Con la ternura de los recuerdos o anclado en montañas escarpadas donde se deben beber los olvidos; bañándose con la luz del día e internado en las noches florentinas, entre aviones rojizos y estaciones invernales. Cada uno con sus últimas enseñanzas que lo hacen creer el último profeta, o un vencido cansado de yerros matutinos, olvidos y desaciertos.

Cada uno y sus desafinadas campanas, dioses sonoros y creencias, a la caza de dañinos odios y júbilos siempre pasajeros; saturado de gozos y carencias entre almohadas viajeras o colchones de retozos no iniciados. Con sus oropeles y siliconas, asistido de mentiras y verdades; jugador de nuevos abalorios o delirante cazador de luceros. Cada uno, aquí y ahora, sentado en su trono o exhibiendo viejas e ingratas pedrerías; varado entre catedrales románicas y puentes árabes, o pletórico en un planeta plagado de rascacielos. Con sus dolencias inventadas e inocencias borradas; pasajero insomne de la vida y cliente predilecto de la muerte inclemente.

(Lea la columna completa en elcolombiano.com)


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