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Discurso pronunciado por el Señor Don Mariano Rajoy, en la ceremonia de entrega del Doctorado Honoris Causa concedido por la Universidad Sergio Arboleda.

Excelentísimo y magnífico Señor Rector, excelentísimas e ilustrísimas autoridades, doctores y miembros del claustro de profesores, estimado doctor Don Eloy García, señoras y señores.

Mis primeras palabras quieren ser de agradecimiento a la Universidad Sergio Arboleda, a los doctores y miembros de su claustro de profesores y a su excelentísimo y magnífico Señor Rector Don Rodrigo Noguera por concederme este doctorado Honoris Causa, el primero que recibo desde mi investidura como Presidente del Gobierno. Mi gratitud al profesor Eloy García por su generosa laudatio. Celebro compartir con el aprecio por los pensadores citados en sus palabras y no menos importante el origen gallego y la inclinación colombiana. El orgullo y la satisfacción que siento en estos momentos no sólo se deben al honor concedido o al distinguido auditorio que me acompaña, sino por el hecho de ser en un país, Colombia, con el que los españoles tenemos tantos y tan profundos lazos de amistad y de confianza.

Para un jurista un Doctorado Honoris Causa en Derecho es uno de los más altos reconocimientos que se pueden alcanzar. Para alguien que ha dedicado más de 30 años de su vida a la tarea pública recibir esta distinción en la Universidad Sergio Arboleda, que lleva el nombre de un ilustre patriota y pensador colombiano, supone sin duda una gran responsabilidad. Suyas son esas palabras que nos recuerdan que la verdadera gloria es el cumplimiento del deber. A través de sus escritos principalmente en su libro La República en la América Española, Arbolea enseñó que en política no hay enemigos sino legítimos adversarios que merecen respeto. Que el bienestar y el progreso de un país dependen fundamentalmente de la forma de gobernar, del sentido común y de cumplir los compromisos adquiridos. Arboleda fue un firme partidario de la regeneración y de superar el estancamiento con la innovación. Como hombre de convicciones reformistas no puedo estar más de acuerdo con este espíritu emprendedor, que se aleja tanto del peligroso conformismo como de posturas rupturistas que sólo conducen a estériles polarizaciones y divisiones.

Quisiera manifestar a su vez mi satisfacción por recibir este doctorado en Bogotá. La historia de esta ciudad puede considerarse como un ejemplo, incluso desde su fundación. Ante tres expediciones que querían imponer su voluntad se optó por una solución de pacto valiente, ya que lo fácil era no entenderse. Fue una solución sin interferencia, dilaciones ni engaños, y fue una solución desde el poder legítimo. Ante un riesgo de conflicto se supo alcanzar la paz y Bogotá se transformó en un centro urbano que ha llegado a merecer el calificativo de la Atenas Suramericana por su contribución a nuestra común cultura occidental.

Así mismo deseo rendir admiración al pueblo colombiano porque a pesar de las amenazas que hoy afortunadamente está superando con determinación y coraje, ha hecho de cada página de su literatura y de cada letra de su música, un canto a la vida, a la libertad y a la democracia. Y esto es muy importante porque Colombia ha sabido ser en tiempo de graves turbulencias un ejemplo de estabilidad institucional y una democracia fiable. Por esta razón Colombia es una realidad que está convirtiéndose por méritos propios en una de las naciones de referencia en América Latina y en el mundo.

Excelentísimo y magnífico Señor Rector, las razones que el claustro de la Universidad ha entendido que justificaban otorgarme este honor, son un sentido humanista de la política y la fuerza de convicción para convertir un momento de crisis en una oportunidad para regenerar la democracia. Efectivamente el sentido humanista ha orientado mi acción política a lo largo de estos años. Entiendo la política como una vocación para servir a la sociedad y garantizar las libertades de los ciudadanos. Por otro lado, tengo la firme convicción de que las crisis suponen desafíos para impulsar proyectos reformistas que generen mayores oportunidades y bienestar. Me satisface comprobar que Colombia y España comparten esos mismos principios.

A nuestras naciones las unen la convicción de que la libertad y la democracia, asentada en instituciones sólidas y en el estado de derecho, son los valores que han originado los mayores avances para las sociedades y sobre las que se fundamenta el progreso. El sistema democrático posibilita una relación de unión, legitimidad y servicio entre los ciudadanos y los gobernantes, es decir son los ciudadanos quienes eligen a sus gobernantes y estos tienen la obligación de servirles, cumplir con su deber, que diría Sergio Arboleda o el buen gobierno en el sentido clásico del término. La democracia se adapta en sus formas y circunstancias a la propia realidad nacional, permitiendo que el sentimiento mayoritario tome liderazgo, pero garantizando al mismo tiempo que la voz de las minorías se oiga y se respete. La democracia se basa en la libertad y en la igualdad de todos, no en la imposición de unos sobre otros. Las fortalezas de las democracias y las posibilidades de desarrollo pacífico que esta ofrece, sólo son posibles si existen unas instituciones sólidas que aporten estabilidad a la nación.

Las instituciones deben guiarse siempre por los principios de separación de poderes, independencia, transparencia y respeto a la ley, así se edifica el estado de derecho y se alcanza verdaderamente una democracia plena al servicio de los ciudadanos.

El estado de derecho es clave para garantizar el desarrollo de las naciones en un mundo globalizado en el que cada vez somos más interdependientes. Tanto ciudadanos como gobernantes nos debemos someter a reglas estables y reconocibles. La seguridad jurídica es un requisito imprescindible para el progreso y para la prosperidad de las naciones. Colombia y España son de hecho buenos ejemplos sobre las virtudes que aporta un sólido e inquebrantable derecho; hemos sufrido duras pruebas como la lacra del terrorismo pero el compromiso de la sociedad y las instituciones ha demostrado que la democracia es siempre más poderosa que quienes la desafían. Colombia sabe cómo superar la amenaza del terrorismo, aquí mismo asesinaron al conservador Álvaro Gómez y no muy lejos al candidato liberal Luis Carlos Galán y a muchos otros antes y después, pero al igual que España, Colombia nunca ha abandonado su sueño de libertad. En buena medida los éxitos de Colombia radican en la cadena de confianza que eslabón a eslabón ha ido construyendo un país mejor.

El éxito de la lucha contra la violencia, las reformas económicas o el compromiso por hacer una realidad social más justa son buenos ejemplos. Si a esto le unimos transparencia, rigor y austeridad en el gobierno de lo público, tenemos una receta de éxito imbatible, desde luego yo así lo creo. En Colombia así ha sido y así he planteado yo mi acción de gobierno para España.

Distinguidas autoridades, Colombia al igual que el resto de la región ha hecho grandes progresos en los últimos años. Gabriel García Márquez en su discurso de aceptación del Premio Nobel de Literatura en 1982, advirtió de los peligros de la interpretación de la realidad latinoamericana con esquemas ajenos cuando afirmó que los europeos de espíritu clarificador podrían ayudarnos mejor si revisaran a fondo su manera de verlos. Hoy ya no vemos la realidad de América Latina como hace 30 años, pero tampoco América Latina presenta la misma imagen de entonces. Este es un continente en el que las democracias y las libertades han avanzado de forma evidente. Se ha producido un indudable progreso económico y se afrontan con determinación problemas históricos como las desigualdades sociales. Esa renovada mirada tiene también mucho que ver con la aportación de quienes buscaron en Europa nuevas oportunidades. En España forman parte de nuestro tejido social más de 300 mil colombianos; ellos han sido una pieza esencial en el crecimiento económico de nuestro país y ahora lo están siendo en la superación de las actuales dificultades, aportando una parte de las capacidades de la Colombia actual. Su esfuerzo y su sacrificio dejan también su impronta en las fuerzas armadas, cuyos miembros de origen colombiano destacan por su entrega y valentía en la defensa de su patria de acogida.
Excelentísimo y magnífico Señor Rector, el exigente mundo globalizado en el que se desenvuelve nuestras naciones, ha hecho imprescindible que cobren un nuevo impulso los Foros Regionales de Cooperación. Colombia está tejiendo una red de Tratados de Libre Comercio con el valor añadido de su posición política geográfica privilegiada. Desde España contribuiremos a todos los esfuerzos de integración y apertura, como lo estamos haciendo con el acuerdo comercial entre la Unión Europea, Colombia y Perú, o con nuestro apoyo a la Alianza del Pacífico creada por Colombia con México, Perú y Chile. Hoy América Latina se ha convertido en una nueva frontera de la política exterior, aquí convergen el Atlántico y el Pacífico. Se cruzan los caminos culturales y económicos entre América, Europa y Asia y se generan innumerables oportunidades.

En este nuevo escenario el instrumento de las cumbres iberoamericanas tiene una enorme relevancia y una renovada vigencia, el ánimo de entendimiento mutuo y de refuerzo de la relación bilateral tanto con Colombia como con el resto de la región, es el que alumbra también los trabajos preparatorios de la próxima cumbre que se celebra en Cádiz. Esa ciudad, cuna del constitucionalismo liberal iberoamericano y de José Celestino Mutis quien supo conjugar lo mejor de España y de Colombia, será el marco para que juntos demos un nuevo impulso a una comunidad de naciones unida por una historia y una lengua compartida, pero ahora con nuevas oportunidades en el terreno económico, cultural, tecnológico, científico y educativo. Precisamente, el ámbito educativo y singularmente el universitario supone un espacio de cooperación en el que debemos seguir profundizando para consolidar un espacio iberoamericano de educación superior. Éste es uno de los grandes activos que compartimos para afrontar las exigencias de una economía y sociedad internacionales basadas cada vez más en el conocimiento.

Señoras y señores, en su discurso de toma de posición el presidente Santos exclamó “que le llegó la hora a Colombia” no puedo estar más de acuerdo. No es casualidad que la visite en mi primer viaje a América Latina como Presidente del Gobierno de España. Vengo a una nación consciente de sí misma, un país unido con una sociedad cada vez más cohesionada con un gran presente de éxito y con un gran futuro. Yo creo en Colombia y lo digo allí donde voy. En España vemos claramente la emergencia de Colombia y su papel de referencia en América Latina, por ello nuestras relaciones tienen que incluir, la presencia, el estar y el reconocer. A estos nos llama la historia a colombianos y españoles al apoyo mutuo en tiempos de dificultades.

Excelentísimo y magnífico Señor Rector, en este generoso acto de investidura como doctor Honoris Causa he querido hacer un ejercicio de reconocimiento de esta Universidad, a través de quien le da su nombre y de Colombia por sus aportes a la cultura occidental, su tradición democrática y sus progresos. A lo largo de mis palabras he pretendido subrayar los principios democráticos que unen a ambas naciones y dan sentido a nuestra acción de gobierno reformista. Mi determinación es cooperar en un marco de libertad, igualdad, democracia y seguridad. Estas son las bases de la relación de España con América Latina y muy especialmente con Colombia que yo quiero para mi gobierno. Con ellas estoy convencido de que alcanzaremos juntos las metas que jamás lograríamos solos. Como Sergio Arboleda soy de la opinión de que la primera de las lecciones es la gratitud. Les reitero mi más profundo agradecimiento por el honor concedido.

Muchas gracias.

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