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ECOS DEL CONVERSATORIO “BARRAS, ¿POR QUÉ BRAVAS? EL FÚTBOL NO ES VIOLENCIA… ES PAZ

Hay que acabar con las fronteras, no hablar de “pobres violentos”, porque el problema es de educación. La solución no es cerrar los estadios.
Promovido por la Escuela de Ciencias de la Comunicación, en el marco de la Semana Cultural Rodrigo Noguera Laborde, se llevó a cabo el conversatorio “Barras, ¿Por qué bravas? 90 minutos de diálogo”, con el fin de analizar los gravísimos hechos de violencia registrados en el país: riñas entre barras y varios hinchas asesinados absurdamente por el simple hecho de vestir la camiseta de su equipo favorito. Como invitados especiales participaron monseñor Alirio López, creador del programa Goles en Paz; Óscar Córdoba, exarquero de la Selección Colombia; Germán Gómez, sociólogo, experto en fútbol, deporte y cultura; Sergio Galván, exfutbolista; Nicolás Samper, periodista deportivo; Paolo Mestre, directivo del equipo Patriotas de Boyacá y Antonio Roveda Hoyos, decano de la Escuela, quien actúo como moderador.
Al evento asistieron profesores, periodistas y estudiantes de algunos colegios de Bogotá y universidades. El Dr. Roveda al dar la bienvenida señaló que el registro de la muerte de algunos aficionados es una dolorosa noticia. Ante esta realidad es fundamental seguir construyendo y formando en valores, y hacer del deporte un escenario de paz. Recordó que se trata de una noticia que se viene repitiendo en muchas ciudades de América Latina, Europa y otras regiones del mundo como consecuencia de la aparición de barras fuertes, hoy un fenómeno de carácter social complejo, en el que los estadios y sus linderos se convierten en escenario de violencia.
Criticó las dosis de amarillismo en los medios respecto a esta problemática y se refirió a algunas investigaciones sobre barras bravas y sus rasgos distintivos. Para abrir el debate planteó una serie de preguntas tales como: ¿Qué significa ser una barra brava? ¿Cómo las estamos viendo en la ciudad?

Debemos rescatar los valores

El arquero Óscar Córdoba
abrió el conversatorio para
responder a la pregunta de
¿Cómo se vive este fenómeno
de las barras bravas por dentro de una cancha y ahora por
fuera? Sostuvo que se trata de
un tema que preocupa porque está incidiendo en la ausencia de los futuros hinchas
en las canchas. Recordó que
en Colombia las barras bravas no existían y su aparición
en los años noventa se manifestó como parte del folclor, de
un folclor desde luego que no
era el nuestro, sino tomado de otros países: “era como algo romántico del fútbol, que luego pasó a ser una amenaza para el jugador”, afirmó.
Para Córdoba el problema está ligado al aspecto económico y a la intolerancia. Muchos de los jóvenes se movilizan, hasta sin pasaporte, a ciudades de otros continentes que ni siquiera saben ubicar. No van a observar el espectáculo, sino a armar camorra en algún centro comercial buscando un momento de fama.
También indicó que una causa de esta situación es la pérdida de valores, que viene desde los hogares. Comentó varias experiencias con barras bravas y dijo que en Argentina (las de Boca) pueden colocar o quitar a un gobernador y aquí pueden quitar o poner a un comandante de Policía. De igual manera afirmó que en Turquía existe una de las barras más temibles, pero a diferencia de las de aquí, están controladas. El peligro está dentro de los estadios donde han ubicado cámaras de seguridad.
Al finalizar sostuvo que a pesar de haber estado 20 años en el fútbol, su hijo nunca ha pisado un estadio: “es un sentimiento de tristeza, pero no lo he llevado por miedo a que algo le pase”. Aseguró que “Debemos volver a respetar al policía, al médico, al profesor que nos enseña… volver a los valores que perdimos en el camino”.

Es un problema de educación

El sacerdote diocesano Alirio López indicó que se han planteado pro- fundas reflexiones sobre lo que pasa en el fútbol colombiano. Se refirió al programa “Goles en Paz” en el que se comenzó por educar a los niños y hablar de las barras futboleras, de las barras populares. Con éste se formaron 9 mil niños semilleros de paz. Sin embargo, todo acabó con la llegada de una nueva administración distrital y sus políticas.
Para el padre Alirio no se puede seguir hablando de “pobres violentos”, pues lo que hay es un problema de educación. “Ahora se pretende que cerrar estadios en lugar de educar, es la solución”, concluyó.
El Dr. Germán Gómez explicó que desde la sociología se tienen conceptos que procuran definir situaciones de esta naturaleza, un desequilibrio entre lo racional y lo emotivo. El fenómeno en Colombia es producto de prácticas foráneas en el fútbol internacional que cala- ron en los colectivos juveniles. Hizo alusión a que una de las causas es la pérdida de la conciencia solidaria. Hay crisis en lo espiritual, los jóvenes construyen nuevos referentes de identidad,
que son el poder y crean sus propias reglas. Esa apropiación que antes era simbólica y que se manifestaba a través de grafitis, en los últimos años pasó a ser física: los territorios públicos vetados para ciertos hinchas.
Para el sociólogo en las riñas que vemos hoy, hay componentes de venganza y por esa razón es necesario un debate más amplio sobre el tema en el que participen gobierno, autoridades, academia y jóvenes.

Las barras quieren manejar las tribunas

El exfutbolista argentino Sergio Galván, destacó que la percepción cuando llegó a Colombia era totalmente diferente a la
de ahora. En los noventa las barras alentaban a sus equipos armando una fiesta. Eran barras aisladas en los estadios que con el tiempo se unieron para tener poder y manejar las tribunas, es decir, definir cómo debía ser la fiesta. Luego fueron más fuertes y numerosas, y los intereses iban más allá de alentar a sus equipos: buscaban el reconocimiento a ellos. También coincidió en señalar que la parte económica ha sido fundamental como fuente de decisiones de las barras.
Afirmó que “hoy el fútbol en lugar de espectáculo que une a la familia, está alejando a los verdaderos hinchas”. Abogó por una mayor responsabilidad de los dirigentes y aseguró que “No hay que ha- cernos los de la vista gorda sino actuar. Las barras no pueden decidir quién va o no a los estadios”.
Como conclusión explicó que en “Colombia tenemos el diagnóstico de la situación, pero en la medida en que no se tomen los correctivos el problema va creciendo y alejando a los niños de este deporte. El compromiso debe ser total para crear la convivencia en todos los estadios y no que unos pocos, a punta de amenazas, nos sigan confundiendo”.

El papel de los medios

Para el periodista Nicolás Samper, los medios no hacen crítica y cuando la hacen es en programas que se emiten a la media noche. Hizo referencia a un libro del periodista Fernando Arango en el que habla de las diferencias en la narración de un partido en países como Argentina y Colombia, cuya lectura recomendó a los estudiantes. “Mientras en Argentina se hacía una narración sosegada, dice el autor, en Colombia hay un relato encendido, exageramos, nos sobrepasamos, no hay una conciencia ética de que se debe ser muy cauto a la hora de hablar de fútbol”.

La seguridad

Entre los asistentes se encontraba Paolo Mestre, directivo del equipo Patriotas, de Boyacá, quien opinó que no se va a los estadios por miedo y que lo primero que se debe solucionar es el problema de seguridad. Explicó los avances logrados en Boyacá donde se hizo un encuentro cultural entre hinchas boyacenses y paisas. “Hay caminos para que esto funcione y desde Patriotas los vamos a apoyar con toda la voluntad”, cerró su intervención el directivo.
Al final del conversatorio se entregaron camisetas autografiadas de Córdoba y Galván, balones y otros recordatorios que simbolizan y sella esa reconciliación entre fútbol y paz.

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