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Marco
teórico y estado del arte:
Antecedentes Conceptuales:
Entre las líneas de investigación de la Universidad
Sergio Arboleda, está la de Procesos Pedagógicos, dentro de la
cual se gestó el proyecto de investigación sobre “Los Estilos
Pedagógicos y su impacto en el aprendizaje de los alumnos”.
El proyecto comprende varias fases y busca realizar un análisis
de diversas culturas académicas relacionadas con el tema, tanto
a nivel nacional como Internacional.
Pretender hablar de Estilos Pedagógicos, exige definir
algunos conceptos que muchas veces, la sociedad y hasta los
mismos docentes confundimos y que requieren ser precisados. De
aquí la necesidad de reflexionar sobre el significado de algunas
expresiones que, aunque son de uso frecuente, no todo el mundo
las entiende de la misma manera. Tales conceptos, básicamente,
son los de educación, pedagogía, y estilos pedagógicos,
con los cuales se relaciona el concepto de formación de
docentes, el cual, también se está trabajando en la
Universidad.
La educación, en forma amplia, es entendida como el conjunto
de procesos, formales y no formales, realizados intencionalmente
o no, por medio de los cuales, el individuo accede al
aprendizaje y participa de la cultura. Aquí juega un papel
muy importante la educabilidad, es decir, el potencial que tiene
una persona para ser formada, puesto que todo proceso educativo
lleva implícita la idea de formar a la persona dentro de un
contexto determinado. De igual manera, es un proceso en el que
los alumnos desarrollan sus potencialidades intelectuales
mediante la modificación de las estructuras del conocimiento,
“educar significa modificar las formas de conducta humana...” .(1)
Gracias a la actividad educativa es posible la elaboración y
experimentación de un proyecto dirigido a facilitar el
desarrollo de los alumnos y la comprensión del mundo que rodea a
cada uno de los integrantes de un grupo específico.
En un sentido más amplio, Stenhouse (2)
considera que la educación comprende cuatro procesos: en primer
lugar el entrenamiento, como la fórmula adecuada para el
desarrollo de habilidades; segundo, la instrucción,
entendida ésta, como un conjunto de procesos orientados a la
adquisición y retención de información; tercero, la
iniciación como conjunto de procesos orientados a la
adquisición, por parte de los alumnos, del compromiso y la
conformidad con determinadas normas y valores sociales
transmitidos de modo explicito y tácito, y, cuarto, la
inducción, que corresponde a todos aquellos procesos
orientados a facilitar el acceso al conocimiento, construidos
históricamente e incorporados a nuestra cultura.
Como quiera que se conciba la educación, si se desarrolla
intencionalmente, implica relación pedagógica, como un tipo de
comunicación del profesor con sus alumnos, tanto en el aula como
fuera de ella, que tiene lugar en el proceso de enseñanza y que
cumple determinadas funciones, acordes con las necesidades del
medio y del currículo. La comunicación educativa representa los
procesos de interacción propios de toda relación humana, en los
cuales se transmiten y recrean los significados.
La pedagogía, es un saber que se articula y se construye
a partir de la concepción que se tiene de la educación. Es la
teoría de la educación para mejorar la práctica de la misma.
La enseñanza como parte de la pedagogía, es un componente
del proceso educativo; es un aspecto específico de la educación
que implica y supone maestros, tiempos, períodos, horarios de
clase, espacios, aulas, discípulos, áreas del saber y de la
cultura en general (Ciencia. Moral, Arte...), programas,
materiales, etc.; organizados, de manera intencional, para
propiciar el aprendizaje.
La pedagogía como teoría de la enseñanza conduce a la
didáctica que supone además, aclaraciones del proceso de
enseñanza, encierra métodos, estrategias y contenidos. Es la
orientación metódica y sistemática de la enseñanza. También es
una práctica que se justifica en la medida en que facilita y
promueve un proceso de trabajo e intercambio en el aula y en el
centro donde se promueven los valores que se consideran
educativos por la comunidad humana. El resultado de este
proceso, evidentemente, es complejo, impredecible, a veces
divergente y sólo detectable, en su profundidad, a largo plazo.
De poco sirve evaluar la práctica educativa, exclusivamente, por
los resultados observables a corto plazo, dado que en cada
individuo éstos pueden estar significando realidades bien
diferentes, al ocultar o no evidenciar los procesos más
subterráneos que están formando los modos permanentes de pensar,
de sentir y de actuar.
En esta línea de pensamiento, cobra importancia la necesidad de
conceptualizar qué se entiende por estilos pedagógicos, razón
por la cual, conviene revisar algunos autores representativos,
que permitan aproximarnos al concepto de estilo pedagógico que
guiará esta investigación.
Para empezar, vamos a recurrir en vía de orientación, a Erika
Himmel K. (3), quien considera que “el
estilo pedagógico manifiesta un repertorio de comportamientos
pedagógicos repetidos o preferidos, los cuales caracterizan la
forma de enseñanza”; según su propuesta, pueden considerarse
cuatro categorías:
a. Un primer estilo, que corresponde a la clase
magistral, en el cual el docente es un planificador en
detalle, es pragmático y su interés son los resultados; los
alumnos, por su parte, son cumplidores del deber.
b. Un segundo estilo, en el cual se llevan las clases a
través de talleres, trabajos grupales, juego de roles;
en general los alumnos son participativos; el profesor, es
un planificador del proceso.
c. El tercer estilo, orientado hacia el pensamiento
racional, hacia las ideas y conceptos. El docente
privilegia la capacidad de pensar críticamente y en
forma independiente, enfatiza los centros de interés, la
resolución de problemas y la generación de nuevos
conocimientos. Los alumnos son capaces de defender sus
trabajos, de formular ideas centrales y de trabajar en forma
independiente.
d. En el cuarto estilo, el docente trata de que los alumnos
exploren nuevas posibilidades y que se expresen mejor
creativamente. Otorga especial atención a la belleza, a
la simetría y, en general, a las cualidades estéticas de las
ideas; por otra parte privilegia las estrategias de
enseñanza, tales como, tutorías, el trabajo con dilemas y
la lluvia de ideas. Los estudiantes, se preocupan por
temas generales y son capaces de expresarse fluidamente.
Para Tyler (4) en 1973 , los estilos se
refieren a: “La modalidad como los educadores se apropian
de lo que para ellos es la opción, la correcta formación”,
y considera que los estilos pedagógicos se entrecruzan con
diferentes grados de simetría.
Dirkx y Prenger (5) , definen los estilos
como: “modelos generales que proporcionan la dirección
del aprendizaje y la enseñanza, También se pueden describir
como un conjunto de factores, comportamientos y actitudes
que facilitan el aprendizaje de un individuo en una
situación dada”.
Entre los repertorios de comportamiento pedagógico, las
modalidades que los educadores consideran correctas, o los
modelos generales para dirigir el aprendizaje, pueden
señalarse los siguientes:
El de Pablo Freire, (6) quien propone el
estilo de una educación liberadora, en la cual el docente
fomenta la creatividad y la conciencia crítica; el
aprendizaje está orientado a resolver los problemas vitales;
el docente es un guía y un facilitador que utiliza el
diálogo como camino a la conciencia. El alumno, por su
parte, se enfrenta al acto de conocer y hay una conciliación
entre educador-educando.
El de Makarenko, (7) que maneja un estilo
de rigurosa disciplina, de severidad, de tratar de
trascender, formar valores colectivos y fomentar amor por el
trabajo; con ello la acción del docente está dada en la
autoridad, manejo de disciplina –maestro directivo-. Su
misión es forjar un hombre nuevo, reeducarlo, despertar la
autoestima en sus alumnos, impartir y fomentar valores y
utilizar una pedagogía práctica. El alumno por su parte es
responsable, comprometido, autosuficiente, trabajador y
dispuesto al conocimiento.
El estilo de Robert Gagné, (8) manifiesta
un docente planeador que transmite una enseñanza
individualizada y maneja multiplicidad de estrategias.
El docente planea actividades y propicia la enseñanza; es un
evaluador en el proceso, ayuda y apoya el proceso del
aprendizaje, que es múltiple, es decir, se refiere a varias
clases de aprendizaje; es generador de valores afectivos y
desarrolla la percepción en sus alumnos; con todo esto,
se busca que el alumno sea activo y autónomo en su propio
aprendizaje. Además Gagné, resalta que cada
aprendizaje tiene condiciones diferentes para enseñarse, por
lo cual se deben dar consideraciones particulares, según el
aprendizaje y las características de los alumnos.
Por su parte, Jean Piaget, (9) considera
que el estilo del aprendizaje, está dado por el manejo de
estructuras mentales cualitativamente diferentes y que
se da en diversas etapas -una etapa depende de la otra-;
éstas se pueden acelerar pero no saltar. La acción del
docente está en generar el aprendizaje significativo, tener
presente el desarrollo evolutivo de los estudiantes, crear
condiciones y espacios que lo propicien o refuercen, en el
medio ambiente y en el medio social. Los estudiantes con
ello, desarrollarán y aplicarán a sus asignaturas de
estudio, las estructuras organizadas, de acuerdo con su edad
y evolución.
María Montessori, (10) presenta un
estilo en el cual hay proyección a la investigación,
donde hay respeto por la particularidad, y donde se fomenta
el desarrollo y trabajo individual. El docente brinda
diversas posibilidades y formas de enseñanza, para que el
alumno escoja y oriente su propia actividad, enfatizando el
desarrollo sensorial, como punto de partida para el
desarrollo conceptual.
Edgar Morin , (11) resalta el estilo de
enseñanza orientado a la comprensión, a la complejidad y
a la interdisciplinariedad. El docente permite la
diversidad de opiniones y de aportes de diversas
disciplinas, para obtener un ambiente propicio en el aula;
además, aplica diversos métodos de enseñanza y trabaja en
equipo con otros profesionales, logrando así cumplir las
metas propuestas. El alumno trabaja en un ambiente dinámico
y múltiple, y con mentalidad abierta al cambio, a lo
diferente y a lo inesperado. En Los siete saberes necesarios
para la educación del futuro, Morin, quiere especialmente,
exponer problemas centrales relativos a la concepción del
hombre y del conocimiento, que permanecen olvidados en la
enseñanza y que necesariamente se deben rescatar para
conseguir que los alumnos obtengan un aprendizaje global y
de contexto.
Para Howard Gardner, (12) es importante
conocer el tipo de inteligencia del alumno, respetar el
desarrollo cognitivo individual que tiene cada inteligencia
(intrapersonal, interpersonal, espacial, musical,
lingüística, lógica matemática y cinética corporal) y la
creatividad presente en todas. Según lo planteado por
Gardner, a través de las inteligencias múltiples, el docente
apoya el desarrollo de las diferentes potencialidades de los
alumnos; éstos se manejan con cierta libertad y autonomía,
trabajan en equipo y se desarrollan de acuerdo con su
individualidad.
Mauricio Botero y Carmen Cecilia Suárez,
(13) dan gran importancia a humanizar el proceso
enseñanza - aprendizaje, para lo cual, en la interacción
alumno-docente, el docente respeta y responde al desarrollo
cognitivo individual del estudiante y al perfil de sus
ritmos mentales, es decir, a su estilo de pensamiento.
El papel del docente consiste en ayudar a detectar y
desarrollar los procesos mentales en la enseñanza y en la
evaluación. El alumno, por su parte, está orientado a la
reflexión y al manejo de su estilo de pensamiento para
incrementar la creatividad y la solución de problemas y
optimizar el aprendizaje.
Finalmente, es importante resaltar el aporte de Stenhouse,
(14)quien se pronuncia a favor de un modelo curricular de
proceso, que parte de que el conocimiento tiene una
estructura que incluye procedimientos, conceptos y criterios
que requieren una selección, para ejemplificar lo más
importante de los elementos estructurales. Así, el papel del
docente en la interacción con sus discípulos consiste,
primero, en dar mayor importancia al conocimiento y a la
metodología; segundo, en resaltar el proceso de aprendizaje,
es decir, todos aquellos factores que inciden en el logro de
los objetivos y, como tercero, el enfoque coherente del
proceso de enseñanza, el cual, como ya lo sabemos, debe ser
significativo para el estudiante.
Teniendo en cuenta que se espera que el proyecto tenga
incidencia en los procesos de formación de los docentes de
la educación superior, vale la pena retomar algunas líneas
que hacen referencia a ésta en la Universidad Sergio
Arboleda: “La formación de formadores implica la
formación pedagógica que, en esencia, es formación
discursiva, o mejor, práctica comunicativa, pues la
enseñanza es, ante todo, acción intersubjetiva en la que
participan los distintos miembros de la comunidad educativa
que, de suyo, discurre o dialoga sobre la promoción cultural
con la cual está comprometida”.(15)
Para finalizar es importante señalar que con esta
investigación, además de identificar los estilos pedagógicos
y su impacto en el aprendizaje de los alumnos en diversas
universidades, esperamos proponer los cambios requeridos
para contribuir, en alguna medida, a mejorar el proceso de
enseñanza-aprendizaje en la Educación Superior.
Nuestra propuesta para categorizar los estilos se incluye
en el punto de Metodología como parte de la segunda fase.
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(1) Tyler. Principios
Básicos del Currículo, Troquel. Buenos Aires. 1973
(2) Cfr. Investigación y Desarrollo del
Currículo. STENHOUSE, Lawrence.
Investigación y desarrollo del curriculum.
Londres 1998. Ediciones Morata. Cuarta Edición.
(3) Ex
-vicepresidenta del Consejo Superior de Educación de Chile.
Ensayo
(4) BOMNÍN Javier. Revista
Vitral No. 43 Año VIII mayo-junio 2001
(5) Ensayo. DIRKS John, y,
PRENGER Suzanne. Estrategias para crear un ambiente oportuno
para el aprendizaje efectivo de adultos. 1997.
(6) FREIRE, Paulo. Pedagogía del Oprimido.
México 1970. Editorial siglo XXI.
(7) MAKARENKO, Poema
Pedagógico. Moscú. Editorial. Paidos.
(8) GAGNE, Robert M. Las
Condiciones de Aprendizaje. Madrid 1970. Editorial Aguilar.
(9) PIAGET, Jean. Seis
Estudios de Psicología. Bogotá 1994.
Editorial L
(10) MONTESSORI, María.
Educar para un Nuevo Mundo.
Argentina 1998. Editorial Errepar
(11) MORIN, Edgar. Los
Siete Saberes Necesarios para la Educación del Futuro. ward.
Inteligencias múltiples, Barcelona 1999. Editorial Paidos.
(12)
(13) SUÁREZ, Mantilla
Carmen C. y BOTERO, Mauricio. Los Ritmos Mentales, Bogotá
2000. Editorial Arango.
(14) STENHOUSE, Lawrence. Investigación y
desarrollo del curriculum. Londres 1998. Ediciones Morata.
Cuarta Edición.
(15) BURGOS, Campo Elías. “Formación de
profesores”. Revista Civilizar, Órgano de difusión científica de
la Universidad Sergio Arboleda, No. 2002
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