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Ensayo ganador del concurso "Los
realities"
Acerca de los Realities
Por: Juan Felipe Amaya González
Colegio San Carlos
Una serie de programas ha infestado nuestra
televisión últimamente. Son una expresión de ese inconsciente voyerismo del ser humano. La
modernidad ha explotado esto ya que vende mucho, y los 'reality shows' (espectáculos de la
realidad) son la expresión máxima de esta tendencia. Los hay en todas las formas y
colores, pero Gran Hermano y Protagonistas de Novela resaltan en este país.
Pero, estos programas, ¿en serio nos muestran la realidad? Nietzsche alguna vez dijo que
los hechos no existen, sólo las interpretaciones. Y yo creo, precisamente, que estos
programas no pueden ser interpretados como reales. Primero, porque en el mundo real, los
hechos que aparecen allí no existen: personas que tratan de actuar con naturalidad
sabiendo que miles de individuos las están viendo; una casa de ensueño, con gente bonita
conviviendo (o, mejor aún, compitiendo) por ganar más reconocimiento y/o un jugoso premio;
es que, en el mundo real no hay un 'Gran Hermano' o una 'Casa Estudio' o una isla con
tribus de citadinas enemistadas por el dinero. Toda esta realidad no es más que una
ilusión, una realidad de televisión y, en últimas, sólo una fantasía. En el mundo real,
por desgracia, hay muertos, violencia, feos, pobreza, entre tantos otros aspectos, pero
también hay gente que lucha por ser alguien, y no precisamente encerrándose en una casa
con cámaras y vendiendo su privacidad. Si uno quiere ver la realidad basta con salir a la
calle. Segundo, porque toda esta realidad es sólo una infraestructura montada en torno a
la publicidad, que enriquece a los medios. El único propósito, incluso por encima de el de
entretener, es el de vender espacios publicitarios, recibir millones de llamadas (nada
baratas, por cierto) y recibir astronómicas sumas por todo esto. Es un negocio muy
rentable, y más adelante trataré de explicar por qué le gusta a la gente.
Como dije antes, y como todos bien sabemos, los más famosos 'realities' son Gran Hermano y
Protagonistas de Novela. Pero estos programas no son del todo reales y son pura
publicidad. En ellos sólo nos muestran un concurso, en el que más de un decena de
desconocidos son encerrados en una casa, a disfrutar de todo lo que el dinero que un canal
les pueda dar. Porque no lo podemos negar, más que una posibilidad de salir adelante (muy
fácilmente) es todo un sueño cumplido para alguien. Pero esto se vuelve todo un
inconveniente cuando la imagen de estas personas es manipulada para crear una trama. Ellos
parecen títeres y son puestos en ridículo ante nosotros. Uno cree que tiene el criterio
suficiente a la hora de ser juez, a la hora de votar por quién se tiene que ir, gracias a
esta trama. No importa cuál de ellos merezca ganar, porque uno tendría que estar viviendo
con ellos para tener una idea válida. Claro, uno aprende quiénes son, los conoce
virtualmente, y puede hasta aprender de ellos. Parecen gente igual a nosotros, pero no lo
son. Tal vez esto sea un reflejo de nuestra incapacidad de conocer gente real. Quedamos
encantados por sus lágrimas, por sus confesiones, por sus risas, por sus enfados, por sus
cuerpos, por sus sentimientos. Pero al mismo tiempo todo esto es sólo una imagen que está
siendo transmitida, una señal. Lo único que nos muestra es lo rico que lo pasan unos
cuantos jóvenes de clase media cuando son encerrados. Pueden aparecer celebridades, el
presidente promocionando su referendo, cantantes, actores (pero verdaderos); pueden
mostrarnos lo que quieran, el racismo, la homofobia, el clasismo, el sexo; pueden saturar
nuestras vidas con estos programas, pero todo ello se reduce a arreglarle la vida a gente
anónima.
Ahora bien, ¿por qué todo esto le gusta tanto a la gente? Volviendo a lo dicho por
Nietzsche, no vemos los hechos sino lo que el canal ha editado, lo que quieren que
interpretemos. Probablemente esta es la forma más fácil de crearnos una realidad virtual.
Una forma de salir de nuestras aburridas vidas. Vidas donde no hay estrellas, no hay
dinero, no hay aventura, no hay reconocimiento, no hay emoción. Es nuestro deseo de fama,
nuestro deseo de dinero, nuestra propia ambición. Todo esto le termina gustando a la gente
porque es una forma fácil de ver cómo se triunfa siendo mediocre. Es todo lo que la gente
quiere y sueña, porque, lastimosamente, no existe en la vida real.
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