¿Es tan tonta la caja tonta
como se dice y se piensa, o
somos más tontos los
televidentes que nos
quedamos «enganchados» ante
ella? Teniendo en cuenta que
la prensa, la radio, el
cine, la televisión y ahora
también Internet, son hoy
una parte casi esencial de
la cotidianidad del hombre
moderno, comienzan a
aparecer voces críticas en
cuanto a contenidos,
mensajes, finalidades,
ecuación, horarios, etc.
«Telebasura» o «teleporquería»,
son entre otros, los
adjetivos que se vienen
utilizando desde hace ya un
tiempo, para denominar
ciertos canales o ciertos
programas de televisión.
Pero ¿a qué se refieren
estos conceptos? Según las «consideraciones
iniciales» (http://www.audiovisualcat.net/investigacion/telebasura.pdf)
que sirven como documento de
trabajo para unas Jornadas
sobre Telebasura, realizadas
por el
Consejo Audiovisual de
Cataluña (http://www.audiovisualcat.net):
«El concepto de
teleporquería se está
aplicando sobre todo a un
conjunto de modalidades
televisivas y no a un género
específico. Cuando los
Reality Shows, concursos
o programas del corazón que
emiten algunos canales de
televisión merecen el
calificativo de basura, lo
que se está calificando no
es el género en sí, sino la
degradación que se produce
en unos casos y en unas
programaciones
determinadas».
En la página
http://tvblog.blogs.com/tv/2004/06/contradicciones.html,
se afirma que «el abismo que
se abre entre los que hacen
televisión, los que la ven,
y los que la valoran es
enorme»
y añade: «¿Por
qué se critica tanto la
televisión actual?» El
escritor Antonio Sempere
tiene la respuesta: «Por
desconocimiento, la mayoría
de críticos de televisión
ignoran, odian y desprecian
el medio, lo miran por
encima del hombro. Yo, sin
embargo, amo la televisión y
dedico ocho horas diarias a
verla. Fruto de esta pasión
nace
«En
tiempo real: La televisión
al borde de un ataque de
nervios»
(http://www.primeravistalibros.com/fichaLibro.jsp?codigo=1393),
un libro en el que analizo
la situación actual de la
televisión desde sus dos
pilares básicos: los
programas de telerrealidad y
los informativos como
espectáculo. La televisión
va a continuar durante mucho
tiempo con esta dinámica de
programación en tiempo real,
las cadenas han despertado
el voyeur que todos
llevamos dentro, han
inventado un sistema de
televisión en el que crean
sus propios personajes y
viven de ellos. El caso más
claro es el de
Telecinco
(http://www.telecinco.es/),
en España, una cadena en la
que los reality
son la base de su
programación. Si estos
fallan, falla todo».
El politólogo y ensayista
italiano,
Giovanni Sartori,
(http://www.infoamerica.org/teoria/sartori1.htm)
profesor de las
Universidades de Florencia y
Columbia, tiene su propia
tesis sobre los efectos de
la televisión y hace, en su
obra,
Homo Videns
(http://www.lapaginadefinitiva.com/television/biblioteca/sartori1.htm)
una crítica a la sociedad
teledirigida. Realiza un
análisis de la influencia de
la televisión y de la
cibernética en la sociedad
actual. Intenta dar
respuesta a los
interrogantes de futuro que
plantea el nuevo esquema de
comunicación social que se
está configurando
actualmente. Un sistema
dónde predominan los
individuos solitarios, la
comunicación es cada vez
menos personal, la
televisión se convierte en
el vehículo universal de
transmisión de información,
desde los países más
poderosos hacia todo el
planeta, y aparece un nuevo
elemento comunicacional: las
redes de comunicación
cibernéticas. De éstas,
todavía se desconocen las
consecuencias, tanto en la
educación como en la
intercomunicación de las
personas, así como de sus
diferentes utilizaciones. En
su crítica al poder de la
televisión y de la
cibernética, niega las
posibilidades de la
información audiovisual como
fuente de formación. Ésta
anula la posibilidad de
hacer abstracción de los
conceptos aprehendidos y de
configurar nuevas ideas,
postulados y proyectos.
Anula la capacidad de
reflexión del ser humano. La
cultura, por tanto, se
vuelve superficial, con
abundancia de imágenes pero
escaso contenido. La
sociedad, por tanto queda, a
juicio del politólogo, en
manos del poder audiovisual.
Y es que tal y como afirma
Carlos Barrera del
Barrio de la Universidad de
Navarra en su artículo «La
crítica de los reality shows
en la prensa» (http://www.unav.es/cys/vii2/barrera.htm)
«no es verdad que las
televisiones sean unos meros
servidores de los gustos que
el público pide: al público
también se le educa o se le
deforma a través de lo que
la televisión le proporciona
y a lo cual le acostumbra,
de tal modo que le hace
pedir, en expresión asaz
repetida en los actuales
ambientes políticos, "más de
lo mismo". Falta valentía en
una verdadera apuesta por la
calidad, que cultive valores
más dignos del espíritu
humano, y esto puede
conseguirse con simple
profesionalidad y sentido de
responsabilidad social».
El público latinoamericano
también se ha visto
invadido, si no es que
copian los ejemplos a no
seguir de otros lugares
–fruto tal vez de tanta
globalización–, de programas
tales como «Laura en
América», o el «Show de
Cristina» (http://www.cristinaonline.com/).
No basta con preguntarnos
¿qué está pasando? o ¿cómo
hemos llegado a esto? La
solución pasa por detenernos
a observar la realidad y a
pensar el futuro de la
televisión de manera más
crítica y racional.
Ya se han dado
algunos pasos en este
sentido. Leemos por ejemplo
en el boletín de educa.Web,
artículos como el de José
Ignacio Aguaded Gómez,
Profesor de la Universidad
de Huelva y director del
Grupo Comunicar, donde se
pregunta, a la vez que nos
pregunta: ¿Es posible
enseñar a ver la tele?
Utopías y realidades. (http://www.educaWeb.com/EducaNews/interface/asp/Web/
NoticiesMostrar.asp?NoticiaID=159&SeccioID=301).
Y los planteamientos son
relativamente sencillos.
Algunos de ellos:
-
Aprender y enseñar a ver televisión.
-
Que las administraciones tengan una política
global y planificada y que se puedan
concretar en planes integrales de formación
de profesorado, que se fomenten las campañas
institucionales en padres, profesores y
alumnos, que se editen materiales
didácticos, libros con reflexiones y
experiencias, propuestas e investigaciones.
-
Que se fomenten las asociaciones ciudadanas
específicas de televidentes.
-
Que los medios de comunicación social y,
específicamente, las emisoras de televisión
no olviden que son también, sin duda, uno de
los ejes básicos para el fomento de la
educación de los telespectadores.
En suma, es una
responsabilidad social, que, para que tenga
éxito, nos compete a todos. Como señala Pérez
Tornero en su libro «El desafío educativo de la
televisión», «el desafío debe no sólo
transformar la televisión, sino cambiar la
educación (...). No es sólo un desafío ético,
sino un desafío que afecta a nuestra ciudadanía
democrática: para mantener nuestro grado de
civilización y desarrollo y para ampliarlo,
necesitamos que el medio de comunicación
hegemónico en la actualidad, participe de los
valores propios de la civilización, cultive la
inteligencia y apoye el enriquecimiento
cultural».