Cuando el enemigo es el teclado
Por: Rodrigo Prieto
Fuente:
Servicio de Información
sobre Internet
Publicado con
autorización
Me
sentía muy agobiada. Tenía un alto de cartas que pasar en limpio sobre el
escritorio, pero no me atrevía a hacerlo. Me daba miedo sólo pensar en
apretar una de esas teclas. ¿Y si me equivoco?, ¿y si se me apaga?, ¿y cómo
la imprimo después?, ¡uuuyyy!, ¡qué susto!, prefiero hacerlas en mi antigua
y fiel "Remington", pero el gerente ya me había advertido que no había hecho
esa tremenda inversión para que yo siguiera con mis "ataques de vieja", como
dice él, así que no tenía alternativa... me sudaban las manos. Estaba a
punto de apretar el «Power» cuando desperté...
No, no es
broma. Por extraño que parezca, no todo el mundo se siente cómodo entre los
ALT, SHIFT, WEB, F5, IP y HTTP que proliferan por estos días; al contrario,
hay muchos que les tienen fobia o -para no exagerar tanto- a quienes les
cuesta adaptarse a la masiva presencia de estos bicharracos electrónicos que
hoy nos ayudan a «ordenar» el mundo.
La resistencia
La
psicología le llama «Resistencia al cambio tecnológico», o más
específicamente en relación al mundo de los ordenadores, «Computerfobia»,
pero eso es cuando alcanza niveles demasiado altos en los cuales, quienes la
sufren, prácticamente se paralizan frente a estas máquinas. Pero eso no es
muy frecuente. Lo más habitual es que todos tengamos -o hayamos tenido- como
mucho algún tipo de resistencia a utilizar las nuevas tecnologías que se nos
cruzan en el camino.
Habitualmente se asocia esta resistencia con personas de edad avanzada o
intelectuales de las ciencias sociales o la literatura, que prefieren la
pluma y el papel, antes que el teclado y la pantalla. Es posible que haya
menos disposición de éstos hacia las nuevas tecnologías, pero probablemente
no sean los únicos, pues ¿quién no se ha sentido alguna vez un poco ansioso
o turbado al no saber cómo hacer funcionar algún nuevo aparato que llega a
la oficina o que vemos en casa de algún amigo?
Tal
como dice un artículo en
México Extremo, «desde que el mundo es mundo y el
hombre es hombre», las cosas están en un permanente cambio que obliga a
desarrollar la capacidad de adaptación; pero al mismo tiempo, también es
cierto que al ser humano le gusta la estabilidad y el estatus quo.
Así, no resulta difícil imaginar que incluso cuando se descubrió -o inventó-
la rueda, no faltaron los temerosos o desconfiados que miraban con recelo a
quienes se beneficiaban de sus virtudes... ¡con mayor razón ahora con los
ordenadores!
Esta
resistencia se transforma en fobia cuando la ansiedad que genera una
determinada situación -en este caso, las novedades tecnológicas- es
«excesiva, persistente y nada razonable». Desde los años 80, en que el uso
de los ordenadores comenzó a masificarse, los investigadores del
comportamiento humano han prestado especial atención a esta ansiedad, a la
que han bautizado de
diversas maneras.
Una
investigación del
psicólogo Juan Alberto Estalló, de la Universidad de Barcelona, señaló
que al menos un 25% de los usuarios tendría algún nivel de fobia leve a los
ordenadores, mientras que un 5% sufre de una variante más fuerte de esta
anomalía.
En la
década de los 80, en el ámbito de lo empresarial es donde surgieron las
primeras investigaciones y análisis de esta resistencia al cambio
tecnológico. Tal como señala Luis R. Becerra en
Ciberimpactos, a partir de la experiencia de los ejecutivos mayores, es
posible identificar diversas causas que van desde el temor a la ignorancia
personal, hasta el miedo a perder el control.
Aunque con frecuencia pasan inadvertidos, los
efectos de esta ansiedad son simples de reconocer:
·
. Evitar los ordenadores y las áreas donde están
colocados.
·
. Tomar excesivas precauciones al utilizar un
ordenador.
·
. Quejarse frecuentemente contra el ordenador cuando
se está utilizando.
·
.
Intentar reducir al máximo el tiempo de utilización del
ordenador.
¿Cómo revertirla?
Considerando que la mayoría de las veces esta resistencia no tiene carácter
patológico, anularla o revertirla no requiere tampoco de demasiados ni muy
complejos esfuerzos; más bien se trata de favorecer un cambio de actitud
respecto de el o los objetos que provocan la ansiedad.
En otras
palabras, se trata de aprender a mirar los ordenadores (y las nuevas
tecnologías en general) como objetos no amenazantes, sino como herramientas
que pueden facilitar en gran medida muchas de nuestras actividades
cotidianas, permitiéndonos ahorrar esfuerzos, tiempo y dinero y potenciando
a la vez, la creatividad e inventiva.
Desde el
marketing se han desarrollado muchas formas de favorecer una apertura al
cambio tecnológico, como estrategia empresarial para adecuarse a los
mercados. Aprovechando ese conocimiento, recogemos un artículo de
Mercadeo.com
para señalar que ese cambio de actitud suele pasar por cuatro etapas:
identificar objetivos específicos, establecer nuevas relaciones, favorecer
la autoestima e internalizar el cambio. Añade el artículo que esto no se
trata de una fórmula infalible, pues siempre existen implicaciones sociales
-del contexto- que pueden favorecer u obstaculizar este proceso.
Más
concretamente, el
psicólogo
Juan Alberto Estalló apunta que para reducir la ansiedad ante los
ordenadores es bueno ejercitar técnicas simples de
relajación antes de comenzar a utilizarlos y por supuesto, capacitarse,
aprender más sobre su funcionamiento y utilidades, de modo de despejar los
temores ante situaciones desconocidas al que éste nos pueda desafiar.
En
términos conceptuales -y recogiendo los aportes de Joan Pujol publicados en
el
boletín anterior- podemos decir que este cambio de
actitud puede suponer también, el comprender que las tecnologías son parte
constituyente de cada uno, de modo que incorporarlas en el propio quehacer
cotidiano es una forma de crearnos como personas tecnológicas o ciborgs,
en palabras de Pujol.
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