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La parodia frente a los derechos de autor
 

Por: Leonardo Espinosa Quintero

En el presente trabajo, más que repetir o transcribir largamente las numerosas referencias que se encuentran sobre parodia y derechos de autor, me he inclinado por lanzar algunas tesis sobre la interpretación y alcance de los derechos morales del autor sobre su obra, en especial los que guardan relación con el de oposición a toda deformación, mutilación u otra modificación de la misma ( derecho a la integridad ), frente a las normas que constituyen excepciones a dichos derechos o limitaciones y excepciones, como las consagradas en el artículo 32 de la ley 23/82 y 21 y concordantes de la Decisión 351 de 1993. Todo, dentro del contexto de la PARODIA.

Los conceptos que pretendemos como propios, están en especial, en los numerales 1.21 y siguientes de este escrito.


1. CONSIDERACIONES PREVIAS.

1.1. En materia de propiedad intelectual, el Convenio de Berna, es un convenio de mínimos otorgables, que deben examinarse de acuerdo a cada país. Los principios básicos en derechos de autor señalan que bajo éstos i) no se protegen ideas, sino la forma como ellas son expresadas.  Bajo el concepto derechos de autor, se protege igualmente la ii) originalidad – individualización de la idea como esfuerzo propio del autor - . Así mismo iii ) la ausencia de formalidades es medular ( registros, anotaciones, declaraciones formales, etc ), ya que la obra desde que nace está protegida. Al proteger la obra, iv ) no entra a considerar su mérito ni el destino de la misma, distinguiendo entre derecho de autor y soporte material de la obra. (1)

1.2. El tratadista, Rengifo García
(2) como criterios orientadores del derecho de autor, invoca desde la declaración universal de derechos humanos de 1948; el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, Nueva York, 1966, la Decisión 351 y la ley 23 de 1982, entre otros, para sostener que: el objeto de la protección es la creación, siempre y cuando ésta sea original.

1.3. Afirma el profesor en mención que, el criterio de originalidad es rara vez mencionado en las leyes sobre los derechos de autor, a tal punto que no aparece en la Convención de Berna para la protección de obras literarias y artísticas de 1886, en la Convención Universal de Ginebra de 1952, como tampoco aparece enunciado de manera expresa en la Decisión 351 ni en la Ley 23 de 1982. Advierte el profesor Rengifo, que “Esta laguna jurídica resulta inexplicable dada su importancia, porque la primera y más frecuente barrera que impide la protección es la ausencia de originalidad. En la mayoría de los países este problema se ha dejado enteramente a la discreción y apreciación muchas veces veleidosa de los jueces o tribunales. La dependencia, pues, de evaluaciones y determinaciones enteramente subjetivas, sin mediar una previa guía normativa, ha producido decisiones conflictivas”.
(3)

1.4. Señala, Rengifo, como criterios orientadores del derecho de autor, los de i) originalidad, ii) fijación; iii) no protección de ideas, sino su forma de expresión; iv) creación independiente; v) protección inmediata; vi) creación y propiedad en el soporte físico; vii) principio de la independencia de los derechos de explotación o de la coexistencia de intereses en una misma obra; viii) principio de la no protección a la aplicación práctica o al aprovechamiento industrial de la obra; ix) protección administrativa, civil y penal.

1.5. La ley 23 de enero 28 de 1982, sobre “derechos de autor”, establece en su artículo 30, como derecho perpetuo, inalienable, e irrenunciable del autor; literal b.), el de oponerse a toda deformación, mutilación u otra modificación de la obra, cuando tales actos puedan causar o acusen perjuicio a su honor o a su reputación, o la obra se demerite, y a pedir reparación por éstos.

1.6. Advierte la disposición en su parágrafo primero, que los derechos mencionados no pueden ser renunciados ni cedidos.

1.7. A su turno, la Decisión 351, del 17 de diciembre de 1993, al referirse a los derechos morales del autor sobre su obra en el artículo 11 señala que éste tiene el derecho inalienable, inembargable, imprescriptible e irrenunciable de “oponerse a toda deformación, mutilación o modificación que atente contra el decoro de la obra o la reputación del autor”.

1.8. Lo expuesto debe armonizarse, con lo indicado a manera de excepciones al derecho de autor, en disposiciones tales como los artículos 31 y 32 de la ley 23 citada, así como en los artículos 21 y 22 de la Decisión 351/93. En otros términos: ¿Cómo realizar o practicar el arte de la “crítica” literaria, así como los de enseñanza, educación y formación profesional sin fines de lucro; en actividades como la parodia y sostengo, para ir más allá de la parodia, la sátira y el sarcasmo, que no son estilos o prácticas literarias prohibidas?

1.9. Nos parece de especial importancia, el principio consagrado en el artículo 257 de la ley 23 de 1982, que señala que en caso de conflicto o duda sobre la aplicación de las normas de la ley en mención, se aplicará la más favorable para el titular de los derechos de autor.

1.10. El profesor Rengifo, al estudiar el derecho a la integridad de la obra
(4), cuyo fundamento normativo lo precisa en el artículo 30 de la ley 23/82 y 11 de la Decisión 351, al referirse a la parodia, destaca que ésta guarda relación con el derecho a la integridad de la obra. Después de apoyarse en la noción que de parodia brinda el diccionario de la Real Academia Española, advierte que la parodia consiste en cualquier imitación burlesca de una cosa seria. Complementa su concepto, diciendo que “...puede serlo del estilo de un escritor o de todo un género de poemas literarios o expresarse, por ejemplo, con la inclusión de una letra burlesca en una melodía seria. El interrogante que surge es el de si la parodia afecta el derecho a la integridad de la obra original, literaria o musical, que le sirve de base o modelo...”.

1.11. Continua el autor en mención: “ Como no existe una expresa disposición legal que contemple tal hipótesis de común ocurrencia en el plano práctico los jueces podrían sostener que hay violación al derecho de autor cuando las creaciones se presentan ridiculizadas; otros podrían apreciar en la burla jocosa una forma de arte independiente que muchas veces resulta de superior calidad a la creación original. Y es que, en efecto, tanto la parodia como la sátira merecen un alto grado de libertad en su expresión como formas de entretenimiento y como formas de crítica social y literaria”.


1.12. El diccionario de la lengua española de la Real Academia Española, en su vigésima primera edición, define Parodia, como: “Imitación burlesca, escrita las más de las veces en verso, de una obra seria de literatura. La parodia puede también serlo del estilo de un escritor o de todo un género de poemas literarios. 2. Cualquier imitación burlesca de una cosa seria. 3. Mus. Imitación burlesca de una música seria, o aplicación de una letra burlesca a una melodía seria”. (Subrayamos ).

1.13. El mismo diccionario, al referirse al concepto burlesco, ca, indica: “Festivo, jocoso, sin formalidad, que implica burla o chanza”.

1.14. Con fundamento en lo expuesto, considero prudente apoyarnos en las nociones de integridad, imitar, imitación, sátira, sarcasmo y crítica, que son conceptos recurrentes en las consideraciones hechas hasta el momento.

1.15. El diccionario citado, al referirse a la expresión integridad, señala: “Cualidad de íntegro. 2. Pureza de las vírgenes”. Como integro, define: “Que no carece de ninguna de sus partes. 2. fig. Dícese de la persona recta, proba, intachable.

1.16. Imitar: “ Ejecutar una cosa a ejemplo o semejanza de otra. 2. Parecerse, asemejarse una cosa a otra”. Imitación: “ Acción y efecto de imitar”.

1.17. Sátira: “ Mordaz, propenso a zaherir y motejar...”

1.18. Sarcasmo: “Burla sangrienta, ironía mordaz y cruel con que se ofende o maltrata a personas o cosas...”

1.19. Crítica: “ Arte de juzgar de la bondad, verdad y belleza de las cosas. 2. Cualquier juicio o conjunto de juicios sobre una obra literaria, artística, etc. 3. Censura de las acciones o la conducta de alguno. 4. Conjunto de opiniones expuestas sobre cualquier asunto...”

1.20. Como se observa, el predicado derecho a la integridad, en mi concepto tiene dos grandes alcances:

1.21. i) En una interpretación exegética de las disposiciones que lo soportan, por ejemplo, del literal b.) , artículo 30, Ley 23/82, cuando expresa que el autor tiene sobre su obra el derecho perpetuo, inalienable e irrenunciable a “oponerse a toda deformación, mutilación u otra modificación de la obra, cuando tales actos puedan causar o acusen perjuicio a su honor o a su reputación, o la obra se demerite...” y sobre el presupuesto de entender – según la noción del diccionario de la lengua española - la parodia como : “Imitación burlesca, escrita las más de las veces en verso, de una obra seria de literatura. La parodia puede también serlo del estilo de un escritor o de todo un género de poemas literarios. 2. Cualquier imitación burlesca de una cosa seria. 3. Mus. Imitación burlesca de una música seria, o aplicación de una letra burlesca a una melodía seria”. (Subrayamos ) y la MUTILACIÓN como “acción o efecto de mutilarse o mutilarse”, entendiendo a su turno mutilar como “Cortar o cercenar una parte del cuerpo, y más particularmente del cuerpo viviente. 2. Cortar o quitar una parte o porción de algo que de suyo debiera tenerlo...”¸ podríamos sostener la tesis de que para poder realizar una parodia, sin violar el derecho a la integridad, además de que la parodia realizada no esté en potencia de causar perjuicio al honor o reputación del autor, ni demeritar su obra, la parodia realizada con fundamento en la obra original, TENDRÍA QUE COMPRENDER LA TOTALIDAD DE LA OBRA objeto de imitación burlesca. De lo contrario, sostenemos, se estarían violando el predicado derecho a la integridad.

1.22. En otros términos, según esta interpretación, no podría existir parodia parcial de una obra, sin violar el derecho a la integridad.

1.23. La segunda tesis que me atrevo a lanzar: ii) La parodia – total o parcial – de una obra, es permitida bajo los presupuestos de su utilización para fines de ilustración en obras destinadas a la enseñanza, por medio de publicaciones, emisiones de radiodifusión o grabaciones sonoras o visuales, dentro de los límites justificados por el fin propuesto, o de comunicación con propósitos de enseñanza de la obra radiodifundida para fines escolares, educativos, universitarios y de formación profesional SIN FINES DE LUCRO, con la obligación de mencionar el nombre del autor y el título de las obras así utilizadas, según lo señala el artículo 32 de la ley 23/82.

1.24. Si la crítica, precisamente es el “ Arte de juzgar de la bondad, verdad y belleza de las cosas. 2. Cualquier juicio o conjunto de juicios sobre una obra literaria, artística, etc. 3. Censura de las acciones o la conducta de alguno. 4. Conjunto de opiniones expuestas sobre cualquier asunto...”; es razonable que el crítico ejerza si se quiere como vehículo para materializar su crítica, la parodia. Esto es, parodiar también es un arte. Mediante dicho arte, ejerzo otro de mayor valor como es el de la crítica literaria o, todavía mejor, a través de la parodia puedo enseñar o educar en crítica literaria, sin violar el principio al derecho de integridad del autor sobre su obra, objeto de este ensayo.

1.25. Es del alma o esencia de la parodia el que se haga una imitación burlesca de una obra seria de literatura. De tal suerte que aunque suene contradictorio, no cualquier imitación tiene el carácter de parodia. Esta debe ser burlesca de una obra seria de literatura. Claro, para quedar cobijada bajo las excepciones al derecho de autor – Art. 31, ley 23/82 – debe ser empleada para los fines allí previstos, esto es, ilustración en obras enseñadas, por medio de publicaciones...etc.

1.26. En cuanto en que con la parodia, en los términos sostenidos en esta segunda tesis que venimos edificando, me aparto del postulado señalado en el literal b.) del artículo 30 de la ley 23/82, en el sentido de que se entienda en términos absolutos que la parodia, mediante su crítica sarcástica, mordaz e implacable, no pueda erosionar el honor o la reputación del autor o se demerite la obra objeto de burla.

1.27. Precisamente, la parodia sería un refinado e inteligente estilo literario, para evidenciar como un presunto autor que funge y finge tener excelentes calidades morales, literarias o artísticas que, a su turno se ufana de impregnar a sus obras, no es más que una lamentable caricatura con aires de intelectual.

1.28. Por lo tanto su honor y reputación, no pueden ser a toda prueba, cuando los hechos – por ejemplo evidenciados en la parodia – demuestran lo contrario. Allí, debe prevalecer la realidad y el alcance de lo consagrado en el artículo 30 citado, no protegería al autor ni a su obra. Por supuesto, tampoco habrían perjuicios.



2. PRONUNCIAMIENTOS JUDICIALES.

En este aparte, complemento el trabajo realizado, citando los principales apartes de los pronunciamientos y decisiones judiciales que se ubicaron a través de internet, en las páginas que se nos facilitaron y en otras halladas mediante buscadores. Para no hacer extenso el documento de manera innecesaria, se hará referencia directa a lo que se considera importante en el análisis de la parodia frente al derecho de integridad de la obra.

2.1. El caso más reiterado y al parecer famoso, es el del conflicto surgido entre Suntrust Bank vs. Houghton Mifflin Co., 268 F. 3d 1257 ( 11 th. Cir. 2001 ), en el que el Tribunal en mención encontró un USO JUSTO, de la obra correspondiente a la famosa novela y película inspirada en la misma, titulada “Gone with the Wind”, de Margaret Mitchell ( administrada por a través de una fiducia ), en relación con la de la escritora Alice Randall, titulada “ The wind Done Gone, que se acusó como infractora de los derechos de copyright de la primera obra citada.

2.2. En los argumentos de la defensa, se indica que no se trata de una copia de la obra original, sino de una parodia de la misma, que implica un uso justo de su contenido, que corresponde precisamente a un género específico, que implica – por definición – pedir prestados elementos de un trabajo existente.

2.3. Al examinarse si el uso hecho de una obra previa, es un uso justo, los factores a ser considerados deben incluir:

2.3.1. El propósito y carácter del uso, incluyendo si tal uso es de naturaleza comercial o es con fines educativos no lucrativos.
2.3.2. La naturaleza del trabajo de propiedad intelectual registrado.
2.3.3. La cantidad y sustancia de la parte o porción usada, respecto al conjunto de la obra registrada.
2.3.4. El efecto del uso en el mercado potencial en relación con el trabajo u obra protegida.

2.4. En el caso en estudio, la Corte encontró que el trabajo de Randall, era principalmente una crítica que buscaba refutar y destruir la perspectiva, juicios y demás aspectos contemplados en la obra de Mitchell.

2.5. Abordando el tema de uso justo, se considera éste como un área legal bastante complicada y gris que incluso es muy nublada después de muchos años de conflictos y decisiones sobre este particular. La parodia se considera como una reproducción a través de la cual básicamente se le permite al segundo autor burlarse de algo sin pedir permiso, pero burlarse con seriedad.

3. DERECHO COMPARADO.

3.1. Consideramos prudente hacer una breve mención de lo que se ha concebido como dos sistemas o entidades jurídicas sobre el derecho de autor. I) La concepción latina o individualista, y II) La concepción anglosajona o del “copyright”. Para estos efectos, seguiré de cerca las explicaciones de Riveros Lara , quien las resume en la siguiente forma:

3.2. Indica que el sistema anglosajón tiene su origen en el “Statute of Anne”, ( 1710 ), que a su vez tiene antecedentes en los parámetros establecidos desde 1557 por la “Stationers Company”. Sostiene el autor en mención que, el estatuto de la reina Ana, sirvió para atenuar algunos postulados muy drásticos como los del derecho del “copyright” con carácter perpetuo establecidos desde 1557 en Inglaterra.

3.3. La concepción Anglosajona tuvo origen en Inglaterra y fue acogida por los Estados Unidos en el artículo primero, sección 8 de su Constitución Política y desarrollada mediante la “Federal Copyright Act” de 1790. El sistema del “copyright” dice Riveros Lara, está vigente en los países de la tradición jurídica del “common law” .

3.4. De orientación netamente comercialista, la concepción anglosajona gira alrededor de los parámetros de explotación de la obra y otorga una protección amplia a personas morales cuya actividad no necesariamente es creativa sino industrial y técnico administrativa, como sucede en el caso de los productores cinematográficos y de los productores de fonogramas.
(6)

3.5. Otra característica del “copyright”, es que los derechos morales no ocupan el lugar de preferencia que se les reconoce a la luz del sistema latino.

3.6. Riveros se apoya, a su turno, en Delia Lipszy
(7), para establecer las diferencias más notables entre los sistemas propuestos.

3.6.1. En cuanto al objeto del derecho de autor: El sistema latino otorga protección a las creaciones intelectuales que reunan ciertas condiciones mínimas de originalidad y disposición para ser comunicadas al público. El sistema del copyright establece protección para ciertas cosas corporales que contienen obras intelectuales (propiedad industrial y derecho de autor). En el sistema anglosajón se protegen indistintamente fenómenos de creación tanto del derecho de autor como de la propiedad industrial.

3.6.2. En cuanto a los titulares o sujetos del derecho: El sistema latino únicamente reconoce la capacidad creadora en las personas físicas. La de las personas jurídicas se resuelve mediante las nociones de titularidad originaria y titularidad derivada y la aplicación del principio de favorabilidad hacia el creador. En el sistema anglosajón hay diversas posibilidades fundamentadas en la orientación comercialista que caracteriza a esta tendencia.

3.6.3. Por la entidad del derecho moral o contenido moral que envuelve el derecho de autor, los dos sistemas, reconocen la existencia de una serie de derechos personalísimos en cabeza de los autores. La diferencia radica en que las legislaciones inspiradas en la concepción latina se ocupan profusamente del doble contenido que caracteriza al derecho de autor. La normativa angloamericana no se ocupa de ellos como quiera que hace tímidas referencias a derechos de tipo moral como el de reivindicar la paternidad de la obra o el derecho al anónimo. A la luz del sistema del copyright, la tutela sobre los derechos morales es asunto que compete resolver a los jueces y tribunales en aplicación de la jurisprudencia imperante.

3.6.4. Por razón del contenido patrimonial del derecho de autor y sus limitaciones, el sistema latino, la disposición del autor sobre el contenido económico de su producto intelectual no tiene más limitaciones que las señaladas por la ley con carácter subsidiario. Es decir, que no está limitada a “numerus clausus” en especial en lo relacionado con las formas de utilización de las obras. Ello, a diferencia del sistema del “copyright”, donde por su orientación, esta facultad se encuentra claramente restringida a los casos y en las formas señalados en la ley.


4. CONCLUSIONES.

4.1. El derecho de autor a la integridad de la obra, debe conciliarse con la necesidad de abrir y permitir el ejercicio de otro derecho no menos importante, como lo es el de realizar críticas a la misma, con enfoques o estilos de diversa índole, como lo es el de la parodia.

4.2. Conciliando las posibles discrepancias entre el titular del derecho de autor y aquél que sobre la obra previa, desea construir una nueva que tiene como objeto realizar una crítica o creación literaria propia de la parodia, que conllevaría a una -“Imitación burlesca, escrita las más de las veces en verso, de una obra seria de literatura. La parodia puede también serlo del estilo de un escritor o de todo un género de poemas literarios. 2. Cualquier imitación burlesca de una cosa seria. 3. Mus. Imitación burlesca de una música seria, o aplicación de una letra burlesca a una melodía seria”. (Subrayamos ). – según los términos de l diccionario de la lengua española; para lo cual hemos postulado dos tesis.

4.3. La primera tesis, sobre el presupuesto de evitar la mutilación de la obra, le permitiría al autor, obligar a que en la parodia se haga una alusión completa de su obra y no parcial o deformada. Esta tesis se impondría en particular si la parodia va a tener un fin comercial – no de simple arte crítico - .

4.4. La segunda propuesta apunta a permitir la parodia, sobre un uso justo, en la que se haga uso de la obra previa de manera parcial, pero solo con fines de enseñanza o educativos. En este caso, aunque solo se emplee parte, no se afectaría el derecho en estudio, por la circunstancia de referencia a la obra en tono burlesco o en imitación burlesca; como sano estilo de hacer crítica literaria, siempre que se conserve la altura en la misma, con apego a la calidad de arte que le da la noción ya invocada del diccionario de la lengua española.
(8)


Citas de Internet

1. http://www.kilpatrickstockton.com/site/print/detail?Article_Id=1107
2. http://www.ravensrants.com/cessay.shtml
3. http://digital-law-online.info/cases/29PQ2D1961.htm
4. http://www.mbc.com/db30/cgi-bin/pubs/PJS-WindDone.pdf
5. http://www.bloggerheads.com/tommy_hilfiger.asp
6. http://www.riordan.com/practiceareas/intellectual.html
7. http://search.yahoo.com/search?p=parody+Vs.+copyright&ei=UTF-8&b=41


_______________________

[1] Palacio, Gustavo. Apuntes del autor de este documento, tomados durante las conferencias del profesor mencionado, en desarrollo del Diplomado en Contratos de Tecnología y Propiedad Intelectual, llevado a cabo en la Universidad Sergio Arboleda. Marzo 18 a Julio 17 de 2003, en asocio con New York Law School y la Fundación San Pablo – Ceu -.

[2] Rengifo García, Ernesto. “Propiedad intelectual, el moderno derecho de autor”. Bogotá D.C., Edic. Univ. Externado de Colombia, segunda edic., 1997.

[3] Op. Cit. Págs, 79, 80.
[4] Op. Cit., Págs., 131 y SS.

[5] Riveros Lara, Juan Pablo. “Derecho de autor en Colombia”. Bogotá D.C., Edit. Hojas e Ideas. 1995. Págs, 245 y s.s.

[6] Op. Cit., pág, 246.

[7] Lipszyc, Delia. “Derechos de autor y derechos conexos”,, Buenos Aires, Zavalia, UNESCO, Cerlalc, 1993.

[8] Op. Cit., Pág, 249.


 

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