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HÁBITOS POSITIVOS QUE MARCAN DIFERENCIA

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El desarrollo de prácticas más amigables al interior de las compañías es clave cuando se trata de mejorar el ambiente laboral, reducir el impacto de las crisis y alcanzar mayores niveles de productividad. (Lee también: La psicología positiva y su impacto en la organización).

Para nadie es un secreto que el éxito y la rentabilidad de un negocio dependen 90% de los colaboradores. Poderosa razón para tener al capital humano siempre contento. Una de las tácticas para hacerlo está en garantizar que al interior de los equipos se fomenten hábitos positivos y se erradiquen aquellos que sean tóxicos.

¿La razón? Según Pablo Álamo, coach y Director del Área de Excelencia Humana de la Universidad Sergio Arboleda, un ambiente organizacional negativo daña la reputación de una empresa y su sostenibilidad a lo largo del tiempo. Cuando se extienden prácticas tóxicas, los equipos acaban por desintegrarse. También hay quienes no pueden trabajar en ambientes negativos o si lo hacen, por necesidad, su rendimiento, en términos de creatividad es muy bajo. Los costos de tener empleados desmotivados y la rotación de personal son muy altos.

¿Cómo incentivar, entonces, hábitos positivos en los empleados?

Las prácticas pueden ser muy variadas y dependen de la necesidad y el perfil de los colaboradores. Hay que conocer muy bien sus intereses y motivaciones y generar comportamientos cuyo incentivo sea llenar alguna necesidad importante. La manera más poderosa de crear nuevos hábitos radica en el buen ejemplo de los jefes y nunca premiar directa o indirectamente a empleados con comportamientos o hábitos opuestos a los que estratégicamente se quiere generar. Por supuesto, hay algunas prácticas básicas que nunca deben dejarse de lado y además, han de ser ejemplificadas por el líder y replicadas por los colaboradores, como por ejemplo: el respeto, los buenos modales, el agradecimiento y el manejo de emociones en situaciones de crisis.

¿Cómo corregir los hábitos no tan positivos de los empleados?

Según Álamo, lo primero que hay que preguntarse es:

• ¿Por qué tienen hábitos no tan positivos?
• ¿Ya eran así antes o los aprendieron en la organización?
• ¿Por qué no son positivos? ¿Es porque afectan al negocio, a la ley, a una normativa sectorial o interna o a la misión y a los valores organizacionales?

La única forma de cambiar un hábito “no tan positivo” es transformando la manera de pensar, es decir, aumentando los niveles de conciencia con formación, entrenamiento y coaching. Las estrategias de incentivos, que sin duda no pueden faltar, no son suficientes y tienen una efectividad corta y cada vez más costosa. La mayoría de los gerentes tienen una mirada a corto plazo, no dedican tiempo para hablar con las personas y no tienen una estrategia para potencializar sus fortalezas. Cuando la gente hace lo que sabe; cuando los líderes seleccionan adecuadamente a los empleados que conformarán su equipo, todas las debilidades desaparecen o pierden importancia.

¿Qué papel tiene el líder en este proceso de cambio?

Juega un rol vital. De él depende lo más importante: generar un ambiente de confianza y exigencia. Nadie cambia desde la desconfianza y el mal ejemplo. O, si lo hace, es para llegar a una situación aún más grave, la de la falsedad crónica (vivir una apariencia de virtud) o el escepticismo del “no vale la pena cambiar nada”. El líder tiene que trazar la ruta y recorrer el camino. Pero no solo. A veces se juega todo en acertar quiénes son aptos para recorrerlo. La mentalidad y el nivel de autoridad del líder son clave.

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