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Conferencia Cristianismo y Derechos Humanos

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El Área de Cultura Religiosa ha procurado siempre permear los distintos ámbitos de la vida académica de la Universidad Sergio Arboleda, entablando diálogos interdisciplinares y multidimensionales en la relación Fe y Razón, a través de diversos actos académicos que brinden a los estudiantes y a la comunidad sergista en general, herramientas para desarrollar un juicio crítico sobre la realidad y potenciar la capacidad de autorreflexión a partir de temas y problemáticas que han marcado el devenir humano. En esta oportunidad queremos invitar a la comunidad académica a pensar sobre la profunda relación que existe entre el Cristianismo y los Derechos Humanos.

Cristianismo y Derechos Humanos

Fecha: 31 de marzo

Hora: 12:00 p.m. a 3:00 p.m.

Lugar: Auditorio Principal

El mensaje central del Cristianismo radica precisamente en el “Amor al Prójimo” y es desde ahí que debemos entender la lucha a favor de los Derechos Humanos como precepto evangélico. El mandato del Señor de amarnos los unos a los otros impulsó la primitiva predicación apostólica, que no cejó en su empeño en pos de una auténtica promoción de la persona humana. San Pablo lo resume diciéndonos que en medio de la comunidad cristiana: «no hay griego y judío; circuncisión e incircuncisión; bárbaro, escita, esclavo, libre, sino que Cristo es todo y en todos», así se entiende lo que San Juan afirma en su primera carta: «Si alguno dice: “Amo a Dios”, y aborrece a su hermano, es un mentiroso; pues quien no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios a quien no ve»

La tarea evangelizadora de los primeros tiempos estuvo acompañada de diversas formas de promoción humana; por ejemplo, el papel protagónico que tuvo la Iglesia en la creación de hospitales y universidades; en el progreso científico y el cultivo de los campos; en el cuidado por la persona y la vida social, política y económica de acuerdo a la suprema ley del Amor. El testimonio de los monjes, civilizadores y creadores de Europa, de diversas congregaciones que, impulsadas por un carisma particular han servido de muy distintas maneras a los hombres de su tiempo; el trabajo de obispos y sacerdotes en beneficio de su pueblo; la acogida de la buena nueva en numerosas actividades promovidas por laicos a lo largo de la historia… todo eso nos muestra una rica herencia en favor de los derechos humanos, en favor de la promoción humana. Al ser común a todos los hombres de buena voluntad la cuestión de la dignidad de la persona, ha permitido a lo largo de la historia trabajar mancomunadamente con diversos sectores de la sociedad civil.

La encíclica de Juan XXIII Pacem in terris sintetiza, en el pensamiento de la Iglesia, el juicio más cercano a los fundamentos ideológicos de la Organización de las Naciones Unidas; la paz en la tierra «no puede establecerse ni consolidarse si no se respeta fielmente el orden establecido por Dios». La propia dignidad no surge de un consenso, de un ponerse de acuerdo sobre algunos principios, sino que la dignidad humana está sólidamente asentada en la ley natural: «en lo íntimo del ser humano -afirma la Encíclica-, el Creador ha impreso un orden, que la conciencia humana descubre y manda observar estrictamente». No se puede creer, por un lado, que el hombre sea un elemento más de la creación y, por lo tanto, que «las relaciones de los individuos con sus respectivas comunidades políticas pueden regularse por las mismas leyes que rigen las fuerzas y los elementos irracionales del universo, ya que tales leyes son de otro género». Por otro lado, tampoco puede pensarse que las leyes humanas dependen de la opinión de la mayoría.

La dignidad humana es un valor no negociable, lamentablemente, hoy como nunca nos encontramos ante una paradoja; ya lo afirmaba San Juan Pablo II en su discurso inaugural en Puebla, México, el 28 de enero de 1979 al afirmar que el siglo XX es «la época de los humanismos y del antropocentrismo»; pero también es «la época de las más hondas angustias del hombre respecto de su identidad y destino (…) época de valores humanos conculcados como jamás lo fueron antes».

Los artículos de la Declaración Universal de los Derechos Humanos abarcan diversos aspectos: Podríamos mencionar en primer lugar el reconocimiento del hombre como libre e igual en dignidad y derechos y lo que de esto se deriva (no hacer distinciones, no a la esclavitud o torturas, igualdad ante la ley); en segundo lugar el reconocimiento del hombre en sociedad (derecho a circular libremente, a una nacionalidad, al matrimonio, a la propiedad); en tercer lugar los derechos del hombre en cuanto su participación en la organización social (libertad de pensamiento, de conciencia y de religión; libertad de reunión, derecho a participar en el gobierno del país) y, finalmente, los derechos económicos, sociales y culturales del hombre (derecho al trabajo, al salario, a un nivel de vida digno, a la educación, a tomar parte en la vida cultural de la comunidad). Reconoce la declaración, igualmente, el deber que tiene la persona con respecto a la comunidad «puesto que sólo en ella puede desarrollar libre y plenamente su personalidad». La Carta de las Naciones Unidas debe jugar un papel fundamental para impedir que el hombre atente contra el mismo hombre, y al mismo tiempo procurar que el hombre sea promotor del hombre y en esto el Cristianismo siempre tendrá algo que decir y hacer porque no es ajeno en absoluto ya que su misión está siempre relacionada con todo aquello que involucre al hombre y su salvación en Cristo Jesús.

Organiza: El Área de Cultura Religiosa y Departamento de Derechos Humanos y Derecho Internacional Humanitario de la Universidad Sergio Arboleda invitan a la conferencia “Cristianismo y Derechos Humanos”.

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