Marketing:
Una Evidencia Cultural
Los sujetos sociales se diferencian por las distinciones que
realizan (entre lo sabroso, lo insípido, lo bello y lo feo,
lo distinguido y lo vulgar) en la que se expresa o se revela
su posición. El análisis de las relaciones entre los
sistemas de encasillamiento (el gusto) y las condiciones de
existencia (la clase social) conduce a un análisis social
del criterio selectivo que es, inseparablemente, una
descripción de las clases sociales y de los estilos de vida
Es el dinero el que permite el consumo, pero cada vez es
necesario menos dinero, ya que la producción en masa, así
como las imitaciones, han hecho posible que personas que no
pertenecen a las élites puedan tener acceso a productos que
entre ellos están los Light para construir una Cultura al
Cuerpo con aprobación social
La vida del hombre en el mundo occidental se debate entre
los deseos y las necesidades. En la permanente búsqueda de
satisfacción a través de la acción del consumo en dos
direcciones: una, los vanos deseos hedonistas que
proporcionan eudaimonía, generalmente los mayores, y otra
las necesidades naturales para el bienestar del cuerpo y
para la vida cotidiana.
El Profesor Investigador Ernesto Duque Gómez en su obra
“Marketing una evidencia cultural” defiende el Marketing en
su perspectiva antropológica socio cultural y lo aborda
desde la perspectiva del consumo. Se evidencia que éste está
asociado a las formas simbólicas de una cultura en la cual
los objetos aportan al proceso de mediación social. Se puede
afirmar que el consumo es un modo activo de relación y
además de alienación, desde un enfoque moral que lo condena.
También es una relación entre los objetos y frente a las
estructuras sociales en su relación con el mundo. Los
objetos no se convierten en razón del consumo,
exclusivamente se constituyen en el objeto de la necesidad y
de la satisfacción frente a las necesidades reales y a los
deseos. Así, el consumo se convierte en una práctica
cotidiana, en toda una actividad de manipulación de signos,
que da al sujeto una forma de ser de orden socio cultural.
Se perfila en esa práctica la importancia del valor
simbólico cargado de expectativa hedonista de las cosas, por
encima del valor económico.
En el mercado se ofrecen bienes y servicios para satisfacer
necesidades primarias. Pero también existen productos para
satisfacer el deseo, simbolismos del cuestionado consumismo.
Representan la construcción de un fardo de valores que
genera espacios para que el sujeto sea excluido o incluido a
un determinado grupo o estructura social. Como afirmara
Louis Pinto, “La autonomía que se atribuye a los objetos
simbólicos, resulta del hecho mediante el cual, en el seno
del espacio social como espacio diferenciado, los grupos de
agentes conquistan una posición dentro de la sociedad en
virtud de la cual se ven habilitados para la manipulación
legal y autónoma de productos simbólicos determinados”. Los
signos que la caracterizan son valores cuya existencia
social se debe, ante todo, a la relación de reconocimiento
que se funda entre los consumidores. Se expone cómo el gusto
es un elemento enclasado y enclasante. Así, el consumo es
una dinámica en la que el individuo está incluido o excluido
de la sociedad más allá de la utilidad del objeto.
De esta manera, el profesor Duque demuestra que el consumo
posee una carga de relaciones de posesión, de dominación,
pero también de imitación, de distinción de buen gusto y
diferenciación. Un mimetismo cultural, motivo esencial para
el consumo, entendido éste como una elección libre y
espontánea del individuo, según sea la influencia de su
cultura. Pero si el individuo no posee la capacidad
económica para adquirir el objeto, la sola ilusión de
adquirirlo en algún tiempo y el agudo consumo visual,
otorgan placer y logran que el sujeto se sienta partícipe
activo de ese mundo. Se entiende que la diferencia entre las
clases sociales en el terreno simbólico se refiere, más que
a la apropiación de los objetos, a la forma de usarlos. Los
objetos mismos – las cosas - pueden ser consumidos por
individuos de diferentes clases sociales. En ese sentido la
sociedad de consumo es un estadio del proceso del fordismo,
que mengua la vida de los productos y los convierte en
obsoletos por la acción de la tecnología que los sustituye.
En el libro se propone una mirada detallada a los temas de
la moda y de la felicidad y se exponen los factores
esenciales que cumplen con las exigencias de la sociedad de
consumo. La moda alimenta el ansia de diferenciarse, de
distinguirse y destacarse sobre los demás. Es la
satisfacción del individuo con baja autoestima, que se
siente valorado y se valora por lo que tiene, no
necesariamente por lo que es. Utiliza el cuerpo para
adornarlo de objetos de moda, para él la cumbre del consumo
y la supuesta felicidad que genera la relación con los
objetos del consumo. No hay duda sobre lo que se llama mundo
consumista, que se presenta con un lienzo de fondo dibujado
por la cultura capitalista. Sustenta la tesis alrededor que
el placer vinculado con el imaginario, dura mientras dura el
consumo y su felicidad está promovida por la envidia
callada, insustancialidad que se siente por instantes al
observar las cualidades o la felicidad del otro. En este
sentido es irrefutable que las personas buscan una
satisfacción de tipo hedonista. Descubrimos así en Duque el
afán por descifrar el Marketing desde el vector consumo,
dejando de lado todos los aspectos técnicos y mecanicistas
de este saber. Esclareciendo que el Marketing se debe
estudiar desde ese consumo. Porque desde el siglo XIX en que
aparece el Consumo nacen los estilos de vida, el deseo por
tener, poseer, coleccionar, distinguirse, diferenciarse, que
son la génesis del placer y esa concepción de felicidad tan
particular y propia del espíritu moderno. El autor muestra
claramente que el individuo se mueve en un mercado de
consumo en dos sentidos: por deseos naturales y por los
vanos deseos. Los deseos naturales, algunos necesarios y
otros no, unos lo son para la eudaimonía, otros para el
bienestar del cuerpo y algunos para la vida misma.
Estudiadas concienzudamente estas clases de deseos, es
factible relacionar toda elección con la salud del cuerpo y
con la serenidad del alma, porque en ello consiste la vida
feliz. La felicidad del hombre se mueve como un péndulo
entre evitar el sufrimiento y el placer. Cuando se alcanza
el último “no se necesita más”. Concluye Ernesto Duque que
el Marketing contribuye al placer del hombre, que es el
principio y fin del vivir feliz. Lo reconoce como bien
primero, conforme a la naturaleza de cada individuo. A
partir de allí elige o rechaza y luego realiza un juicio de
valor acerca del bien. Puesto que el hedonismo es el bien
primero y connatural para las personas, éstas no toman
cualquier placer y rechazan aquel que genere un fastidio
superior. Explica con claridad que todo placer es por
naturaleza un bien para el hombre, pero no todo placer ha de
ser aceptado. Concluye Duque que el Marketing y la
Publicidad sirven para impulsar esos sentimientos al momento
de darse la acción de consumo. La civilización moderna, que
no sabe ya lo que es el hombre, que ignora el sentido de la
existencia y está amputada de toda finalidad, puede ser
definida esencialmente como una civilización de medios, una
civilización técnica.
En tal sentido el individuo en toda la historia de su
existencia ha estado siempre ansioso de saciar sus deseos,
empleando para ello todos los recursos de su razón, de modo
que sea reconocido como exitoso por los demás, un hombre
reducido a sus necesidades falsas o irreales materiales
(deseos). En última instancia, todo gira en torno a la
pasión, limitada en buena parte a los bienes de consumo.
Donde el Marketing desde la antropología cultural y la
comunicación publicitaria han comprendido cabalmente esta
función, convirtiéndose el hombre en un puente entre lo
visible y lo invisible, un hombre ordenado a saciar sus
deseos, su racionalidad, y su anhelo de ser reconocido.
Es un libro de texto, importante para el desarrollo de la
academia y de la actividad profesional del Marketing, y es
un sobresaliente esfuerzo de un profesor investigador de
amplia trayectoria.