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LA CARRERA ESPACIAL

Desde los albores de la humanidad el hombre siempre ha mirado el cielo con una mezcla de admiración y temor. El firmamento era la morada de dioses y espíritus superiores que le recordaba a las personas lo pequeña e insignificante que era su existencia. Hoy en día el cielo está habitado, no con los productos del alma humana como en la antigüedad , sino físicamente, con máquinas que reportan la altitud en la que se mueven e intentando, con su funcionamiento, hacer nuestra vida lo más llevadera y moderna posible.
La mañana del cuatro de octubre de 1957 el mundo recibió una de las noticias más impactantes del siglo XX: por primera vez en la historia de nuestra civilización, la Unión Soviética logró enviar un artefacto al espacio exterior. El nombre del aparato enviado fue Sputnik I y su impacto sobre el desarrollo tecnológico en el resto del siglo XX fue más que importante: se inició la carrera espacial. La entonces Unión Soviética había tomado la delantera a Estados Unidos en la lucha por colocar el primer satélite artificial. Ahora la meta era ver quién llevaba al espacio al primer ser vivo.
Pero, ¿cuándo es que se gesta la creación del primer satélite artificial? y ¿qué ganaban las potencias al poseer el liderazgo en la carrera espacial? Para dar respuesta a estos interrogantes debemos conocer el panorama mundial en la década de los 50 ́s. Luego de más de diez años de finalizada la Segunda Guerra Mundial, existían dos potencias que luchaban por la hegemonía del planeta: Estados Unidos y la Unión Soviética. Se inició entonces la llamada Guerra Fría, una lucha que contenía aspectos políticos, económicos, culturales, deportivos y militares. Precisamente, luego del desarrollo de las bombas atómicas, el poseer un satélite artificial implicaba tener la posibilidad de lanzar mi- siles desde satélites artificiales. El Sputnik I creó en los países occidentales el temor creciente de una guerra nuclear desde el cielo.
Demostrando al mundo su desarrollo tecnológico, los soviéticos enviaron nuevamente al espacio un segundo satélite artificial: el Sputnik II. Fue lanzado el 3 de noviembre de 1957 causando una sorpresa aún mayor y hasta ese instante sin precedentes: llevaba a bordo un ser vivo: una perra llamada Laika. La respuesta de Estados Unidos no tardó en manifestarse y como el Departamento de Defensa americano anunció la aprobación del proyecto Explorer I, el cual fue lanzado con éxito al espacio tres meses después del envío del Sputnik I, proyecto que ocasionó, de manera indirecta, la creación de la Administración Nacional Aeronáutica y Espacial (NASA), así como de otros departamentos y oficinas especiales para el desarrollo espacial.
En cuanto a Colombia, aunque tenemos problemas sociales y conflictos internos que no nos han permitido explorar nuestro potencial científico, hemos avanzado en el campo satelital. Además, tenemos un recurso humano capaz de emprender proyectos de alta tecnología e investigación. Prueba de ello es Libertad 1.
En los últimos dos años y ante la necesidad de Colombia por resolver múltiples problemas que involucran el uso y la aplicación de tecnología aeroespacial, por iniciativa del Observatorio Astronómico de la Universidad Sergio Arboleda y en conjunto con su Escuela de Ingeniería, se propuso realizar un trabajo de investigación y de desarrollo tecnológico en este campo. De esta forma, el proyecto se constituyó en un primer paso para acceder a estos conocimientos, poniendo al alcance de estudiantes, docentes e investigadores, los últimos avances en el desarrollo de cubo satélites.
A inicios de 2001, el ingeniero colombiano César Ocampo, quien mantenía vínculos con la NASA, vino a Colombia a presentar la idea de construir un picosatélite, idea que nadie tomó en cuenta. Fue solo hasta finales de 2004 que se reunieron César Ocampo, Raúl Joya y Álvaro Leyva para presentar el proyecto al rector de la Universidad Sergio Arboleda, y de inmediato se dio formalmente inicio a la realización del Libertad 1, en febrero de 2005.
Este satélite, que se inició con un carácter pedagógico, pasó a ser un proyecto de investigación formativa y desencadenó retos tecnológicos y científicos que fueron asumidos por diversas instituciones y que se encuentran en distinto nivel de avance. Con su montaje y ensamble se dejó lista en Colombia una infraestructura para explorar más en el campo aeroespacial. El picosatélite implica el entrenar personal y toda una generación de ingenieros que van a poder surtir el mercado de desarrollo de satélites.
Libertad 1 es una chispa que va a iniciar una gran fogata tecnológica, científica, astronómica y satelital para el bien de nuestro país. Este satélite inicia el programa espacial en Colombia con algo realmente muy sencillo y tendrá una reacción de bola de nieve: crecerá, crecerá y crecerá, y entonces, podremos involucrar a más personas para hacer mejores y más grandes cosas.

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