Se inicia con la aplicación de la prueba diagnóstica, que
permitirá determinar el nivel de competencia del estudiante en
la lectura literal e inferencial, junto con sus habilidades para
la producción textual.
Dicha prueba contiene un texto que combina la estructura
expositiva y argumentativa, sobre el cual se plantean
preguntas abiertas y de selección múltiple, que buscan indagar
por la capacidad del estudiante para identificar: tipo de texto,
léxico, conceptos e ideas clave, idea global y tema.
La competencia escritural del estudiante se evidenciará a través
de un texto breve (comentario) que se producirá con base en la
lectura ya desarrollada. El comentario permitirá valorar el uso
de los elementos básicos de coherencia, cohesión y corrección
gramatical. En otras palabras, se observan, de una parte, las
destrezas para estructurar, jerarquizar y secuenciar sus ideas
y, de otra, el manejo de conectores y signos de puntuación,
junto con la ortografía.
Los criterios para valorar, tanto la prueba diagnóstica,
como los parciales y el examen final, están contenidos en las
rejillas de evaluación. Estos instrumentos, previamente
conocidos por os estudiantes, facilitan establecer los límites
apropiados para detectar las debilidades y fortalezas del
proceso, de una manera más objetiva. Así mismo, con el apoyo de
estos resultados y el reconocimiento de los avances
significativos ya alcanzados, las directivas, docentes y
estudiantes implicados, podrán implantar nuevas estrategias de
mejoramiento. Naturalmente, el trabajo autónomo con los módulos,
ejercicios de Aula Virtual y la asesoría personalizada, junto
con el seguimiento permanente, a través del portafolio,
constituyen el apoyo fundamental para alcanzar los objetivos
propuestos.
La “biografía de trabajo” o portafolio en un instrumento
que apoya al proyecto. En él, el estudiante colecciona los
trabajos que realiza durante el semestre. Esta les permite,
tanto al docente como al estudiante, reconocer los avances en el
desarrollo habilidades y focalizar el trabajo hacia la
superación de dificultades específicas. En un proceso tan
importante como lo es el desarrollo de destrezas en
lectoescritura, todos los productos generados en él merecen ser
guardados como evidencia de que el estudiante progresa y la
intervención pedagógica es efectiva. Se valora más un proceso
cuando se tiene la oportunidad de reconocer la forma como se
avanza, desde un texto inicial lleno de errores hasta uno final
que es producto del esfuerzo y de la utilización de los nuevos
fundamentos y herramientas que le brinda la intervención.