Share On Facebook
Share On Twitter
Share On Linkdin

Ingresa a

Sergiovirtual

INGRESA A MOODLE

Haz Clic Aquí

INGRESA A BLACKBOARD

haz clic
Incorrecto

Ingresa a

SergioNET

Comunidad Sergista en línea



Olvidé mi contraseña
¿Cuál es mi usuario?

Ingresa a

Tucorreo

Si eres estudiante


Si eres FUNCIONARIO

haz clic aquí

Menu

DISCURSO DE RAMIRO DE LA ESPRIELLA DURANTE EL HOMENAJE POR SUS 90 AÑOS

La Sergio rindió homenaje a Ramiro de la Espriella, director de la revista Crónica, al cumplir 90 años de vida, con la imposición de la Medalla Insignia. En una sobria ceremonia en la que asistieron sus familiares, amigos y directivos de la Universidad, de la Espriella pronunció un emotivo discurso que reproducimosa continuación.

Debo decirles con deferente orgullo de mi parte que este es un homenaje inmerecido. La verdad es que soy como soy porque así nací siéndolo, y para seguir siéndolo no he hecho el menor esfuerzo de mi parte, me ha bastado con ser yo mismo. Ese ignato legado me ha conducido donde estoy, primero y más allá de mi propia voluntad. Y es inmerecido, además, porque a diferencia de mis geniales contertulios los gatos, que cumplen siete años cada vez que han cumplido uno, yo cumplo uno cada vez que cumplo diez y por eso hoy no estamos evocando mis noventa sino mis nueve años y eso no justifica el haberllegado tarde al uso de razón.

Mi experiencia personal en tal sentido, me lleva a confesarles sin rubor que jamás he trabajado, entre otras razones porque estoy plenamente convencido de que el trabajo es una pesada carga impuesta a aquellos seres humanos que no tienen nada distinto que hacer, aherrojados por la omnímoda voluntad ajena. En realidad la fatiga del trabajo es una contingencia insuperable que proviene de su persistente imposición. Y la verdad es que quien hace lo que quiere hacer no se fatiga jamás. Por el contrario, encuentra nuevos estímulos para seguir adelante. Si se refieren a mi dedicación al periodismo, por ejemplo, nada me ha satisfecho tanto, sin haber sufrido el menor síntoma de cansancio, que el haber definido en un editorial o comentario la pesadumbre ideológica y moral que ha venido conduciendo a Colombia
a su desintegración política en decremento de su soberanía nacional. Soy un convencido de que el único ser humano al que le ha sido impuesta la obligación de trabajar es al obrero que lo hace materialmente cargando bultos, a la espera de las órdenes de su patrón o dueño. Simplemente porque no tiene otra forma de sobrevivir.

Mucho debió de haberse divertido por dentro Herry Ford, valga el ejemplo, cuando ideó el primer automóvil. Pero, ¿qué habría sido de sus desbordantes perspectivas económicas, si no encuentra al obrero en su fábrica o taller llevando a cabo materialmente su tentadora idea? Es así como de las ideas de quien las concibe, deleitándose interiormente, termina siempre haciéndose emisario sin haberse fatigado jamás trabajando, sencillamente porque el hecho de pensar no produce fatiga sino deleite, en tanto el trabajador continúa sobreviviendo a la espera anhelante de su jornal. Es decir: el letargo indefinido del capitalismo rampante que usufructúa a diario del trabajo ajeno.

En mi caso, desafortunadamente, no he encontrado quién lleve a cabo mis ideas, hasta el punto de que obsesionado por ellas, cuando llego a un restaurante, me tienden la carta y luego me pregunta el recepcionista: ¿Qué quiere tomarse?, le respondo: “Siempre he intentado tomarme el poder, pero no he podido”. Ustedes, mis nobles
amigos, se preguntarán a su vez: “¿Por qué no han podido?”, y yo he de contestarles: Porque en mi presuntuoso divertimiento, los militares que se comprometían a realizar a destajo ese trabajo de jornaleros armados, nunca se atrevieron siquiera a marchar frente a las puertas en clausura de la Casa de Nariño… Por eso les he advertido insistentemente que este de hoy es un homenaje inmerecido, ya que jamás he llevado a término lo que quería hacer. Y eso ha seguido siendo así a todo lo largo de mis renovados noventa años de absoluta paz interior, jamás exentos de la alegría de vivir, a la espera de una sonrisa de la mujer deseada. No obstante, nada de lo dicho debe preocuparnos en lo más mínimo, ya que estamos aquí reunidos en torno a la verdadera mentira de nuestra democracia participativa, y mientras nos llega el momento de rescatarla, parodiando al Tuerto López, debemos permanecer tan alegres como un vaso de vino moscatel. Levantemos nuestras copas aún vacías, en un último intento por desenguayabar bajo la desazón de tantos anhelos suplantados.

Muchas gracias.

Optimization WordPress Plugins & Solutions by W3 EDGE