EL ENIGMA
El gran
mago planteó esta cuestión:
-¿Cuál es, de todas las cosas del mundo, la más larga y
la más corta, la más rápida y la más lenta, la más
divisible y la más extensa, la más abandonada y la más
añorada, sin la cual nada se puede hacer, devora todo lo
que es pequeño y vivifica todo lo que es grande?
Le tocaba hablar a Itobad. Contestó que un hombre como
él no entendía nada de enigmas y que era suficiente con
haber vencido a golpe de lanza. Unos dijeron que la
solución del enigma era la fortuna, otros la tierra,
otros la luz. Zadig consideró que era el tiempo.
-Nada es más largo, agregó, ya que es la medida de la
eternidad; nada es más breve ya que nunca alcanza para
dar fin a nuestros proyectos; nada es más lento para el
que espera; nada es más rápido para el que goza. Se
extiende hasta lo infinito, y hasta lo infinito se
subdivide; todos los hombres le descuidan y lamentan su
pérdida; nada se hace sin él; hace olvidar todo lo que
es indigno de la posteridad, e inmortaliza las grandes
cosas.
Voltaire
EL
DINOSAURIO
Cuando
despertó, el dinosaurio todavía estaba allí.
Augusto Monterroso
LA
CREACIÓN DE EVA
Ésta se
llamará varona porque del hombre ha sido tomada (Génesis)
Adán se sintió invadido por un profundo sopor. Y durmió.
Durmió largamente, sin soñar nada. Fue un largo viaje en
la oscuridad. Cuando despertó, le dolía el costado. Y
comenzó su sueño.
Álvaro Menén Desleal
DELIRIO
Y ahora,
mi sombra me ha creído su sombra.
Maribel Pumarejo Olivella
EL SUEÑO
DE CHUANG-TZU
Chuang-Tzu
soñó que era una mariposa y no sabía al despertar si era
un hombre que había soñado ser una mariposa o una
mariposa que había soñado ser hombre.
Herbert Allen Giles
DE SUEÑO
-No soy un
hombre real. No soy un hombre como los otros, un hombre
con huesos y músculos, un hombre generado por hombres.
Yo soy –y quiero decirlo a pesar de que tal vez no
quiera creerme- yo no soy más que la figura de un sueño.
Una imagen de Shakespeare es, con respecto a mí, literal
y trágicamente exacta: ¡Yo soy de la misma sustancia de
que están hechos los sueños! Existo porque hay uno que
me sueña, hay uno que duerme y sueña y me ve obrar y
vivir y moverme y en este momento sueña que yo digo todo
esto. Cuando ese uno empezó a soñarme, yo empecé a
existir; cuando se despierte cesaré de existir. Y soy
una imaginación, una creación, un huésped de sus largas
fantasías nocturnas. El sueño de este uno es tan intenso
que me ha hecho visible incluso a los hombres que están
despiertos. Pero el mundo de la vigilia no es el mío. Mi
verdadera vida es la que discurre lentamente en el alma
de mi durmiente creador.
Giovanni Papini
LA
SENTENCIA
Aquella
noche, en la hora de la rata, el emperador soñó que
había salido de su palacio y que en la oscuridad
caminaba por el jardín, bajo los árboles en flor. Algo
se arrodilló a sus pies y le pidió amparo. El emperador
accedió; el suplicante dijo que era un dragón y que los
astros le habían revelado que al día siguiente, antes de
la caída de la noche, Wei Cheng, ministro del Emperador,
le cortaría la cabeza. En el sueño, el emperador juró
protegerlo.
Al despertarse, el emperador preguntó por Wei Cheng. Le
dijeron que no estaba en el palacio; el emperador lo
mandó a buscar y lo tuvo atareado el día entero, para
que no matara al dragón y hacia el atardecer le propuso
que jugaran al ajedrez. La partida era larga, el
ministro estaba cansado y se quedó dormido.
Un estruendo conmovió la tierra. Poco después
irrumpieron dos capitanes, que traían una inmensa cabeza
de dragón empapada en sangre. La arrojaron a los pies
del emperador y gritaron: Cayó del cielo.
Wei Cheng, que había despertado, la miró con perplejidad
y observó: Qué raro, yo soñé que mataba a un dragón así.
Wu
Ch’ eng-en
PREGUNTA
¿Qué es un
fantasma?, preguntó Stephen. Un hombre que se ha
desvanecido hasta ser impalpable –por muerte, por
ausencia, por cambio de costumbres.
James Joyce
LA CASA
ENCANTADA
Una joven
soñó una noche que caminaba por un extraño sendero
campesino, que ascendía por una colina boscosa cuya cima
estaba coronada por una hermosa casita blanca, rodeada
de un jardín. Incapaz de ocultar su placer, llamó a la
puerta de la casa, que finalmente fue abierta por un
hombre muy, muy anciano, con una larga barba blanca. En
el momento en que ella empezaba a hablarle, despertó.
Todos los detalles de este sueño permanecieron tan
grabados en su memoria, que por espacio de varios días
no pudo pensar en otra cosa. Después volvió a tener el
mismo sueño en tres noches sucesivas. Y siempre
despertaba en el instante en que iba a empezar su
conversación con el anciano.
Pocas semanas más tarde la joven se dirigía en automóvil
a Litchfield, donde se realizaba una fiesta de fin de
semana. De pronto tironeó la manga del conductor y le
pidió que detuviera el automóvil. Allí, a la derecha del
camino pavimentado, estaba el sendero campesino de su
sueño.
-Espéreme un momento –suplicó, y echó a andar por el
sendero, con el corazón latiéndole alocadamente. Ya no
se sintió sorprendida cuando el caminito subió
enroscándose hasta la cima de la boscosa colina y la
dejó ante la casa cuyos menores detalles recordaba ahora
con tanta precisión. El mismo anciano del sueño
respondió a su impaciente llamado.
-Dígame –dijo ella-, ¿se vende esta casa?
-Sí –respondió el hombre-, pero no le aconsejo que la
compre. ¡Esta casa, hija mía, está frecuentada por un
fantasma!
-Un fantasma –repitió la muchacha-. Santo Dios, ¿Y quién
es?
-Usted- dijo el anciano y cerró suavemente la puerta.
Anónimo
YO VI
MATAR A AQUELLA MUJER
En la
habitación iluminada de aquel piso vi matar a aquella
mujer.
El que la mató, le dio veinte puñaladas, que la dejaron
convertida en un palillero.
Yo grité. Vinieron los guardias.
Mandaron abrir la puerta en nombre de la ley, y nos
abrió el mismo asesino, al que señalé a los guardias
diciendo:
-Éste ha sido.
Los guardias lo esposaron y entramos en la sala del
crimen. La sala estaba vacía, sin una mancha de sangre
siquiera.
En la casa no había rastro de nada, y además no había
tenido tiempo de ninguna ocultación esmerada.
Ya me iba, cuando miré por último a la habitación del
crimen, y vi que en el pavimento del espejo del armario
de luna estaba la muerta, tirada como en la fotografía
de todos los sucesos, enseñando las ligas de recién
casada con la muerte...
-Vean ustedes –dije a los guardias-. Vean... El asesino
la ha tirado al espejo, al trasmundo.
Ramón Gómez de la Serna.
Fracaso
Subir al
tercer piso le toma cincuenta y ocho segundos. Decide
terminar. Abre la puerta. Naufraga en sus ojos, color de
miel.
Felipe Garrido
Apuntes
para ser leídos por lobos
El lobo,
aparte de su orgullosa altivez, es inteligente, un ser
sensible y hermoso con mala fama, acusaciones y
calumnias que tienen que ver más con el temor y la
envidia que con la realidad.
Y observa al humano: le parece abominable, lleno de
maldad, cruel. Tanto así que suele utilizar proverbios
tales como: “Está oscuro como boca de hombre”, para
señalar algún peligro, o “El lobo es el hombre del
lobo”, cuando este animal llega a ciertos excesos de
fiereza semejante a la humana.
René Avilés Fabila
Una voz
También
está aquella mujer que al cerrar con llave la puerta de
su dormitorio en una casa desconocida, oyó una débil voz
entre las cortinas de la cama diciéndole: “Ahora estamos
encerrados por toda la noche”.
M.
R. James
¿Dónde?
Una jaula
fue en busca de un pájaro.
Franz Kafka
Cocodrilos
y demagogos
Los
talabarteros y fabricantes de calzado aprecian la piel,
gruesa y resistente, de los cocodrilos. Pero debido a
que estos se encuentran en peligro de extinción, en su
lugar recomendamos la piel de los demagogos.
Petronio Rafael Cevallos
Cuerpos
No olvide
usted, señora, la noche en que nuestras almas lucharon
cuerpo a cuerpo.
Juan José Arreola
El paraíso
imperfecto
–Es cierto
–dijo melancólicamente el hombre, sin quitar la vista de
las llamas que ardían en la chimenea aquella noche de
invierno–. En el paraíso hay amigos, música, algunos
libros. Lo único malo de irse al Cielo es que allí el
cielo no se ve.
Augusto Monterroso
Instrucciones para llorar
Dejando de
lado los motivos, atengámonos a la manera correcta de
llorar, entendiendo por esto un llanto que no ingrese en
el escándalo, ni que insulte a la sonrisa con su
paralela y torpe semejanza. El llanto medio u ordinario
consiste en una contracción general del rostro y un
sonido espasmódico acompañado de lágrimas y mocos, estos
últimos al final, pues el llanto se acaba en el momento
en que uno se suena enérgicamente.
Para llorar, dirija la imaginación hacia usted mismo, y
si esto le resulta imposible por haber contraído el
hábito de creer en el mundo exterior, piense en un pato
cubierto de hormigas o en esos golfos del estrecho de
Magallanes en los que no entra nadie, nunca.
Llegado el llanto, se tapará con decoro el rostro usando
ambas manos con la palma hacia adentro. Los niños
llorarán con la manga del saco contra la cara, y de
preferencia en un rincón del cuarto. Duración media del
llanto, tres minutos.
Julio Cortázar
Petición
Hay un
modo de que me hagas completamente feliz, amor mío:
muérete.
Jaime Sabines
El
precursor de Cervantes
Vivía en
El Toboso una moza llamada Aldonza Lorenzo, hija de
Lorenzo Corchelo, sastre, y de su mujer Francisca
Nogales. Como hubiese leído numerosísimas novelas de
estas de caballería, acabó perdiendo la razón. Se hacía
llamar doña Dulcinea del Toboso, mandaba que en su
presencia las gentes se arrodillasen, la tratasen de Su
Grandeza y le besasen la mano. Se creía joven y hermosa,
aunque tenía no menos de treinta años y las señales de
la viruela en la cara.
También inventó un galán, al que dio el nombre de don
Quijote de la Mancha. Decía que don Quijote había
partido hacia lejanos reinos en busca de aventuras,
lances y peligros, al modo de Amadís de Gaula y Tirante
el Blanco. Se pasaba todo el día asomada a la ventana de
su casa, esperando la vuelta de su enamorado.
Un hidalgüelo de los alrededores, que la amaba, pensó
hacerse pasar por don Quijote. Vistió una vieja armadura,
montó en un rocín y salió a los caminos a repetir las
hazañas del imaginario caballero. Cuando, seguro del
éxito de su ardid, volvió al Toboso, Aldonza Lorenzo
había muerto de tercianas.
Marco Denevi
Un perro
callejero
En uno de
los momentos de desesperación que me sobrevinieron tras
la muerte de mí marido, decidí ir al teatro con la
esperanza de animarme un poco. Yo vivía en el East
Village y el teatro estaba en la calle Treinta y cuatro.
Decidí ir andando. No habían pasado ni cinco minutos
cuando un gozque callejero empezó a seguirme. Hacía
todas las cosas que un perro suele hacer con su amo, se
alejaba a explorar para luego regresar corriendo en
busca de su compañero. Aquel animal atrajo mi atención y
me incliné para acariciarlo, pero se alejó corriendo.
Otros peatones también se fijaron en el perro y lo
llamaban para que se acercase, pero él no les hacía
ningún caso.
Compré un helado y ofrecí al perro un poco, pero aquello
tampoco sirvió para que se acercase. Cuando estaba
llegando al teatro me pregunté qué pasaría con el perro.
Justo cuando estaba a punto de entrar, se acercó por fin
a mí y me miró directamente a la cara. Y me encontré
mirando a los compasivos ojos de mi marido.
Edith Marks
Fundición
y forja
Todo se
imaginó Supermán, menos que caería derrotado en aquella
playa caliente y que su cuerpo fundido serviría después
para hacer tres docenas de tornillos de acero, de
regular calidad.
Jairo Aníbal Niño
Los
tiempos cambian
Cuando
tenía quince años y estaba locamente enamorada,
consiguió un hechizo garantizado –un ligue, como dicen–
para que su hombre no la abandonara nunca. Sí, era el
hombre de su vida, no había ningún hombre como él.
Hoy, 30 años después, está buscando en vano, con
desesperación, alguien que deshaga el embrujo.
Carmen Cecilia Suárez
La
importancia de tener un enemigo
Una de las
instituciones más útiles en la vida es el enemigo. No me
estoy refiriendo a enemigos como, por ejemplo, el dueño
del guajolote, vecino de mi amigo Sergio, o mi propio
vecino, amo de la perrita que se la pasa llorando los
fines de semana.
A lo que me refiero es a un enemigo más abstracto, como:
la iniciativa privada, los masones, el gobierno, los
comunistas, las empresas trasnacionales, los judíos, el
imperialismo, los intelectuales, etc., etc.
¡Vivan todos y cada uno de ellos! Nos ahorran el trabajo
de pensar. Las cosas van mal, no hay duda. Pero no
necesitamos devanarnos los sesos para averiguar por qué
van tan mal.
Ahí está el buen enemigo que con angelical paciencia
carga con todas las culpas.
En comparación con él, el papel de los amigos es más
bien pobre.
Mariana Frenk Westheim