Share On Facebook
Share On Twitter
Share On Linkdin

Ingresa a

Sergiovirtual

INGRESA A MOODLE

Haz Clic Aquí

INGRESA A BLACKBOARD

haz clic
Incorrecto

Ingresa a

SergioNET

Comunidad Sergista en línea



Olvidé mi contraseña
¿Cuál es mi usuario?

Ingresa a

Tucorreo

Si eres estudiante


Si eres FUNCIONARIO

haz clic aquí

Menu

EL EJE DEL PODER ECONÓMICO GLOBAL SE RE-ORIENTA

Por Juvenal Infante
Director Centro de Estudios de Asia Pacífico
Universidad Sergio Arboleda

mision-china

Desde comienzos del siglo XXI, el centro de gravedad mundial se está corriendo aceleradamente de Occidente a Oriente, hacia el Este del continente asiático, donde algunos países emergentes, con la China Popular y la India en el primer plano, se cimientan como pilares de desarrollo económico y modelan un nuevo orden internacional.

Hoy día, a todo lo ancho y largo de la geografía planetaria, existe la clara certidumbre de que la súbita irrupción ―resurgimiento, más bien― de China en el concierto internacional con el envite colosal e imparable del crecimiento explosivo de su economía, están moldeando de manera arrolladora, y probablemente de forma endémica, las relaciones económicas, financieras y geopolíticas mundiales.

China, lo sabemos, se está convirtiendo en el centro neurálgico del mundo despojándole apresuradamente el liderazgo a los Estados Unidos. De hecho, hace poco los superó en cuanto a producción industrial, posicionándose como la mayor potencia industrial del orbe y la segunda en términos económicos, sólo después de los mismos Estados Unidos y ya por encima de Japón, Alemania, Francia, el Reino Unido, Brasil, Italia, Rusia y Canadá. Otro aspecto interesante de los movimientos en el ajedrez económico del mundo del siglo XXI es la reciente incursión de una serie de potencias emergentes (antes llamados países periféricos o del Tercer Mundo) que, con China a la cabeza, cargados de esperanzas y con espíritu de progreso, denuncian con su palpitante peso específico un mayor protagonismo e impacto de sus particulares condiciones y voluntades en el escenario de las interacciones internacionales.

Entre estas naciones en ascenso en el contexto de su despegue macroeconómico y de la globalización, aparte de China se cuentan principalmente: Brasil, India, Suráfrica, México y algunas otras del Asia-Pacífico, más propiamente del Sureste asiático, los llamados “Tigres Menores” o “Pequeños Dragones”, que iniciaron tardíamente su camino a la industrialización rescatando de las economías industrializadas el modelo a seguir. Ellos son Malasia, Indonesia, Tailandia y Filipinas, que forman parte, entre otros, de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN).

Juntas, aunque todavía no en bloque, este conjunto de economías emergentes entran a reforzar tendencias de gran alcance, dejando traslucir paulatinamente el cambio histórico de mayor calado que se haya visto en varios siglos del sistema internacional, de consagrada supremacía de Occidente, y sus perfiles de influencia y poder tradicionales, habitualmente enfilados hacia la conveniencia de preservar la industrialización, los adelantos científicos y la tecnología que les son propias, por encima de cualquier otro miramiento en cuanto a las necesidades de progreso de los países que en su momento ellos bautizaron y categorizaron en el concepto de subdesarrollados o, para suavizar el término, “en vías de desarrollo”.

Hasta hace todavía un par de lustros o menos, los países desarrollados de Europa y los Estados Unidos, de la mano de Canadá, Japón y Corea del Sur, en el Extremo Oriente, venían ejerciendo de tiempo atrás ―siglos cuando pensamos en Europa; una década, si acaso, cuando se trata de Corea del Sur―, un papel predominante y decisivo en el liderazgo del orden político y económico en el seno de la comunidad global, de la que en razón de la ausencia de capacidad de competencia otra, estos mismos países se atribuyeron la vocería y se facultaron la conducción y mando de los asuntos de interés mundial, en contraposición con los países que buscaban un camino hacia el desarrollo y se caracterizaban precisamente por su subordinación y marginación de las grandes decisiones. Pero, desde luego, no de los efectos de esas decisiones, que muchas veces les eran notoriamente adversos a sus esfuerzos de crecimiento y superación.

Pero el mundo da vueltas y, ahora, la severidad de la crisis que sacude las economías debilitadas de Europa inquieta a los países emergentes, pero no se marginan del problema. En contraste evidente de décadas pasadas, cuando coyunturas recurrentes de inestabilidad de las economías en desarrollo despertaban la desconfianza de las naciones más avanzadas, que vacilaban en autorizar el salvamento que éstas requerían por parte de los organismos multilaterales, son ahora los dinámicos países emergentes a los que desvela la irradiación negativa que puedan generar sobre sus economías en ascenso los desarreglos de los países ricos del llamado Primer Mundo y miembros de la eurozona. En China ―el mayor exportador del mundo― la actividad del sector manufacturero se ha contraído notoriamente en lo corrido del año, justamente por cuenta de la postración de la economía europea, principal destino de sus exportaciones.

De suerte que la China Popular, con sus formidables reservas internacionales, se ha vuelto, desde luego, objeto de deseo por excelencia para los Gobiernos de los países de Europa que acusan arduos problemas económicos, tales como Grecia, Portugal, España y, ahora, Italia, e incluso, en menor medida, desde luego, los Estados Unidos. Mientras, el ministro de Economía del Brasil, Guido Mantega, anunció recientemente que su país, en conjunto con las otras tres naciones que representan las economías más fortalecidas de los Estados emergentes ―que conforman el grupo de los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Suráfrica)―, está dispuesto a arrimarle el hombro a Europa para ayudarla a salir de la crisis financiera que la atenaza. Lo cierto es que tanto Brasil como los otros países BRICS, se preocupan por la posibilidad de que la crisis europea pueda afectarles esta vez más que en la de 2008.

Por su parte, Rusia señala que examinará caso por caso las demandas de ayuda y sus posibilidades de ejercerla. Por el lado de China, el coloso asiático, que desde hace algún tiempo busca diversificar sus cuantiosas inversiones en divisas, mantiene conversaciones con las citadas naciones europeas avasalladas por el fuerte endeudamiento de que padecen.

El último movimiento en este sentido ha sido el reciente encuentro entre el ministro de Finanzas de Italia, Giulio Tremonti, con Lou Jiwei, presidente del fondo soberano “China Investment Corp.” (CIC) y otros altos funcionarios chinos, en procura de tratar de convencer a Beijing para que adquiera bonos del Estado e invierta en las grandes empresas italianas. De paso, ésta y otras acciones análogas ponen sobre el tapete el progresivo y sigiloso avance del país asiático en Europa.

Hay, sin embargo, quienes todavía no advierten a plenitud estos cambios trascendentales en los equilibrios económicos, políticos y estratégicos del mundo, y por ende no se preparan para carearlos de manera positiva y provechosa en su debida oportunidad. De suerte que el creciente y determinante protagonismo del gigante asiático y, en menor escala, de las otras naciones emergentes que lo acompañan, contrasta con la ignorancia que persiste en las mentes adormecidas de los dirigentes colombianos sobre lo puntos cardinales que inspiran su política a largo plazo y el alcance de la influencia determinante de estas nuevas potencias en la conducción del mundo económico del Siglo XXI.

Optimization WordPress Plugins & Solutions by W3 EDGE